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Portada:: Reflexión en libertad:: Pedro Luis Llera Vázquez:: El problema de la financiación del Sistema Educativo

     




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El problema de la financiación del Sistema Educativo

Wed, 11 Apr 2012 06:59:00

Mis padres emigraron a Holanda a mediados de los años 60 y allí trabajaron muy duro durante muchos años, hasta que la añoranza de la tierra y de la familia les hicieron regresar a España. Ellos no pudieron estudiar en aquellos duros años de la posguerra civil, pero tenían algo claro: sólo el esfuerzo y la mejor educación pueden permitirte mejorar la calidad de vida. Por eso, con ocho años me matricularon en el mejor colegio privado de Gijón. Por aquel entonces, suponía un esfuerzo enorme afrontar las mensualidades de aquel colegio, pero mis padres sabían perfectamente que merecía la pena, porque la educación siempre ha sido, es y será el mejor camino para la promoción social

Todo este preámbulo viene a cuento de la importancia de una educación de calidad. Lo de menos es que esa educación sea pública o privada. Lo importante es que la educación sea buena.

Desde presupuestos ideológicos de izquierda, se insiste una y otra vez en la importancia de una educación pública de calidad. Y eso no lo cuestiono. Lo que sí cuestiono es la ideología: la izquierda – supongo que por eso de la economía planificada, los planes quinquenales y todo lo que condujo al colapso de la economía de los países comunistas – pretende monopolizar el sector educativo, imponiendo un modelo único de enseñanza estatal, que les permite convertir la escuela en una especie de laboratorio de ingeniería social para manipular a su gusto las conciencias de los más vulnerables: los niños y los jóvenes. Ejemplo perfecto es la actual ley de educación – la LOE – y sus asignaturas de adoctrinamiento en vena como la “Educación para la Ciudadanía” o la no menos perniciosa “Ciencias para el Mundo Contemporáneo”.

La Educación, los Medios de Comunicación y la “Cultura” (cine, teatro, música, artes plásticas) son las tres patas del sistema de agitación, propaganda y adoctrinamiento ideológico que la izquierda neomarxista han tomado al asalto para perpetuarse en el poder y transformar la sociedad según sus principios ideológicos. Y de paso, son los medios perfectos para laminar a sus “enemigos”, a quienes se oponen a su proyecto totalitario y deshumanizador, especialmente a la Iglesia Católica. Por eso, tanto los partidos como los sindicatos de izquierda se empeñan en acabar con los centros educativos de la Iglesia y en imponer una escuela pública obligatoria para todos: y si no pueden acabar con esas escuelas, las controlan con el pernicioso sistema de financiación que suponen los “conciertos”. Los conciertos educativos no son sino otra manera de maniatar y controlar por la vía de la financiación a los colegios regidos por instituciones católicas. La izquierda odia la libertad, no soporta que alguien quiera pensar por sí mismo: es su naturaleza y no se puede esperar otra cosa de ellos. El proyecto político de la izquierda pasa por un Estado Omnipotente que lo controle todo: lo que pensamos, lo que comemos o dejamos de comer; si fumamos o dejamos de fumar; si comemos golosinas y engordamos o si comemos verduras y frutas suficientes. El Estado sustituye a Dios y se convierte en una “providencia”, que nos cura cuando enfermamos, nos educa a los hijos, nos asegura un subsidio y una jubilación. El Estado del Bienestar es un monstruo que nos promete la felicidad a costa de esclavizarnos e imponernos sus condiciones. El bien y el mal lo dictaminan ellos por vía legal. No hay más moral que la que impone un Estado Ídolo, al que hay que adorar y rendir tributo y pleitesía. La ciudadanía que nos prometen se parece bastante a la esclavitud del siervo.

Yo quiero pensar lo que me dé la gana, comer lo que me parezca, vestir como me plazca y fumar si me sale de las narices. Y el Estado no es nadie para tomar decisiones por mí. Y no admito más mandamientos que los de la Ley de Dios. Me niego a que a mis hijos los adoctrine el Gran Wyoming o la familia Bardem o los cantantes de la “zeja”. La única causa por la que merece la pena seguir luchando es la de la libertad individual frente a un Estado que amenaza con devorar a sus hijos, como Saturno, pero, eso sí: por su bienestar.

No es que abogue por la desaparición del Estado, no. Pero defiendo el papel subsidiario del Estado frente a la sociedad. El Estado debe llegar allí donde la sociedad por sí sola no puede cubrir determinadas necesidades. Pero el Estado no debe en ningún caso suplantar al individuo, a la familia y a la sociedad. Efectivamente, el Estado debe garantizar que cualquier español tenga garantizada la educación, la sanidad y su seguridad. El Estado debe garantizar una jubilación justa y unos subsidios de desempleo que no dejen al ciudadano en la miseria cuando pierda su trabajo. El Estado debe administrar los recursos que recibe de nuestros impuestos para tratar de redistribuir la riqueza y procurar una sociedad más justa. Yo no digo que haya que dejar a las personas al albur del mercado ni a merced de un capitalismo salvaje que se parece mucho a la ley de la selva donde solo unos pocos sobreviven según las leyes del darwinismo social. No es eso. Es evidente que en una pequeña aldea de Asturias, la iniciativa social no puede asegurarse asistencia médica ni una escuela digna. Y ahí es donde las Administraciones deben echar el resto para que todos los ciudadanos, vivan donde vivan, tengan acceso a servicios dignos y de calidad.

Ahora bien: una cosa es garantizar determinados servicios para todos y otra muy distinta es el modo de administrar esos servicios. ¿Quién ha dicho que la burocracia y los funcionarios gestionan mejor un colegio, un hospital o un centro de salud que la gestión privada de esos mismos recursos? Más bien es al contrario: la gestión privada de los servicios públicos ha demostrado mayor calidad, mejor atención al cliente y menor gasto.

Volvamos a la educación. Suecia, ejemplo de Estado del Bienestar, se dio cuenta de que el modelo de educación pública era inviable económicamente. Lo importante era que la educación siguiera siendo gratuita y de calidad. ¿Qué decisión tomaron? El cheque escolar. Cada contribuyente recibe un cheque por el importe de la educación de sus hijos y lo lleva al colegio, público o privado, que más le guste o que mejor responda a sus expectativas o a sus principios. ¿Se atreverían a tomar una decisión semejante nuestros políticos? No. Unos, la izquierda, porque va contra su proyecto ideológico; otros, la derecha, por cobardía, falta de principios, complejo de inferioridad y porque, igual que la izquierda, tienen horror a la libertad individual y son, en el fondo, igual de intervencionistas que los otros. La única esperanza es que tengan que hacer de necesidad virtud y que, ante el colapso de las cuentas públicas y la amenaza de suspensión de pagos y de banca rota no les quede otro remedio que optar por una solución semejante a la sueca. De lo contrario se “harán los suecos” y todo seguirá igual. En el fondo, la calidad de la enseñanza les importa un bledo.

La única manera de garantizar la libertad de educación y la independencia de los colegios para poder educar conforme a su ideario es el cheque escolar. Así cada familia podría escolarizar a sus hijos en el centro de enseñanza que considerara mejor y más acorde a sus principios religiosos o ideológicos, con independencia de su mayor o menor poder adquisitivo o su nivel de renta. Eso sí que garantizaría la igualdad de todos los españoles de poder acceder a los mejores colegios sin que el dinero supusiera una cortapisa.

El cheque escolar, además de optimizar los recursos económicos del Estado destinados a educación y ahorrar costes – la educación pública resulta carísima e ineficiente -, mejoraría la calidad de la enseñanza española. ¿Es malo que los colegios compitan entre sí por ser los mejores y atraer al mayor número de alumnos? En absoluto. La sana competencia entre colegios contribuiría a mejorar sustancialmente la calidad de la educación en España. El cheque escolar obligaría a los colegios a mejorar la calidad de la enseñanza que ofrecen si quieren seguir teniendo alumnos. Y quienes no ofrezcan una buena calidad de enseñanza, que cierren.

Y además del cheque escolar, el sistema educativo español necesita una reforma en profundidad. Yo propongo dos medidas que, a mi parecer, resultarían necesarias: reforzar la autonomía de los centros para que cada colegio pueda diseñar con libertad su propio plan de estudios, dentro de unos parámetros razonables; y el establecimiento de pruebas objetivas y externas que verifiquen el nivel de los alumnos al final de cada etapa y que garantice una preparación adecuada para acceder a estudios posteriores.

Lo que los españoles deberíamos reclamar es una educación gratuita de calidad: no necesariamente pública. Y entendamos por “gratuita” aquella educación que sea accesible a cualquier español, independientemente de su renta. Lo justos sería que cualquier niño y joven pudiera acceder a los mejores colegios y universidades, independientemente de la capacidad económica de sus padres, sin otra condición que su mérito y capacidad. Eso sería lo verdaderamente justo y equitativo.


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