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Portada:: Reflexión en libertad:: Pedro Luis Llera Vázquez:: Con la Cruz por bandera

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CAMINEO.INFO.-

Con la Cruz por bandera

 
Sat, 05 Dec 2009 15:00:00

CAMINEO.INFO.-   El Congreso ha aprobado una proposición no de ley en la que se insta al Gobierno a aplicar en todos los centros escolares la jurisprudencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo que asegura que los crucifijos en las aulas son "una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones" y de "la libertad de religión de los alumnos". Recojo la noticia de hoy, miércoles 2 de diciembre, en la página Web de la COPE.

El empeño de Europa por romper con sus raíces cristianas resulta, cuando menos, preocupante. Porque la mejor manera de acabar secando un árbol es cortar sus raíces. Europa se está condenando a desaparecer. Europa nace en la Edad Media con el Imperio Carolingio y con el Reino de Asturias, por el empeño de nuestros antepasados por defender la cruz y oponerse al Islam, que amenazaba con expandirse desde la Península Ibérica a todo el continente europeo: la Cruz frente a la Media Luna. Si ahora renunciamos a la cruz, estaremos condenándonos a desaparecer. El Islam acabará invadiéndonos y no encontrará resistencia en la Vieja Europa. Vamos camino de constituir la república islámica europea o de que los islamistas alcancen su propósito declarado de conseguir un califato islámico mundial.

Yo soy asturiano: ¿Van a intentar quitarnos la Cruz de la Victoria de nuestra bandera? ¿Nos condenará Estrasburgo? La fiesta del Día de Asturias se hizo coincidir con el Día de la Santina de Covadonga. Y no fue por casualidad. La Cruz y la devoción por la Santísima Virgen María constituyen la raíz más profunda del ser de Asturias. Ni siquiera los efectos devastadores de la secularización marxista han sido capaces de arrebatarnos la Cruz de la bandera ni la devoción y el amor por la Virgen. Nadie se ha atrevido hasta ahora ni siquiera a intentar cuestionar la Cruz ni mucho menos a la Santina. A lo más que ha llegado la extrema izquierda ha sido añadirle la estrellita roja en una esquina de la bandera: pero la cruz, ni tocarla. Porque nuestra identidad como pueblo va indisolublemente ligada a la cruz. Asturias representó la defensa a ultranza del cristianismo frente al imperialismo musulmán. Política, religión y patriotismo unidos en una misma realidad histórica. Eso es Asturias y eso es Europa. Si un día desaparece la Cruz de la Victoria de nuestra bandera, desaparecerá Asturias (y si desaparece de Europa, Europa dejará de ser Europa). Sólo la barbarie comunista del 34 se atrevió a dinamitar la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo. Hoy hasta los comunistas defienden la conservación de los monumentos únicos del Arte Asturiano: pequeñas iglesias que el Reino de Asturias construyó y que ahí siguen recordándonos cuáles son nuestras raíces.

Yo nací en una pequeña aldea del Concejo de Colunga. Allí, desde hace más de mil años, se levanta la Iglesia de Santiago de Gobiendes. Allí me bautizaron, allí hice la primera comunión y allí me casé. A los pies de la Sierra del Sueve, a la sombra de la cruz de Pienzu y frente al Cantábrico. Cada vez que visito mi casa y voy a la Iglesia, no puedo evitar pensar en los antepasados que, en plena dominación musulmana, se levantaron en armas para defender la Cruz. Aquellos hombres construyeron con sus manos aquella pequeña iglesia, monumento nacional, que ahí sigue en pie a pesar de los destrozos del paso del tiempo y de las sucesivas restauraciones. Allí están mis raíces y siempre acabo volviendo y espero que algún día pueda quedarme a reposar para siempre junto a quienes me precedieron: allí descansan mis abuelos, mis tíos, mis vecinos y muchos de mis amigos.

Asturias es un ejemplo a seguir. Allí donde hay un acontecimiento social o deportivo relevante, verán ustedes por televisión una bandera de Asturias con su Cruz. Allí donde vive un asturiano, habrá una imagen de la Virgen de Covadonga, que nos protege y nos cuida por lejos que estemos. Se ven más banderas de Asturias que Ikurriñas o senyeras catalanas. Y eso que somos poco más de un millón de asturianos: menos habitantes que algunos barrios de Madrid. Ningún pueblo se siente más orgulloso de su historia y de su cultura que el asturiano. Y sin embargo, el nacionalismo es una ideología residual en Asturias. Y eso es así porque nosotros no confundimos patriotismo con nacionalismo. El asturiano lleva el catolicismo en sus genes: somos universales, abiertos al mundo. No nos sentimos menos que nadie ni más tampoco. No hacemos bandera de nuestra lengua porque para nosotros el idioma es un instrumento de comunicación y nos gusta entendernos con los demás. Nos encanta hablar asturiano, pero no tenemos el menor problema por hablar castellano lo mejor que cada uno puede o por chapurrear inglés o lo que sea para entendernos con cualquiera. Mientra algunos convierten la lengua en un problema y en una barrera para separarse de los demás, nosotros creemos que lo más importante es entendernos con nuestros semejantes y acogerlos lo mejor que podemos. Mientras algunos idiotas piden traductor al catalán para entender a una delegación nicaragüense, a nosotros nos encanta recibir con los brazos abiertos a nuestros hermanos hispanoamericanos, porque hay asturianos repartidos por todo el mundo. Amor a la Patria ("Asturias Patria Querida" es nuestro himno) y apertura a lo universal. Esos son los ingredientes que hacen que los asturianos seamos aceptados y queridos por todos. Para nosotros nunca ha supuesto problema alguno sentirnos asturianos al mismo tiempo que españoles y europeos. Se puede ser patriota sin ser faltón, sin creerse superior, sin racismos ni separatismos. Habrá que recordarles a algunos que Galicia era la frontera occidental del Reino de Asturias en los siglos VIII y IX y que Vizcaya y Álava, los territorios de los Vascones, eran nuestra frontera oriental; que Fruela se casó con la alavesa Munia y que su hijo, el rey de Alfonso II el Casto, es quien construye la primera iglesia en Compostela y el primer peregrino al sepulcro del Apóstol Santiago. Y ahora vienen a hablarnos a nosotros de la nación gallega o de Euskal Herria. El nacionalismo hace bandera de la diferencia, separa y divide. Nosotros, los asturianos hacemos bandera de la cruz (ojo: tengamos fe o no) y eso nos permite sentirnos hermanos de todos sin que ello suponga merma alguna en nuestra identidad. El catolicismo, entendido como apertura a lo universal, y el nacionalismo se dan de patadas: que se lo digan al obispo Munilla...

Defender la Cruz es defender una manera de entender la vida y de entender al propio ser humana. Defender la Cruz es defender la libertad, es defender la dignidad de la persona y los derechos humanos; es defender la fraternidad y el valor de la responsabilidad y del sacrificio por los demás y por los propios principios. Defender la cruz es defender lo que llevó a nuestros antepasados a dar su vida para dejarnos como herencia nuestra civilización. La civilización de Platón, de Aristóteles, de Agustín de Hipona, de Tomás de Aquino, de Shakespeare o de Cervantes. Una civilización, la occidental, que hoy un puñado de descerebrados pretenden destruir en nombre de la multiculturalidad o de extrañas alianzas de civilizaciones. Nosotros jamás podremos admitir ni pactar con la ley islámica que lapida a las mujeres adúlteras, les impone la sumisión y el burka o cuelga a los homosexuales. No podemos pactar con quienes niegan las libertades individuales e imponen teocracias enemigas declaradas de nuestra cultura, nuestra civilización y nuestra religión. Con Ben Laden y los fanáticos islamistas no hay nada que pactar.Civilización o barbarie.

Y si ahora el Tribunal de Estrasburgo o los progresistas de la nada quieren acabar con la cruz, nosotros tenemos la obligación de defenderla. Mis antepasados derramaron su sangre por ella. Ahora a los progresistas posmodernos les molesta la cruz en las escuelas. Separar a Europa de su alma cristiana es matarla. A ver si hay lo que hay que tener para mandarnos quitar la cruz de la bandera de Asturias o a la Santina de su Santuario de Covadonga. ¿A que no lo hay? Venga, Zapatero: inténtalo... Que vengan los de Estrasburgo a quitarnos la Cruz… ¿A que no se atreven? No lo harán porque estos que quieren quitar la Cruz no son paisanos (en su significado asturiano). Nosotros los llamamos babayos; y lo que predican no son más que babayaes.






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