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La Eucaristía. Praxis neocatecumenal y normativa eclesial.

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Rodrigo Andrés Ávila
20-07-2007

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(CAMINEO.INFO)-   La Eucaristía. Praxis
neocatecumenal y normativa eclesial.

Planteamiento del problema.

El veintinueve de junio de este año se cumplen cinco años desde que en la celebración de san Pedro y Pablo se promulgara en forma “ad experimentum” los estatutos del Camino neocatecumenal, expira así el plazo que dará paso a una forma definitiva en lo que respecta a su personalidad jurídica. Durante la búsqueda definitiva de esta personalidad acaeció un hecho que trastoco uno de los elementos mas representativos del neocatecumenado, con fecha del 1 de diciembre del 2005 y por expresa decisión del Papa, en nombre del Cardenal Francis Arinze, La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos envió una misiva a los iniciadores del Camino, en la que se les indica cambios que deben ser llevados a cabo en la forma que hasta ahora han mantenido las comunidades neocatecumenales en la celebración eucarística.

Las particularidades litúrgicas a las que la carta hace alusión y que deben ser cambiadas constan de interpolaciones, cambios y hasta omisiones en ciertos ritos; estos cambios afectan no solo el aspecto celebrativo, sino que además aspectos mucho mas materiales en la llamada “Nueva estética” de sus templos.

Es de no pequeño valor para una comprensión de lo que hemos indicado echar un vistazo al siguiente cuadro comparativo[1]:

La celebración eucarística en el CaminoNeocatecumenal.

Ordo Missae Romano.

Celebración Neocatecumenal.

Monición inicial.

Monición ambiental.

Canto procesional de entrada.

Canto procesional de entrada.

Acto penitencial (tres formas)

Forma simplificada del acto penitencial o aspersión.

Kyrie.

Se suprime siempre.

Gloria.

Se suprime con frecuencia, si no se canta.

Colecta.

Colecta.

Lecturas

Lecturas con moniciones previas.

Evangelio.

Evangelio y al final se bendice al pueblo con él.

No hay.

Ecos festivos de la palabra.

Homilía exhortación.

Homilía exhortación, desde la sede y sentado.

Silencio.

Se suprime el silencio.

Recitación del Credo.

Se suprime el Credo hasta antes de la Traditio.

Oración universal.

Oración universal.

No hay.

Oración con intenciones individuales.

Se hace después.

Rito de la paz (ósculo) antes de presentarse al altar.

Presentación de las ofrendas.

Presentación de ofrendas en voz baja o solo el gesto.

Lavabo.

Se suprime.

Orate frates (Orad hermanos).

Se suprime.

Oración sobre las ofrendas.

Se realiza de pie, pero desde la sede.

Plegaria eucarística.

Plegaria eucarística cantada.

Narratio institutionis.

Normalmente se canta y se cambian las palabras accidentales en este caso.

Padre nuestro.

Padre nuestro.

Plegaria por la paz y saludo de la paz.

Plegaria por la paz, si no se ha hecho antes.

Fracción del pan

Fracción del pan con elevación.

Comunión en procesión para recibirla.

Comunión desde el asiento.

El cuerpo lo comulgan todos juntos y en la mano.

La sangre primero el presbítero y luego los concelebrantes y ministros, luego el resto de la asamblea.

Acción de gracias en silencio.

Se suprime.

Oración de poscomunión.

Oración de poscomunión.

Bendición final y despedida.

Bendición final y despedida.

No hay.

Danza en torno al altar.

Como se puede observar, la cantidad de diferencias es no menor, por no hablar de la gravedad de estas particularidades. Se han omitido partes de importancia para una comprensión cabal del significado de la Eucaristía, se han cambiado algunos gestos, vaciándolos así de su significado original; se ha llegado así a una celebración de un bajo sentido eclesial, las normas que mantienen unificada la celebración de todas las comunidades e iglesias particulares son aquí sin valor alguno, pues en contra de ellas se ha quitado, cambiado y añadido en forma arbitraria.

La celebración eucarística en las comunidades neocatecumenales es de vital importancia, de hecho el proceso gira en torno al misterio pascual celebrado cada semana, de ahí que exista desde siempre una gran preocupación por entregar a los candidatos el significado original y verdadero de la celebración, lamentablemente y como la iglesia ha querido señalar con esta carta a la que hemos hecho mención, el camino y formas elegidas a pesar de su intención no son las adecuadas.

No podemos negar eso si que la intención en principio es buena, se ha buscado bajo la inspiración del Concilio Vaticano II una renovación de los ritos que forman parte de la celebración, pero también debemos señalar que a pesar de su intención original se derivo hacia celebraciones que si bien han enriquecido la praxis en algunos aspectos, han menoscabado su valor en otros. Hemos de señalar que en forma independiente de los resultados, efectivamente estos cambios se inscriben en la ordenación conciliar:

Los ritos deben resplandecer con una noble sencillez; deben ser breves, claros, evitando las repeticiones inútiles; adaptados a la capacidad de los fieles, y , en general, no deben tener necesidad de muchas explicaciones.[2]

Lamentablemente estas pistas entregadas por el Concilio no fueron en su momento bien comprendidas por algunos sectores, creyendo que competía a particulares llevar a cabo esta obra, no podemos negar que si se busco realizar su propósito, el hecho de haberse tomado atribuciones que no corresponden con el verdadero sentido que el Concilio le dio, le quita toda validez.

Creo que en este grupo se inscriben las reformas al rito romano realizadas en le Camino neocatecumenal, como ya hemos indicado no ha habido mala intención, antes al contrario creo que el error radica en haber aplicado el texto conciliar en forma extremista hasta realizar ritos que no reflejan la intención original de las mentadas directrices.

Una premisa errada lleva en forma inevitable a resultados del mismo tipo, pues bien una de esas fue la convicción de un sector de que los ritos en su origen son siempre funcionales y que las aportaciones que la experiencia y el tiempo pueden hacer a un determinado rito por el hecho de no pertenecerle originalmente es erróneo y carece de valor, olvidan así dos puntos: el valor simbólico de los ritos, que su utilidad en principio no niega su valor en este aspecto; sobre lo segundo no hay que olvidar el soplo del Espíritu sobre la Iglesia, y que su acción esta presente en los aportes que concilios y pontífices hacen a la liturgia. No es difícil ver esta posición en las reformas que el neocatecumenado ha realizado en el rito romano. La Eucaristía tal como se celebra en el camino se ve afectada por cambios de diversa índole, que no son plenamente apropiados

Buscar mas allá del propósito de estos cambios, razones para su origen, es mirar otro aspecto de la visión que el camino tiene del concilio: se pretende llevar a cabo el llamado conciliar, pero haciendo caso omiso de otros llamados del mismo:

Por lo mismo, que nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia.[3]

Esta directriz que vale no solo para la celebración eucarística sino para cualquier rito católico tiene como objetivo evitar la degeneración de los ritos, esta norma ha de valer para cualquier reforma que se haga, compete a la Sede Apostólica o quien se le equipare en derecho realizar estos cambios. Si observamos a la luz de la cita precedente las formas celebrativas dadas en el neocatecumenado es inevitable cuestionar la validez de los cambios introducidos, que particularmente a excepción de la primera no ha sido observada en el camino, fuera de hacer caso omiso al espíritu del articulo mismo, cabe preguntar ¿por qué entonces no se ha prohibido con urgencia en la carta?: prudencia. La misma que ha faltado al introducir estos cambios; sin pretender hacer acusación de ningún tipo, existen sectores (minoritarios) que obedecen a Kiko antes que al Papa, y ven en estas particularidades un sello de distinción al que no aceptarían renunciar.

Sobre este último aspecto es indicativo lo que la carta de la Congregación para el Culto dice sobre las particularidades celebrativas, en su derivación hacia celebraciones de índole casi particular, en este punto es interesante observar y apreciar lo que el concilio dice al respecto:

Las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es “sacramento de unidad”, es decir, pueblo santo congregado y ordenado bajo la dirección de los Obispos.[4]

Siempre que los ritos, cada cual según su naturaleza propia, admitan una celebración comunitaria, con asistencia y participación activa de los fieles, incúlquese que hay que preferirla, en cuanto sea posible, a una celebración individual y casi privada.

Esto vale sobre todo para la celebración de la Misa, quedando siempre a salvo la naturaleza publica y social de toda Misa, y para administración de los sacramentos.[5]

Todas las particularidades que han llevado a una diferenciación entre lo que podríamos denominar “Ordo Missae neocatecumenal” y el rito romano han llevado a una celebración con tintes particulares , cerrándose al resto de la comunidad eclesial, casi celebrando para y por si mismos.

Una verdadera celebración de la Eucaristía es aquella que la comunidad celebra en nombre del Señor y de la Iglesia, no en nombre propio. Una correcta forma celebrativa es aquella que se realiza en nombre de todos y para todos, la comunidad en el desarrollo de esta celebración ha de evitar todo elitismo, hacer alguna distinción entre la celebración de la Iglesia y la que hace la propia comunidad niega la verdadera naturaleza de la Eucaristía y de la celebración eclesial.

A tenor de todo esto que hemos dicho y antes de presentar nuestra posición al respecto es que debemos recordar que “la Eucaristía es fuente de la unidad eclesial y, a la vez, su máxima manifestación. La Eucaristía es epifanía de comunión. Por ello la Iglesia establece ciertas condiciones para poder participar de manera plena en la Celebración eucarística”[6]. En vista de esto es que solo el cumplimiento de estas normas con verdadero espíritu de obediencia a la Iglesia de Cristo pueden remediar lo sucedido.

Como ya he indicado, la celebración de la Eucaristía, aun cuando se realice en una comunidad especifica, no es propiedad de la misma, ni la celebración solo suya, en este sentido creo oportuno señalar las siguientes palabras al respecto:

Una comunidad realmente eucarística no puede encerrarse en si misma, como si fuera autosuficiente, sino que ha de mantenerse en sintonía con todas las demás comunidades católicas.[7]

Para entrar en la sintonía a la que las palabras precedentes aluden, el gesto mas sensible y visible al que podemos echar mano es la forma celebrativa tan propia del camino, ponerla en sintonía con las exigencias de la Iglesia es un paso de valor inestimable para una verdadera comunión con el Cuerpo místico de Cristo.

El presente trabajo que no pretende ser definitivo como así tampoco mostrar una practica en ese sentido, ni señalar estos resultados como una norma a seguir, solo ofrece pistas para encontrar una entrada a la postura neocatecumenal en las orientaciones de la Santa Sede al respecto.

Para lograr encontrar una vía hacia la liturgia de la Iglesia en un espíritu de comunión es necesario orientarse en esta búsqueda por las pistas que entrega el Catecismo de la Iglesia Católica y responder a las interrogantes que este propone: ¿Quién celebra?, ¿Cómo celebrar?, ¿Cuándo a celebrar? Y ¿Dónde celebrar? Las conclusiones en respuesta a estas preguntas marcan el camino que seguiremos.

No es mi pretensión que las indicaciones que hago en este trabajo sean las que el camino debe seguir, pero pretendo aportar mi grano de arena a la vez que hago mío (perdón por la soberbia) el llamado que la iglesia nos ha hecho. Por amor a ella y su liturgia, teniendo en mente no solo el contenido de la misiva, sino la invitación paternal que hace tanto se nos hiciera:

Celebrad la eucaristía (sic) y, sobre todo la pascua con autentica piedad, gran dignidad, amor a las ceremonias litúrgicas de la Iglesia, observancia estricta de las normas establecidas por la autoridad competente y voluntad de comunión con todos los hermanos.[8]

Estas sabias palabras nos señalan las tres pistas fundamentales en que se deben asentar cualquier búsqueda de una celebración plena: amor a la liturgia, que conlleva en forma inherente al cumplimiento de la normativa que lleva hacia un verdadero espíritu de comunión con la gran comunidad eclesial. Sobre estas base se mueve este escrito, espero poder llevar a cabo semejante tarea sin perder de vista el triple sentido que hemos mencionado, solo me queda pedir que Dios me conceda esta gracia.



[1] Este cuadro con muy pocos cambios se puede encontrar en el trabajo Pedro Fernández aparecido en la revista Phase titulado: “La celebración de la Eucaristía en el Camino neocatecumenal.” En el me inspirado para este cuadro comparativo. Citare cuando sea necesario el mentado trabajo.

[2] Concilio Vaticano II. Sacrosanctum Concilium, 34.

[3] Concilio Vaticano II. Sacrosanctum Concilium, 22.

[4] Ibidem, 26.

[5] Ibidem, 27.

[6] Juan Pablo II. Mane nobiscum Domine, 21.

[7] Juan Pablo II. Ecclesia de Eucharistia, 39.

[8] Juan Pablo II. Audiencia especial a los Obispos y párrocos participantes en el congreso sobre “penitencia y reconciliación” promovido por las comunidades neocatecumenales, Roma, 10 de febrero de 1983. El Camino neocatecumenal según Pablo VI y Juan Pablo II, pp. 187.

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praxis - 27-07-2007
BUENO CREO Q ESTE TEMA LO TRATARAN LAS AUTORIDADES ECLECIALES
POR ESO ESPEREMOS,SI LOS DEL CAMINO SOMOS SOBERBIOS TIENES RAZON
Y PERDONANOS POR ESO,HAY MOMENTYOS Q EL HOMBRE VIEJO QUIERE SALIR
A DEFENDERSE PERO HOY EL SEÑOR NOS LLAMA A LA OBEDIENCIA Y COMO ESO NOS LO ENSEÑO ELLA MISMA REZAREMOS PARA QUE NOS AYUDE HACERLO.
LA PAZ CON TODOS LOS Q LEAN ESTE ARTICULO.
daniel
fieritagym@hotmail.com


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Praxis neoxatecumenal - 25-07-2007
Por lo que alcanza a ver en el artículo sobre la praxis litúrgica neocatecumenal quien lo escribió no se hay tomado la molestia de estar en una misa de las comunidades neocatecumenales. Muchas de las cosas que afirma en su escrito no corresponden a la realidad. Por otra parte, como se ha dicho ya antes en este mismo espacio, las comunidades obedecerán con gusto y fidelidad lo que la autoridad de la Iglesia determine para el caso.
Dios bendiga al autor, por sus buenas intenciones.
Javier Algara Cossío
jac_dippan@hotmail.com


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El autor opina. - 25-07-2007
No es lo común que alguien comente su propio articulo, demás esta decir que seria hasta anti-ético, pero creo necesario hacer una breve excepción a esto.
Las críticas han sido muchas y variadas, las acepto todas, creo que a pesar de la dureza de algunas son posturas que deben ser respetadas. Ahora bien, lo que me preocupa es que parece que los que han lanzado los dardos contra mi no han leído todo el articulo, al final de las notas se encuentran los enlaces a los diversos apartados. Mi trabajo es mucho mas largo que los que se ve en la pagina que contiene el esquema que tantas ronchas ha sacado, de hecho, escrito en Word, en letra once, bordeo las cuarenta paginas. Me gustaría que hubieran leído todo el articulo y opinar de el en su globalidad; si hablo de la historia de la liturgia y hago defensa de muchas praxis del Camino, pero parece que quienes han criticado este trabajo no se dieron cuenta de esto o no lo han leído en su totalidad.
Mi intención jamás ha sido levantar
Rodrigo Avila Avila
Rodrigo Avila Avila@email.com


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La Eucaristía - 24-07-2007
Llevo 34 años en el Camino Neocatecumenal y uno de los principios que me han inculcado es el amor y la obediencia a la Iglesia en la figura del Papa y los Obispos, en especial el de mi Diócesis y pienso seguir así con la ayuda del Señor. El Camino es un instrumento mas de la Iglesia para encontrarse con el Señor y si hay que cambiar algo, sea la liturgia de la Eucaristía, se cambia y no pasa nada, pero me lo tiene que decir qien tenga autoridad. Acepto todo lo que dice; posiblemente, yo mismo, diría más si no conociera y viviera el Camino. Hay que tener en cuenta la función catequética dentro de la Eucaristía.
jopafab
jopafab@tele2.es


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No tengais miedo - 24-07-2007
Estube leyendo la carta de Monseñor Arinze y la contestación de Genarinni para contestar a Rodrigo A. Avila, pero después de pensarlo mucho, no voy a entrar en discusión.
Solo decir que doctores tiene la Santa Iglesia y el señor Rodrigo A. Avila no es uno de ellos. La liturgia ha sufrido muchos cambios a través de la historia, la Iglesia no se asusta como algunos fariseos metidos a críticos y el Camino Neocatecumenal tampoco se asusta.
Obedeceremos a la Iglesia, como siempre hemos hecho, porque somos Iglesia, no "la iglesia neocatecumenal" como otros piensan. Cuando llegue el tiempo oportuno porque todo lo que hacemos lo hacemos con permiso de los obispos, y del Papa.
Como decía Juan Pablo II "no tengais miedo", el que obedece no se equivoca. En el Camino amamos a la Iglesia y al Santo Padre muchísimo, y muchos entregan su vida y la de sus hijos por amor a Dios y a su Iglesia.
Pepe
paz@hotmail.com


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