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(CAMINEO.INFO) - Sor Matilde de Jesus

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Sor Matilde colgó su fusil

29-07-2007

JESÚS BASTANTE - «Nunca he estado tan segura de querer hacer algo, aunque también sé de antemano que me va a costar muchísimo». Quien así habla es Matilde de Luis, desde hace unos meses sor Matilde de Jesucristo, una aspirante a religiosa en la clausura del convento que las Clarisas (Franciscanas Descalzas) tienen en Salamanca. Que una joven de 27 años opte por la vida en clausura, lejos de la vida activa, ya resulta de por sí novedoso en un mundo como el actual. Aún más en el caso de Matilde, cuya procedencia no es otra... que el Ejército.

«Cambié el fusil por el rosario», confiesa a la revista Mundo Cristiano esta joven salmantina, quien en 1999 decidió entrar en el Regimiento de Ingenieros Rey-11, especializado en la reparación y construcción de puentes. Entre las labores que Matilde de Luis recuerda con más cariño se encuentra la ayuda proporcionada por su batallón para levantar puentes provisionales durante las riadas que inundaron la localidad tarraconense de Vendrell en el año 2000. «Era la primera chica que había ingresado en esa compaía», relata.

Dios, también en Kosovo

En septiembre de 2002, la soldado Matilde de Luis fue destinada a Kosovo, dentro del contingente español que tenía la misión de restablecer la paz en esta provincia serbia, devastada por la guerra civil que asoló el país entre 1996 y 1999.
«Nos dijeron que íbamos a reconstruir la región en son de paz, pero lo cierto es que el riesgo era muy alto, y podíamos morir si nos atacaban», recuerda la protagonista de esta historia. Su tarea en Kosovo era la de pontonera, y como tal se encargaba de la reconstrucción de los puentes destruidos por las bombas.

La situación dejada por los bombardeos era ciertamente desoladora: la población se moría de hambre, los servicios básicos (agua, electricidad, teléfono, gas...) no funcionaban y el miedo se había apoderado de los hombres, mujeres y niños de aquel lugar, cuyos rostros reflejaban los efectos del horror que habían presenciado y que ya nos les abandonaría mientras vivieran.

El terror es algo propio de todas las guerras, pero en el caso de los Balcanes éste se dio si cabe con mayor crudeza. Vecinos contra vecinos, amigos, familiares... se enfrentaron entre sí. Ochenta años después de la Primera Guerra Mundial, el avispero de la ya extinta Yugoslavia volvía en todo su trágico esplendor.

En aquellas condiciones, Matilde, quien había nacido en una familia profundamente religiosa (pertenecía a una comunidad neocatecumenal), «me encontré con Dios y conmigo misma». El silencio, el estado de permanente vigilancia permitieron a la soldad descubrir que Dios también habitaba aquella región devastada. «En Kosovo comprendí que el mundo debía cambiar, y me di cuenta de que para conseguirlo la que tenía que cambiar era yo». Las lecturas, durante las guardias, de las «Confesiones» de San Agustín, ayudaron a Matilde a tomar una decisión acerca de su vida.

Adiós a las armas

Dicho y hecho. Al término de los seis meses que su regimiento permaneció en Kosovo, la soldado De Luis decidió «dejar las armas y tomar los hábitos».

Una decisión, firme y meditada, que no causó especial sorpresa entre sus compañeros, que conocían su intensa vida interior y habían sido testigos privilegiados del surgimiento de la vocación en el corazón de la soldado. De hecho, en la despedida de su regimiento, su capitán le dedicó unas sentidas palabras, que pasados varios años Matilde no ha podido, ni ha querido, olvidar: «No dudo que serás tan buen soldado de Cristo como lo has sido en el Ejército».

Una vez abandonada la milicia, Matilde viajó a Holanda. Allí, en pleno Amsterdam, junto al iniciador del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, la ya reservista anunció públicamente su intención de convertirse en religiosa. Y no sólo eso, sino de su voluntad para ingresar en la clausura. Era el Día de la Madre, y Matilde había escrito, junto a sus tres hermanos, una postal de felicitación a su madre, donde ya anunciaba que «algún día tu hija te dará una sorpresa». Y vaya si lo fue.

Su padre, Carlos de Luis, recuerda la impresión que le causó la doble decisión que, en aquellos días, tomó su hija, y que suponía una auténtica revolución para su vida, y para la de toda la familia: abandonar el Ejército y optar por la vida de oración y clausura. «No sabía qué hacer. Se lo dije a mi mujer, y me puse a caminar por la calle pensando en la decisión de mi hija». Hoy, no duda en sentirse feliz, y afirma que «no he perdido a una hija, sino que he ganado quince más».

Una nueva vida

El 1 de octubre de 2006, Matilde inició su vida religiosa como Hermana Pobre de Santa Clara, bajo el nuevo nombre de sor Matilde de Jesucristo. Entró como novicia en el monasterio de la Purísima Concepción de las Clarisas (Franciscanas Descalzas) de Salamanca, que sigue un estricto régimen de clausura.

Ese mismo día se produjo la entrega de su uniforme militar, así como la toma del hábito de las religiosas. Hoy, la hermana viste el hábito negro de las clarisas, aunque todavía conserva el tocado blanco de las profesas. Actualmente, sor Matilde se encuentra en estado de formación, y cada mes recibe la visita de su familia. «La alegría que uno siente con ellas es inmensa», apunta el padre de la novicia. «Rebosan serenidad porque en su corazón hay paz», añade.

Entre los compañeros de cuartel, asegura la religiosa, «todavía hay amigas que piensan que un día de estos voy a regresar diciendo: «¡Que es broma!»». Aunque los militares respetan la decisión tomada por su antaño compañera de armas, «todos coinciden en que me pega más la vida activa, irme a algún país de misión, ayudando a niños, pero lo de la clausura, ¡no lo entienden!», añade la religiosa, con una sonrisa en los labios.

Un nuevo paso por vocación

«Respetan muchísimo mi decisión, aunque tampoco les sorprende tanto, porque nunca he ocultado mi identidad cristiana en el cuartel», asegura la novicia clarisa, quien, pese al contraste entre el silencio del claustro y los sonidos de la guerra, sostiene que su decisión no ha sido sino «un paso lógico más» en su vocación.

«Me siento bien porque sé lo que quiero. Estoy ante la verdad más importante de mi vida. Nunca he estado tan segura de querer hacer algo, aunque también sé de antemano que me va a costar muchísimo. Pero si de algo estoy segura es que se trata de lo que Dios quiere para mí», concluye sor Matilde.

Fuente: ABC

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Sor Matilde - Fri, 07 Sep 2007 04:49:01
Esta REALIDAD, nos comprueba nuevamente que Dios no deja de derramar su Santo Espìritu aùn sin importar las condiciones en que estemos; y, que cuando ya ha escogido y trazado la historia a sus hijos, la lleva a tèrmino en el momento que le place.
Bendito sea, por ello.
Recièn hemos conectado web en casa, a mi madre(de 77 años), le encantò al leer esta nota. Pertenecemos al Camino en la Parroquia Marìa Auxiliadora de San Salvador, El Salvador.
Lilian
lylacloni@hotmail.com


Documento sin título
Que maravilla. - Tue, 31 Jul 2007 04:18:04
Soy de la 1a Comunidad de Ancud, provincia e Isla de Chiloé en el sur de Chile. Me ha maravillado cómo es que Dios busca en los lugares más diversos a sus hijos.
Un matrimonio de mi comunidad tambien tiene una hija que (era de nuestra comunidad)tambien en un convento de clausura y es cierto eso de que no han perdido una hija ni nosotros una hermana sino que por el contrario nosotros tambien tenemos 15 hermanitas más por las cuales rezar y ayudar. La hemos ido a ver cuando se puede y dá un gozo inmenso ver su alegria y la de las hermanitas que ,volvemos de Pucón con mas fe y esperanzaa nuestra islita.
cECILIA
utp_8046_2@educarchile.cl



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