RELIGIONENLIBERTAD.COM.-Supongo que los lectores conocerán la preciosa historia de Balac y Balaam, que se relata en el Libro de los Números. Balac, era rey de Moab, un pueblo enemigo de Israel. Cuando este rey vio que, con la ayuda de Dios, los hebreos vencían a sus enemigos y nadie podía contra ellos, decidió que necesitaba algo de ayuda “sobrenatural”.
Así pues, el rey de los moabitas contrató a Balaam, un adivino, para que viniese desde la tierra de Aram, echase una maldición a los israelitas y así poder vencerlos. Balaam, a pesar de que no veía la cosa nada clara, terminó por aceptar el encargo y subió a un monte desde donde veía al pueblo de Israel acampado. Sin embargo, cuando iba a maldecirlos, Dios quitó de su boca la maldición y puso en ella una bendición, de manera que las palabras que pronunció fueron: “Qué hermosas son tus tiendas, Jacob, y tus moradas, Israel… el Señor, su Dios, está con él… es como un león que se acuesta y nadie se atreve a hacer que se levante… bendito el que te bendiga, maldito el que te maldiga”.
Tres veces intentó Balaam maldecir a Israel y tres veces puso Dios bendiciones en su boca, porque “¿Cómo maldeciré, si Dios no quiere? ¿Cómo profetizaré, si Dios no me deja?”. Hasta el punto de que el propio adivino sintió envidia de Israel y deseó ser como ellos: “Sea mi destino como el tuyo”. Al final, Balaam terminó profetizando la derrota del rey Moab y de su pueblo, inevitable porque luchaban contra Dios.
Es una historia fantástica y les aconsejo que se la lean entera (Nm 22-24), porque suceden muchas más cosas que no me da tiempo a contarles. ¿Por qué se me ha ocurrido recordarla? Por un artículo que se publica hoy, en el País, rebosante de veneno contra el Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello y, en general, el cristianismo y la Iglesia.
El larguísimo artículo está lleno de mala intención, deformaciones, rumores ridículos y simples falsedades, ya desde su título “Kiko, la cólera de Dios”. Sin embargo, las cosas que más escandalizan al autor no son las imaginarias inventadas, sino las que firmaría cualquier cristiano sincero y que ciertamente no son algo extraño o exclusivo del Camino o de Kiko.
Nada más empezar, ya se critica que, en lugar de limitarse a una entrevista aséptica, Kiko le pregunta al periodista si está bautizado, si cree en Dios y le habla de la conversión, le anuncia a Jesucristo. Todo eso, a pesar de que sabe perfectamente que la intención del entrevistador es escribir un artículo contra él y, sin embargo, habla con él, precisamente para poder anunciarle el Evangelio: “me han aconsejado que no hable con vosotros. Y si lo hago es porque os amo.”
En multitud de ocasiones, el artículo presenta, como el colmo de la extravagancia, el atraso o la simple estupidez lo que no son más que las enseñanzas habituales de la Iglesia. “El infierno existe, remacha. Tenaz e insistente” [vaya cosas que se inventa este Kiko]. “Europa camina hacia la apostasía” [¿hay alguien que lo dude?]. “En sus respuestas, Argüello condena radicalmente el matrimonio de las personas del mismo sexo. Los anticonceptivos. El aborto. La eutanasia. Y las ideas socialistas… Y a los religiosos progresistas. Y a los obispos tibios…” [vaya, lo mismo que enseñan la Iglesia y la recta razón].
Después de sugerir, que el Camino es una secta en la que se saca el dinero a la gente, se suelta la sorprendente frase que lo demuestra: “Para avanzar en el Camino, es imprescindible desprenderse de las riquezas”. Lo que quizá no sabe es que para ir al Reino de los Cielos es imprescindible desprenderse de las riquezas y a eso estamos llamados todos los cristianos.
Supongo que basándose en su experiencia con políticos y famosos, el autor da por supuesto el culto a la personalidad en el Camino y el orgullo y la soberbia personales de Kiko. “No quería estar bajo nadie. Siempre deseó ser el centro de atención.” En cambio, los datos reales, las citas literales de lo que dice el entrevistado muestran siempre lo contrario: “Él se define como un artista: Un pobrecillo, un pecador; el día más feliz de mi vida será cuando muera. Reza por mí”. “Éramos dos inadaptados; que todo saliera bien es un milagro, describe Argüello” [o, en palabras de la Escritura: llevamos este tesoro en vasos de barro]. Curiosamente, el periodista no ve ninguna contradicción entre la supuesta idolatría del líder de la que habla y la anécdota que cuenta, cuando, en medio de una catequesis y en público, Carmen le advierte a Kiko, con palabras muy duras, sobre el peligro de la vanidad: “Confiesa, Kiko. Lo único que quieres es que los periodistas te hagan la foto. Aquí tenéis a san Kiko”. Vaya birria de líder supremo de una secta, que deja que le critiquen así en público.
Por otra parte, tampoco encuentra el entrevistador ninguna contradicción entre su idea de que el Camino es una secta poderosísima y frases como: “Transmite el mensaje que le ha comunicado Dios sin papeles ni fisuras… En un lenguaje vulgar. De andar por casa.” [¿Cómo el Evangelio?]. “Describe el Camino como este tinglado o este follón en el que estamos metidos.” [¿Esta es la idealización del Camino de la que tanto se habla?] “No tiene una elegante sede social en Roma como los jesuitas o el Opus. Los kikos no tienen a la vista del público más que un par de discretas sedes situadas en dos sótanos desnudos de Roma y Madrid” o “El Camino no se parece a nada dentro de la Iglesia. Es “un itinerario de iniciación cristiana". Imposible algo más etéreo. No tiene personalidad jurídica ni patrimonio.”
Conociendo el mundo en que vivimos y su mentalidad, pocas cosas podrían escandalizar más al periodista que el matrimonio cristiano, fiel hasta la muerte, fruto de un noviazgo respetuoso, en el que Dios participa desde la raíz y en el que la gracia es absolutamente necesaria. Algo que el mundo de hoy no entiende. Lean el curioso diálogo:
Kiko: El demonio siempre está dispuesto. Si eres casado, está al acecho para que te enamores de otra. Pero en el Camino, los matrimonios no se separan. ¿Sabes por qué?
Periodista: Ni idea.
Kiko: Porque la relación de amor de los que tienen dentro vida eterna es distinta. Un matrimonio no se separa si tiene vida eterna. El amor de pareja progresa y madura; no es lo mismo la pasión de los novios que el amor de Cristo, que es un amor total.
Periodista: ¿Y si le va mal a la pareja?
Kiko: Para eso están los hermanos de la comunidad. Cuando un matrimonio está en peligro, toda la comunidad reza por ellos; les llaman y apoyan, y se salvan.
No sigo, para no cansar. En mi opinión, a este periodista, le pasa en cierto modo lo que a Balaam. Ha escrito un artículo con la única intención de maldecir a la Iglesia, con el Camino Neocatecumenal como excusa. Sin embargo, lo que escribe pone de manifiesto que en la Iglesia hay vida eterna, que no se encuentra en ningún otro sitio. Muestra que los cristianos pueden amar a sus enemigos, aunque sean periodistas de El País, que pueden vivir un amor matrimonial de entrega total hasta la muerte como un milagro en medio de un mundo que vive obsesionado por la sexualidad y es incapaz de comprometerse; que los cristianos están llamados a vivir la pobreza y el desprendimiento de los bienes, porque su tesoro es Jesucristo; que los cristianos no afirmamos ser mejores que los demás, sino haber sido amados inmerecidamente por Dios a pesar de nuestros pecados.
Yo diría, sin embargo, que lo que más le molesta al entrevistador es que los cristianos no se queden acomplejados en sus casas, avergonzados por esa extraña fe pasada de moda que es el cristianismo, sino que salen a anunciar alegres la Verdad que han encontrado. Si la Iglesia se contentase con estarse calladita y hacer obras sociales, nadie hablaría mal de ella, pero la pretensión de tener la Vida eterna para todos los hombres resulta insoportable para muchos. “¡Está dispuesto a reevangelizar el mundo. Quiera o no quiera el mundo. Es su misión. Desde la vieja Europa hasta China, pasando por Latinoamérica y las antiguas repúblicas soviéticas. Ya ha enviado a miles de familias y de seminaristas a catequizar en los rincones más perdidos del planeta. “Apóstoles”, les llama. Un cura español destinado en Roma recuerda su sorpresa al encontrarse en Kazajistán con una familia de kikos valencianos predicando puerta por puerta.”
Pues sí, la Iglesia sale a evangelizar a todos los pueblos. Dando gratis lo que gratis ha recibido, la salvación, la vida verdadera. Hablando a la libertad de los hombres. Unos acogerán el Evangelio y otros no.
Al menos habrán escuchado, aunque sólo sea una vez, dónde se encuentra la verdadera felicidad. Como hoy lo ha escuchado el periodista de El País que firma la entrevista. Quizás, como Balaam, llegue a sentir alguna vez envidia del tesoro que han encontrado los cristianos. Quizás ese periodista acoja un día la semilla que hoy se le ha regalado gratis y pueda bendecir a Dios por haberse encontrado con un cristiano que le anunció la Verdad.