CAMINEO.INFO.- Las ideologías de las mentiras históricas, más que comprobadas y refutadas, como el socialismo, el comunismo, al igual que los contrarios de ambos, el liberalismo y el capitalismo, han sido y son víctimas de sus propias falacias.
Toda falacia es un razonamiento confuso revestido con el ropaje de unos argumentos seudo-razonables, y la falacia ecológico-radical socialista de la economía sostenible se fundamenta en la falacia de la ambigüedad que de forma intencionada conduce al equívoco, pues, trata de confundir los verdaderos significados del concepto de desarrollo sostenible para priorizar la ideología en el poder. Ésta falacia surge a finales del siglo XX, cuando el ecologismo radical ideológico es utilizado para fines políticos y no para la salvaguarda bioética del desarrollo humano integral [1]de la biodiversidad de los sistemas ecológicos que la Madre Naturaleza y Dios nos han regalado para administrarlo de forma global sin destruirlos, pero también de otros aspectos fundamentales además del ecológico, como son el jurídico, el económico, el político, el social, el cultural y el espiritual que permiten el desarrollo completo del hombre en todas las dimensiones.
Quien ha escrito y hablado del desarrollo humano en sentido integral de humanización y transcendencia, del amor al don de los bienes de la naturaleza que Dios nos ha dado gratuitamente para administrarlo sin destruirlos, antes muchos siglos antes de que los variopintos e ideologizados grupos o agrupaciones pacifistas y ecologistas comenzaran a surgir a troche y moche a fines del siglo XX, ha sido y es la institución histórica de la Iglesia Católica.
En la secular doctrina social de la Iglesia Católica, hallamos implícita o explícitamente los fundamentos de lo que ha de ser el desarrollo sostenible como un componente más del desarrollo humano integral.
Los primeros planteamientos sobre el desarrollo económico[2] de los pueblos tanto desarrollados como subdesarrollados, se remontan a los pontificados de Pío XI(1922-1939), de Pío XII(1939-1958) y de Juan XIII(1958-1963), más en concreto con Juan XIII en la Carta encíclica Mater et Magistra (1961) en la cual se alaba las ventajas del desarrollo económico, que gracias a los progresos científicos y técnicos se reducen los desniveles entre los distintos sectores de producción y entre las naciones, debido a la interdependencia global entre las diversas economías. Pero igualmente se critican los injustos desequilibrios de un desarrollo económico, cultural, social y ecológico que provoca el hambre, la miseria, la pobreza, las guerras por la constante violación de los Derechos Humanos en las naciones subdesarrolladas, sin olvidarnos del insostenible y genocida crecimiento demográfico sin sistemas de producción y educación apropiados que eviten el expolio de las materias primas y le emigración descontrolada, y permitan el progreso y el desarrollo de los pueblos empobrecidos de acuerdo con sus culturas, tradiciones y creencias que los identifican y dignifican. Mientras aumenta el subdesarrollo insostenible de las naciones pobres, crece con desmesura el consumismo y el hedonismo de las naciones ricas desarrolladas.
En el Concilio Vaticano II(1965) el desarrollo humano integral, el desarrollo basado en las premisas fundamentales delbien común, de la libertad, de la verdad, de la justicia y de la equidad de los Derechos Humanos, se sistematizó en la extraordinaria Constitución Pastoral Gaudium et Spes. Sobre los medios y procedimiento de producción del desarrollo, de la actividad económica, dice lo siguiente:
"…la finalidad fundamental de esta producción no es el mero incremento de los productos, ni el lucro ni el poder, sino el servicio del hombre: del hombre integral, teniendo en cuentael orden de sus necesidades materiales y de sus exigencias intelectuales, morales, espirituales y religiosas; del hombre, decimos, cualquiera que sea, como cualquier grupo de hombres, sin distinción de raza o continente. Así, pues, la actividad económica, se ha de ejercitar según su método y sus leyes propias, dentro de los límites del orden moral, de modo que se realice el designio de Dios sobre el hombre."[3]
"…en un momento en que el desarrollo de la vida económica, orientada y ordenada de una manera racional y humana, podría permitir una atenuación de las desigualdades sociales, con demasiada frecuencia se convierte en un endurecimiento de ella, y, a veces, en un retroceso en las condiciones de vida de los más débiles y en despreciode los pobres"….[4]
Los magisterios papales llegados antes y después del Concilio Vaticano II(1962-1965), desde el pontificado de Pablo VI(1963-1978) con la Carta encíclica Populorum Progresio(1967) y la Carta apostólica Octogesima adveniens(1971), pasando por el de Juan Pablo II(1978-2005) con la Carta encíclica Sollicitudo rei sociales (1987) o la Carta encíclica Centesimus annus(1991), hasta llegar al pontificado de Benedicto XVI en el siglo XXI, con los documentos eclesiales de la categoría teológica y filosófica como la Carta encíclica Deus caritas est (2005), la Carta encíclica Spe Salvi(2007) y de modo sobresaliente, la Carta encíclica Caritas in veritate(Caridad en la Verdad)(2009), han puesto con claridad histórica y evangélica lo que ha de ser el desarrollo humano integral, y dentro de éste, del desarrollo sostenible del don de Dios, que es la naturaleza, donde la persona humana es el centro y la responsable de su salvaguarda y explotación racional y solidaria. El medio ambiente, el desarrollo sostenible del ecocentrismo y del biocentrismo[5], degrada el ser humano por un absurdo e irracional igualitarismo con todos los seres de la naturaleza. Ésta es un don de Dios que ha entregadoy confiado al hombre para un uso correcto de la misma a través de la razón, la libertad y la responsabilidad moral[6].
Posteriormente a los primeros documentos eclesiales arriba referidos, es en el Club de Romaen 1968, donde se comienza a hablar de la materia de medio ambiente, como la necesidad de incentivar un crecimiento sostenible o estable pero desde presupuestos economicistas y productivos, no desde principios universales integrales justos. Luego, el concepto de desarrollo sostenible comenzó a sistematizarse a partir de 1987 con el Informe, Our Common Future (Nuestro futuro común)[7] de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo o Comisión Brundtland, pero que se generalizó a partir de la Conferencia Mundial de Río de Janeiro sobre Medio Ambiente y Desarrollo (1992). El desarrollo sostenible, era y es aún un concepto meramente ecológico y económico, de ahí que haya sido utilizado más por las ideologías como otro medio de poder. En el Informe Our Common Future, se limitaba a una definición imperfecta que combinaba el capital o economía y la tecnología, el control malthusiano totalitario de la población o demografía y la ecología. De modo sucinto, decía que una sociedadde desarrollo sostenible esla que "atiende las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para hacerse cargo de sus propias necesidades".[8]
Este concepto parcial y restrictivo de desarrollo sostenible, acomodaticio para cualquier ideología, es el que emplea el socialismo del desarrollismo sostenido por el relativismo laicista e intervencionista de finales del siglo XX. En España, el socialismo lo vuelve a reflotar a principios del siglo XXI con el reinvento de la ley de economía sostenible, un reinvento reciclado por el periclitado modelo mental socialista. Este reinvento de una ley de economía sostenible, no se atiene a lo que es el sentido del desarrollo sostenible, que forma parte del desarrollo humano integral e integrador:
1º. Una economía sostenible, esaquella cuyo incremento en el consumo y en la producción, nunca ha de dañar la naturaleza, el medio natural de tal modo que se destruyan o disminuyan los recursos naturales, especialmente los recursos naturales, las materias primas de las naciones más pobres, a las cuales se les ha de aplicar un desarrollo humano integral que permita unas condiciones de vida sin pobreza, hambre, miseria, guerras y violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos.
2º. El desarrollo sostenible, por tanto, desde que surgió a finales del siglo XX, ha sido más bien un proyecto político-económico más que ecológico, de ahí que nunca se haya aplicado ni desarrollado tanto en lasnaciones desarrolladas, y ni por supuesto en las nacionesmás pobres. Ha sido y es una utopía político-ecologista, que ha de desprenderse de los peligros ideológicos para evitar que las actuales y futuras generaciones, sufran las graves consecuencias de un desarrollo sostenible utópico, que, debería ser un desarrollo humano integral sostenible local y globalmente. O sea, el desarrollo sostenible no es exclusivamente el desarrollo de una economía sostenible ambigua ideologizada, porque para que un desarrollo sostenible integral sea realidad y no una falacia utópica, ha de sustentarse en fundamentos humanos morales y éticos además de en sólidos y reales fundamentos socioeconómicos, ecológicos, jurídicos, económicos, políticos, sociales, culturales y espirituales.
En el "Anteproyecto deLey de Economía Sostenible"[9], encontramos en los dos primeros artículos, como en el desarrollo de ellos, las ambigüedades, los intervencionismos y las restricciones economicistas del socialismo posmoderno eco-sociata-laicista:
"Artículo 1. Objeto.
Esta Ley tiene por objeto introducir en el ordenamiento jurídico las reformas estructurales necesarias para crear condiciones que favorezcan un desarrollo económico sostenible.
Artículo 2. Economía sostenible.
A los efectos de la presente Ley, se entiende por economía sostenible un patrón de crecimiento que concilie el desarrollo económico, social y ambiental en una economía productiva y competitiva, que favorezca el empleo de calidad, la igualdad de oportunidades y la cohesión social, y que garantice el respeto ambiental y el uso racional de los recursos naturales, de forma que permita satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades."
En el plúmbeo desglose de este modelo mentaloide socialista de una ley de economía sostenible, se encarcela aún más a la sociedad civil española en un estructuralismo socialista intervencionista, uniforme, monolítico, controlador y antidemocrático.
La falaz economía sostenible del socialismo posmoderno relativista, es lo contrario a la economía del desarrollo humano integral, porque carece de lo que ésta tiene para que funcione correctamente: de los fundamentos éticos y morales basados en el bien común y la justicia distributiva y la equidad para proteger "la inviolable dignidad de la persona humana"[10] y "el valor transcendente de las normas morales naturales"[11] .
Desde esta perspectiva, es cómo se ha de entender el desarrollo humano integral sostenibleque mira por una justa y equitativa redistribución de la riqueza en las sociedades civiles para erradicar las injusticias de la pobreza, del hambre y de la miseria en las más pobres, y del paro, el subempleo, el economicismo y el despilfarro consumista en las sociedades del bienestar social materialista, que se inventan falacias recicladas como la de la economía sostenible. Un desarrollo sostenible integral, al contrario que una trapacera economía sostenible, como parte integrante del desarrollo humano integral, no depende de un gobierno, de una ideología, de un partido político o de una institución, sino de la vocación[12] universal de responsabilidad que tiene el ser humano y de todos los pueblos, vocación de responsabilidad que es también de libertad y de verdad humana y transcendente que evita reducir a la persona a un medio o a un objeto más de la naturaleza y de la sociedad, cuando la persona humana siempre ha sido y es el centro neurálgico de la ecología humana[13] ya que está por encima de la naturaleza.
El desarrollo humano integral sostenible, es, pues, un concepto que forma parte de la bioética, es de carácter antropológico, social y cultural con repercusiones ecológicas y económicas, cuyo fin es poner en equilibrio a la naturaleza y al ser humano, pero dando prioridad siempre a la dignidad de la persona humana, al bien común de la sociedad, no al interés general ideológico-ecologista de una economía sostenible que absolutiza la tecnocracia de las energías renovables y el economicismo socialista sin responsabilidades morales ni éticas para un desarrollo humano integral.
En el desarrollo humano integral, en el desarrollo sostenible integral, la ecología, la política y la economía han de ponerse al servicio del bien común de las personas, que están por encima de la naturaleza y de los intereses ideológicos y económicos. Es un concepto integral, y no ideológico integrista o fundamentalista, que ante todo, preconiza el bien común en la riqueza distributiva y equitativanatural y económico-productiva.
La falacia ecológico-radical socialista de una economía sostenible, por su ambigüedad intervencionista, no soluciona el desempleo y subempleo, la crisis financiera y económica que padecen los sistemas del mercado libre, cuando la producción, la competitividad y el crecimiento se encuentran paralizados por la recesión económica y los intervencionistas controles gubernamentales; cuando hay un drástico recorte en los presupuestos de Investigación, Desarrollo e Innovación(I + D + i) en la industria, en la educación, en la ciencia, en la investigación, en el desarrollo, en la innovación y en la tecnología; cuando el fracaso de las energías renovables se esconde bajo suculentas subvenciones estatalistas a las empresas de las energías renovables, las cuales no cubren todas las exigencias energéticas de España y del planeta, de ahí, que se necesario la alternativa de la energía nuclear, por la cual han apostado las grandes potencias económicas y políticas; cuando el déficit público y la deuda pública son insostenibles, ya que impide el crecimiento económico. Una ley de economía sostenible no solucionará el déficit público ni la deuda pública porque no ha habido ni existe un equilibrio entre la contención del gasto público y la presión fiscal que machaca a la clase media con la subida de los impuestos.
La manoseada solidaridad colectivista del socialismo despilfarrador y en nada subsidiario y equitativo, tampoco cuela con esta falacia de economía sostenible, no cuela en el 80% de los ciudadanos españoles que forman la clase media española porque no aceptan la subida de impuestos, ni el gasto público dislocado que hipoteca a España.
El desarrollosostenible, la sostenibilidad, que hasta ahora no ha sido realidad, en España y el resto del mundo, tiene que resolver los gravísimos problemas del crecimiento o desarrollo, ateniéndose a un desarrollo humano integral sostenibleque evite las crisis financieras locales y globales, que quite la pobreza y el hambre, el desempleo y las necesidades materiales y espirituales, en las naciones más pobres que sobreviven en los marasmos de un subdesarrollo sostenible.
El desarrollo humano integral, pues, contiene todas las dimensiones como son:
-La ciencia, la economía, la investigación, la innovación y latecnología.
- La naturaleza y el ser humano en equilibrio, pero priorizando la dignidad de la persona humana y no los falaces ecologismos naturalistas, neopaganos y neopanteístas.
-La vida social y política, la moral y la ética, se han de centrar en priorizar la verdad universal de la persona humana con sentido transcendente y humano.
-La incentivación creativa de las creencias y las artes, de la filosofía y la educación; de la solidaridad universal y de la subsidiariedad; de la pluralidad[14] en los mercados y las empresas así como en los medios de producción y de comunicación, para hacerlos más humanizados, y no intervenidos como se pretende hacer con el control estatalista de la red de redes de la libertad de expresiónde comunicación y conocimiento: internet.
-La propuesta democrática y razonable de leyes positivas justas con la dignidad del ser humano como lo son las leyes naturales.
En resumen, se han de tener siempre presente como puntos de partida y de llegada, los derechos y deberes, las libertades y la justicia de los Derechos Humanos que forman parte del desarrollo humano integral e integrador que se caracteriza por la solidaridad y la justicia de la humanidad cuyo fin es cubrir las necesidades materiales y espirituales tanto para las actuales generaciones del siglo XXI como para las generaciones venideras.
Diego Quiñones Estévez.
[1] Benedicto XVI, Caridad en la verdad, "El mensaje de la Populorum Progressio", Nº 11, Cap. 1º, en LA SANTA SEDE, en www.vatican.va .
[2] Varios autores, "El desarrollo de los pueblos", en MANUAL DE DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, Edit. B.A.C., Madrid, 1993, ps 635-637, C. 27.
[3] Constitución Pastoral "Gaudium et Spes", sobre la Iglesia en el mundo actual, Nº 64, "La vida económica", Cap. III,en Documentos completos del Vaticano II, Edit. Mensajero, Bilbao, 186,
[4] Ibídem, Nº 63.
[5] Pontificio Consejo <>, "Salvaguardar el medio ambiente", en Compendio de la doctrina social de la Iglesia, Edit. Biblioteca de Autores Cristianos y Edit. Planeta, Madrid, 2009,Nº 463, C. 10.
[6]Ibídem, Nº 473.
[7] WCED, Our Common Future, Oxford; Osford University Press, 1987.
[8] Donella H. Meadows, Dennis L. Meadows y JØrgen Randers, "Transición hacia un sistema sostenible", en MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO, Edit. El País S.A./Aguilar S.A., Madrid, 1992, p. 248.
[9] www.libertaddigital.com, "Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible". Documento original.
[10] Benedicto XVI, Caridad en la verdad, "Fraternidad, desarrollo económico y sociedad civil", Nº 45, Cap. 3º, en LA SANTA SEDE, en www.vatican.va .
[11] Ibídem.
[12] Ibídem, "El mensaje de la Populorum Progressio", Nº 16,Nº 17 y Nº 18.
[13] Ibídem, "Desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, ambiente", Nº 51, Cap. 4º.
[14] Ibídem, Nº 46.