CAMINEO.INFO.- Siempre surgen dificultades cuando se prepara una peregrinación, pero esta vez llegó a parecer imposible. Queríamos ir pero ¿cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde nos alojaríamos?
Con las maletas a medio preparar, “ceñidas nuestras cinturas”, pero llenos de incertidumbre y de dudas porque se acercaba el día y nada estaba resuelto.
Unas sencillas palabras: “¿Habéis preparado ya la pancarta para Australia?”, de nuestro querido P. Martín, nos dieron el empujón definitivo.
Precisamente sería precisamente allí donde nos enteraríamos, con sorpresa y dolor de que él también se había puesto en camino para hacer su última peregrinación al encuentro con el amor del Padre.
Dos días duraron las aventuras de aviones y aeropuertos; pero nos recibió una ciudad acogedora, repleta ya de jóvenes que expresaban su fe y su alegría de estar acompañando al Papa como ellos saben hacerlo: “ a tope”.
La bella bahía de Sydney, con sus dos imágenes iconos, el puente y la ópera, llegaron a ser como nuestra casa.
Nos encontramos con una organización muy buena, todo preparado al detalle.
Los momentos cumbres de nuestra peregrinación, la Vigilia y la Eucaristía, impresionantes. Por la actitud atenta y recogida de los jóvenes y por las palabras que nos regaló el Papa. Conviene rumiarlas despacio pero queremos destacar la frase que nos resuena a todos: “Lo que constituye nuestra fe no es principalmente lo que nosotros hacemos, sino lo que recibimos”. Y también recordar la tarea que nos ha dejado el Papa: descubrir al Espíritu que actúa en nuestra vida, dejarle que actúe para poder vivir en plenitud, en el lenguaje de los jóvenes “a tope”.
Por cierto, allí nos enteramos de que ya un español bautizó estas tierras como la tierra austral del Espíritu Santo.
Muchas cosas nos ha regalado el Señor en esta peregrinación. Echábamos de menos el grupo numeroso de otras ocasiones, pero al estar sólo seis, la convivencia ha sido más íntima y cercana.
Nos han acogido personas generosas que han puesto toda su casa a nuestra disposición.
Hemos podido celebrar la eucaristía con otras comunidades y aunque estábamos al otro lado del mundo, nos sentíamos en comunión, el espíritu era el mismo.
Incluso hemos podido conocer un poco de este inmenso y hermoso territorio.
Estamos muy agradecidos y contentos de que a través de estos pocos nuestra tierra haya podido estar con el Papa.