CAMINEO.INFO.-Cartagena-Murcia/ESPAÑA.-La Universidad de Murcia inauguró el Curso Académico con una Misa que celebrada en la parroquia de San Lorenzo de Murcia el pasado 26 de Septiembre, a las nueve y media de la mañana. El Obispo diocesano, Mons. Juan Antonio Reig Pla pudo asistir a la celebración debido a que esos días se hallaba en Roma, participando en la reunión anual del Pontificio Instituto Juan Pablo II.
Así pues, la Eucaristía fue presidida por el Vicario General de la Diócesis, D. Miguel Ángel Cárceles, quien centró su homilía en el don de la sabiduría que hemos de pedirle al Espíritu Santo, para poder comprender el sentido de la vida a través de la Verdad, que es Dios. Asimismo, explicó cómo a través de la sabiduría se pone de relieve el aspecto formativo y el crecimiento personal del hombre, llegando a una íntima amistad con Dios.
D. Miguel Ángel Cárceles ha recordado las palabras del Papa Juan Pablo II referentes al interrogante que se nos presenta sobre el sentido de la vida, indicando que sólo Dios es el fundamento sobre el que se ha de construir la gloria del hombre. El Vicario General manifestó la unión del Hijo de Dios con el hombre, al venir al mundo como uno de nosotros, semejante en todo, excepto en el pecado; por lo que “conocerle a Él es conocer la Verdad Plena”, de otra manera, el hombre no podrá responder al sentido de su existencia.
D. Miguel Ángel Cárceles ha señalado que toda Universidad ha de estar centrada en la búsqueda de la verdad. De igual modo, indicó que es allí donde se forman las nuevas generaciones, capaces de responder al interrogante que nos ha perseguido a lo largo de la existencia. Así, comentó que si no se plantea la cuestión de la verdad, la vida acaba por reducirse a un abanico de hipótesis. El Vicario General recordó el incansable deseo de San Agustín de conocer la Verdad, de manera que buscaba plenamente a Dios, porque “sólo a través de Él puede manifestarse la grandeza del hombre”.
No faltaron en la homilía unas palabras dedicadas a Nuestra Santísima Madre, la Virgen María: “Que Ella, engendradora de la Verdad, de Jesucristo, ayude a sortear cualquier obstáculo a todos los que habéis dado sentido a vuestra vida a través de la búsqueda de la Verdad.”
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Homilía del Vicario Genereal de la Diócesis, D. Miguel Ángel Cárceles, en el acto de Inauguración del Curso 2008-09 de la Universidad de Murcia.
SANTA MISA DEL ESPÍRUTU SANTO.
Excmo. Sr. Rector Magnifico de la Universidad de Murcia y Consejo de Dirección.
Ilmos. Sres. Decanos y Vicedecanos de las distintas Facultades.
Claustro de profesores y alumnos de la Universidad.
Muy queridos hermanos sacerdotes concelebrantes.
Muy queridos hermanos.
Me es grato, en nombre de nuestro querido Sr. Obispo Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Juan Antonio Reig Pla, que no ha podido asistir a esta celebración por encontrarse fuera de España, presidir la Santa Misa del Espíritu Santo, celebrada con ocasión del inicio del curso académico de nuestra apreciada Universidad de Murcia.
Hoy se ha dado cita la comunidad universitaria en este bello templo neoclásico de S. Lorenzo. Comenzamos con este encuentro de oración, la Eucaristía, para pedir al Espíritu Santo nos conceda sus dones, especialmente el don de la Sabiduría.
El Papa Benedicto XVI, nos recuerda que “el don de la Sabiduría divina es el tesoro más valioso que el hombre puede desear y descubrir, el bien más grande, del que dependen todos los demás bienes. Sólo ella da plena sentido a la vida, un sentido que supera incluso a la muerte, pues pone en comunión real con Dios. La Sabiduría - afirma el libro del Antiguo Testamento, que lleva este nombre -, “forma amigos de Dios” (Sabiduría 7, 27), bellísima expresión que pone de relieve, por una parte, el aspecto “formativo”, es decir, que la Sabiduría forma a la persona, la hace crecer desde dentro hacia la plena medida de su madurez; y, al mismo tiempo, afirma que esta plenitud de vida consiste en la amistad con Dios, en la armonía íntima con su ser y su querer. El lugar interior en el que actúa la Sabiduría divina es lo que la Biblia llama el corazón, centro espiritual de la persona. Por esta razón, a veces, hablando con Dios, le pedimos, diciendo: “Danos, oh Dios, la sabiduría del corazón”.
¿Por qué pedimos al Espíritu Santo el don de la Sabiduría en este inicio del curso académico? La razón, a nuestro entender, aparece como evidente, ya que –en palabras del Papa actual-, toda Universidad tiene como misión fundamental “la constante búsqueda de la verdad mediante la investigación, la conservación y la comunicación del saber para el bien de la sociedad”.
“La verdad – afirma Juan Pablo II en el número 26 de su carta encíclica “Fides et ratio”-, se presenta inicialmente al hombre como un interrogante: ¿Tiene sentido la vida?, hacia dónde se dirige? Dios es la verdad última a la que toda razón tiende naturalmente, impulsada por el deseo de recorrer a fondo el camino que se le ha asignado. Dios no es una palabra vacía ni una hipótesis abstracta; al contrario, es el fundamento sobre el que se ha de construir la propia vida. El creyente sabe que este Dios tiene un rostro y que, una vez para siempre, en Jesucristo se hizo cercano a cada hombre”. Lo recordó con agudeza el Concilio Vaticano II, en la Gaudium et spes, 22: “El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado”. Conocerlo a Él es conocer la verdad plena, gracias a la cual se encuentra la libertad: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (recuerda Jn 8,32). Sin esta referencia a Dios, el hombre no puede responder a los interrogantes fundamentales que agitan y agitarán siempre su corazón con respecto al fin y, por tanto al sentido de su existencia.
Toda Universidad tiene por naturaleza una vocación comunitaria, pues es precisamente una universitas, una comunidad de profesores y alumnos comprometidos en la búsqueda de la verdad y en la adquisición de competencias culturales y profesionales superiores.
En la Universidad, por tanto, se forman las nuevas generaciones, que esperan una propuesta seria, comprometedora y capaz de responder en nuevos contextos al interrogante perenne sobre el sentido de la propia existencia. Esta expectativa no debe quedar defraudada. “El contexto contemporáneo – recuerda el actual Santo Padre-, parece conceder primacía a una inteligencia artificial cada vez más subyugada por la técnica experimental, olvidando, de este modo, que toda ciencia debe defender siempre al hombre y promover su búsqueda del bien auténtico. Conceder más valor al “hacer” que al “ser” no ayuda a restablecer el equilibrio fundamental que toda persona necesita para dar a su existencia un sólido fundamento y una finalidad válida. En efecto, todo hombre está llamado a dar sentido a su obrar”. “El profesor universitario –continúa diciendo el Papa-, no sólo tiene como misión investigar la verdad y suscitar perenne asombro ante ella, sino también promover su conocimiento en todos los aspectos y defenderla de interpretaciones reductivas y desviadas. Poner en el centro el tema de la verdad no es un acto meramente especulativo, restringido a un pequeño círculo de pensadores; al contrario, es una cuestión vital para dar profunda identidad a la vida personal y suscitar la responsabilidad en las relaciones sociales. De hecho, si no se plantea el interrogante sobre la verdad y no se admite que cada persona tiene la posibilidad concreta de alcanzarla, la vida acaba por reducirse a un abanico de hipótesis sin referencias ciertas”.
Como afirmaba el famoso humanista Erasmo, en su “Elogio a la locura”, “las opiniones son fuente de felicidad barata. Aprender la verdadera esencia de las cosas, aunque se trate de cosas de mínima importancia, cuesta gran esfuerzo”. Este es el esfuerzo que la Universidad debe tratar de realizar; se lleva a cabo mediante el estudio y la investigación, con espíritu de paciente perseverancia. En cualquier caso, este esfuerzo permite entrar progresivamente en el núcleo de las cuestiones y suscita la pasión por la verdad y la alegría por haberla encontrado.
Las reflexiones anteriores nos llevan al deseo de establecer un fecundo diálogo entre fe y cultura. “El camino existencial e intelectual de san Agustín –recuerda el Papa Benedicto XVI-, testimonia la fecunda interacción que existe entre la fe y la cultura. San Agustín estaba impulsado por el deseo incansable de encontrar la verdad, de descubrir qué es la vida, de saber cómo vivir, de conocer al hombre. Y, precisamente a causa de su pasión por el hombre, buscaba necesariamente a Dios, porque sólo a la luz de Dios puede manifestarse también plenamente la grandeza del hombre, la belleza de la aventura de ser hombre”. Así lo reconoce en el libro de sus confesiones, diciendo: “Nos has hecho para Ti y nuestro corazón anda siempre desasosegado hasta que se aquiete y descanse en Ti” (…) “Tarde te amé, hermosura siempre antigua y siempre nueva, tarde te amé!” (Confesiones X, 38).
Recordemos, por último, con ternura de hijos, a nuestra Madre Santa María, Aquella que la Iglesia invoca como "Trono de la Sabiduría". Los santos monjes de la antigüedad cristiana la llamaban “la mesa intelectual de la fe”. Que Ella que, engendrando la Verdad, a Jesucristo, y conservándola en su corazón, la ha compartido con toda la humanidad, os ayude a sortear cualquier obstáculo a todos los que habéis convertido vuestra vida en la apasionada aventura de buscar la verdad, capaz de transformar la vida del hombre, dándole sentido a su obrar. ¡Que encontrándola, encontréis a Jesucristo!
Murcia, 26 de septiembre de 2008.
Fuente: Web diócesis de Cartagena