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CAMINEO.INFO - Cardenal Franc Rodé

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Regnum Christi: El cardenal Franc Rodé en el encuentro internacional de juventud y familia 2007

11-08-2007

JOSE LUIS TURIEL - El Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal Franc Rodé, C.M., Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, dirigió una conferencia a los miembros del Regnum Christi, así como a familiares y demás participantes del “Encuentro Internacional de Juventud y Familia 2007” celebrado hace unos días en Atlanta, Georgia.

Este Encuentro, celebrado del 26 al 29 de julio, fue un medio para que dar a conocer la espiritualidad, carisma y actividad apostólica que realiza el movimiento del Regnum Christi a nivel mundial, a favor de la Iglesia, de la familia, de la educación y de la sociedad en general, especialmente de los más necesitados.

A continuación presentamos el texto de la Conferencia del Cardenal Rodé.

***

Estimados amigos todos: legionarios, y miembros y amigos del Movimiento Regnum Christi.

Me alegra estar presente en este Décimo Encuentro de Juventud y Familia en Norteamérica. Conozco la historia de estas reuniones y el significado que siempre han tenido entre vosotros. Sé que sirven para expresar vuestro espíritu de familia en el Movimiento Regnum Christi, y que constituyen un fuerte impulso a vuestro compromiso apostólico. Son momentos muy especiales de gracia que debéis de aprovechar, para crecer en vuestro compromiso personal con Cristo, y con el Movimiento Regnum Christi, profundizando en la vivencia de vuestro carisma. Esto es importante, pues el Regnum Christi es parte de la Iglesia, y para que la Iglesia sea fuerte y activa en el mundo de hoy, cada una de sus partes tiene que ser fuerte y activa. A vosotros, por la vocación que habéis recibido os toca cuidar y hacer fecunda esta porción del Cuerpo Místico de Cristo.

Vuestro carisma es un verdadero regalo que el Espíritu Santo ha entregado personalmente a cada uno de vosotros para servir a la Iglesia. Este regalo os lo ha hecho Dios con la intención de hacer de cada uno un foco de irradiación del mismo. Por eso, el carisma es a la vez don y responsabilidad.

Puedo imaginar toda la oración que hay detrás de este encuentro, de estos frutos. Intuyo todo el sacrificio, el esfuerzo de organización, la entrega de tiempo y de trabajo, el amor, que hacen posible todo esto que estamos viviendo. Por eso le doy gracias a Dios por estar aquí, y siento que debo personalmente y como Prefecto para la Congregación de Religiosos dejaros un triple mensaje. Que apreciéis la profundidad y solidez de vuestro carisma basado en el amor y en la comunión dentro de la Iglesia, que lo viváis en vuestro estilo de vida propio, eminentemente apostólico y misionero, y que hagáis todo lo que podáis por que crezca y haga el mayor bien posible por la Iglesia y por las almas.

1. Un carisma apoyado en una sólida espiritualidad.

- El amor como centro.

Al centro de vuestro

carisma está el AMOR. Eso es el centro del cristianismo, como lo señala el Santo Padre en "Deus Caritas est": «Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (BENEDICTO XVI, Carta encíclica Deus Caritas est, 1). Por ello, vuestro carisma os sitúa en la médula del cristianismo. Para vosotros, ser cristianos es haber contemplado a Cristo que entregó toda su vida por vosotros y, con esta convicción y certeza, responder al amor de Dios con entrega diaria, con el apostolado. Dicho en otras palabras, compartís la misma experiencia espiritual de vuestro Fundador.

- En comunión con el Papa y con la Iglesia.

Sé muy bien cuánto insiste vuestro Fundador en que fuera de la Iglesia el Regnum Christi carecería de sentido, y cómo vosotros, como hijos fieles, cuidáis y cultiváis la adhesión al Papa y a la Iglesia. Es como vuestro ADN de identificación. Donde hay un miembro del Regnum Christi, hay profunda comunión con el Vicario de Cristo y con el Cuerpo Místico de Cristo. La comunión con el Papa y con la Iglesia es vuestra garantía de fecundidad apostólica. Sé cuánta alegría esto me da a mí, pero sobre todo sé cuánta alegría le da al Santo Padre Benedicto XVI. Hace unos días estuve en audiencia con el Santo Padre y le hablé de este Encuentro. El Santo Padre está muy satisfecho y ha expresado una gran alegría por el Encuentro de Atlanta. El Papa sabe que puede contar con vosotros, con vuestra obediencia y amor. La benedicencia que os caracteriza es un testimonio sin precio.

Es verdad que la unidad de la Iglesia se da en lo esencial, en el amor: «Por encima de todo esto revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección» (Col 3,14). Pero también se encuentra en vínculos visibles de comunión que la aseguran como: la profesión de una misma fe recibida de los apóstoles; la celebración común del culto divino, sobre todo de los sacramentos; la sucesión apostólica por el sacramento del orden, que conserva la concordia fraterna de la familia de Dios (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 815). Es lo que vosotros

expresáis con esa frase tan vuestra: «Ir al paso de la Iglesia, ni un paso adelante, ni un paso atrás».

En vuestros apostolados, seguid trabajando mucho con las iglesias locales, con los párrocos, con los obispos, con los religiosos. La Iglesia es vuestra casa. La Iglesia es vuestro hogar. Que la Iglesia siga siendo siempre el ambiente de vuestro trabajo, de vuestra entrega.

2. Un estilo de vida misionero, apostólico

- Transmitir a Cristo.

Llama mucho la atención la fuerza que van cobrando vuestros apostolados de misiones: Juventud Misionera, Familia Misionera, las Misiones Médicas. Yo personalmente, con muchos otros, me quedo maravillado ante el hermoso espectáculo de decenas de miles de misioneros, cada año son más, que participan en las Megamisiones de la Semana Santa, Se palpa en vosotros la necesidad que sentís de anunciar el Evangelio y que no tenéis miedo a hacerlo a costo del sacrificio personal.

Pero tal vez lo más impresionante y también lo más esperanzador, dada la descristianización de Occidente y la necesidad de una Nueva Evangelización, sea que no os limitáis a misionar donde la gente es sencilla y sedienta de vuestro mensaje. Veo que hacéis misiones en las grandes urbes de Norteamérica, y en regiones que antes eran católicas pero ahora se encuentran hundidas en el escepticismo y en el materialismo. Inspira veros misionar entre los rascacielos de Atlanta, Chicago y Manhattan, y en las calles de Montreal. He visto también fotos de los primeros miembros del ECYD en Corea, misionando en las calles de Seúl. Yo os pido, en nombre de esas almas que os esperan, que no caigáis nunca víctimas del respeto humano, ni os desaniméis ante las inevitables dificultades. Sed fieles a vuestro carisma, tan hermoso como exigente.

Soy también muy consciente de que estas misiones son sólo una expresión parcial, casi diría mínima, de vuestro esfuerzo apostólico misionero constante. Porque el apostolado para un buen miembro del Regnum Christi no es algo que hace de vez en cuando, un fin de semana al mes, o una semana del año, cada vez que le entran las ganas, sino es su condición habitual de vida, su estilo propio.

Así veo que, gracias a la entrega de cada uno según sus dotes y posibilidades personales, y trabajando en conjunto como un cuerpo unido, vuestro Movimiento ofrece a la Iglesia un rico abanico de iniciativas apostólicas – en la catequesis, evangelizadores a tiempo completo, en la formación de

la juventud, en los clubes, en la formación de padres de familia, en la formación de la niñez, en ayuda a los necesitados, en los medios de comunicación, en la educación, en las vocaciones; en la formación de artistas, de personalidades del deporte, de los líderes de la sociedad; en la ayuda que prestáis al clero, en la formación de seminaristas. La lista parece inagotable, como lo es el amor que inspira vuestra actividad, pues lo sacáis de la fuente inagotable del Corazón de Cristo.

Yo quisiera aprovechar para pediros especialmente que sigáis prestando especial atención al trabajo con los jóvenes. No dejéis que las dificultades os desanimen. Cada minuto invertido en un joven es un minuto invertido en el futuro, y con el tiempo aportará su fruto.

Es cierto que, como tantas veces os ha repetido vuestro Fundador, seguir a Cristo es negarse a sí mismo. En este esfuerzo, tened en mente el "leitmotiv" del Santo Padre Benedicto XVI en el discurso del inicio de su pontificado: "No tengáis miedo: Cristo no quita nada y lo da todo" (BENEDICTO XVI, Discurso en la misa de inauguración del Pontificado, 24 de abril de 2005).

3. Un carisma llamado a difundirse por vuestro crecimiento.

Nuestro Señor habla en el evangelio de la luz que no debe de esconderse debajo del celemín, y del talento que no hay que enterrar con la excusa de preservarlo. Cada carisma que Dios regala a su Iglesia es una luz y un talento. Dios podría salvar al mundo sin nuestra ayuda, pero ha querido necesitar nuestra ayuda. Dios podría hacer que la Iglesia cumpla su misión sin necesidad de los Movimientos, pero ha querido crearlos y necesitarlos. He aquí vuestra responsabilidad. Cuidaos de la vanidad y purificad vuestras intenciones, pero daos cuenta de la responsabilidad que pesa sobre vuestros hombros. Tenéis un tesoro no por ningún mérito personal, sino porque Dios ha querido fiároslo, y porque Él quiere que muchos otros también lo reciban a través de vosotros "Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis".

No tengáis miedo a crecer, temed más bien no crecer. ¡Cuánto bien se hará si crecéis! Y, ¡cuánto bien, tristemente, se dejará de hacer si no crecéis! La Iglesia os necesita, y os necesita aún más fuertes y más grandes. Para poder llevar a cabo vuestro carisma apostólico, tenéis que crecer.

Si hay alguna consigna que debéis llevar de este encuentro, que sea ésta: Crecer. Crecer en profundidad

y crecer en extensión. Crecer en profundidad significa crecer en el conocimiento y amor de Cristo, en la formación intelectual y apostólica, y en el conocimiento y asimilación de vuestro carisma. Crecer en extensión significa crecer numéricamente, para que a través del Regnum Christi haya más apóstoles, más obras, más iniciativas al servicio de la Iglesia y de las almas. Esto, lo necesita la Iglesia y lo necesita el mundo. Y yo diría, lo necesita cada uno de vosotros si no vais a defraudar los planes de Dios sobre vuestras vidas.

Para terminar, sólo quisiera repasar muy brevemente con vosotros los medios de los que disponéis para lograr este doble crecimiento.

- Crecer en profundidad:

La fecundidad viene del espíritu. Los compromisos del Movimiento os encaminan a una amistad con Cristo que se funda en la vida de gracia, se alimenta de los sacramentos de la Eucaristía y de la Confesión, y se desarrolla en la oración y en la práctica de la caridad motivada.

El amor no subsiste en nosotros al margen del conocimiento. Cuanto más conozcamos a Dios, más le podremos amar. De ahí la necesidad del continuo crecimiento no sólo en el conocimiento de Dios que se adquiere en la oración, sino también el que se adquiere profundizando en el contenido de la fe. Esto es muy necesario también para poder ser apóstoles efectivos en el mundo de hoy. Tenemos que "dar razón de nuestra fe", como dice San Pedro. Tenéis que ser luz para vuestros hermanos. También los jóvenes tienen que ser luz entre vosotros. Ante los sofismas que llevan a tantos de vuestros compañeros por caminos de "realización personal" más destructiva que realizadora, tú tienes que tener el coraje y la convicción de ser un faro de luz para ellos.

Sé también que vuestro Movimiento os ofrece muchos medios para actualizarse y para aprender a hacer apostolado. Aprovechaos de ellos, no dejéis que quede sin uso tanta riqueza.

Y también, para asimilar y penetrar en el carisma propio de vuestro Movimiento, aplicad lo que nos dice la Iglesia a los religiosos: la interpretación del Fundador es la interpretación auténtica del carisma. Por ello, leed, meditad y asimilad las palabras de aquel a quien Dios escogió para trasmitiros este espíritu, vuestro Fundador, el P. Maciel. Es el medio privilegiado del que se servirá Dios para imprimir el carisma del Movimiento Regnum Christi en tu conciencia, en tu corazón y en tu actuación.

- Crecer en extensión.

También a nosotros Cristo nos dice personalmente: "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura". Por eso la Iglesia necesita decenas de millares, millones de laicos comprometidos con el Evangelio, centrados en la caridad, con una sólida formación arraigada en Cristo como ideal supremo, que vivan unidos profundamente a la Iglesia y al Papa. No os avergoncéis del don que Dios os ha dado. Sentíos, en cambio, deudores de Dios, y responsables de su multiplicación. Vosotros sois bien conscientes de que el Regnum Christi es sólo una parte del gran plan de Dios para la trasformación del mundo a principios de éste, el tercer milenio del cristianismo. Sólo una parte, es verdad, pero aquella que Dios ha puesto en vuestras manos, aquella de la que sois personalmente responsables vosotros.

En este caminar, esta aventura, esta lucha apasionante del seguimiento de Cristo, tened muy cerca a nuestra Madre del Cielo. Ella es una mujer con el alma abierta a Dios, dispuesta a escucharle en todo. Un alma que sabe meterse en los planes de Dios y no se conforma sólo con meter a Dios en sus planes. María Santísima nos deja un testimonio maravilloso de fidelidad y de absoluta confianza en Dios.

Queridos amigos, miembros del Regnum Christi, creced siempre en el amor a Cristo, en el ímpetu apostólico y en la vivencia de la caridad, que es vuestro carisma. La Iglesia necesita estos rasgos.

Termino, repitiéndoos las palabras que el Santo Padre Juan Pablo II os dirigió en Roma, no hace muchos años: «Queridos miembros del Regnum Christi, si sois lo que debéis ser, prenderéis fuego al mundo». El mundo necesita vuestro fuego, el mundo necesita vuestro amor.

Muchas gracias

FUENTE: regnumchristi.org

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