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Domingo XVI del T.O.:

 
Sat, 19 Jul 2014 23:58:00

CAMINEO.INFO.-

SABIDURÍA 12, 13. 16-19
SALMO 85
ROMANOS
8, 26-27
MATEO 13, 24-43



Las parábolas no las podemos ver como pequeños cuentos que Jesús explicaba en el pasado. Jesús nos habla hoy a nosotros con estas parábolas. En cada una de ellas nos quiere decir alguna cosa, nos quiere comunicar una enseñanza para nuestra vida. Es la semilla que hoy esparce...

Comienzo con una parábola que nos habla del crecimiento del reino; con la del grano de mostaza. Es la más pequeña de las semillas, pero llega a ser como un árbol, donde los pájaros se recogen en sus ramas.

La fe empezó en nosotros siendo una cosa muy pequeña: nuestra madre nos enseñó a rezar tres avemarías antes de ir a la cama o a rezarle a nuestro ángel de la guarda. Una cosa bien pequeña, insignificante, pero fue creciendo, creciendo, hasta que toda nuestra vida queda condicionada por aquella semilla. ¡Toda! Todo lo que somos, todo lo que hacemos, todo lo que planificamos, nace de aquella semilla, nace del reino de Dios plantado en nosotros.

Dos consideraciones para nuestra vida:

. ¿Cómo va este crecimiento? ¿El árbol de la fe ha crecido todo lo que había de crecer?, ¿se ha quedado como un matojo?, ¿o es el árbol que permite recogerse? Es muy bonita la imagen de los pájaros recogiéndose, y es a la vez, una imagen, pienso yo, con contenido: hemos de crecer hasta poder acoger a los demás. Si no estamos acogiendo a los demás, quiere decir que aún hemos de crecer un poco más. ¡Crecer hasta acoger a los demás!

. Segunda consideración para nuestra vida, es la importancia de sembrar semillas... ¡¡Aquella pequeña semilla que plantaron en nosotros cómo ha crecido!! Parecía una cosa infantil que no servía para demasiado, y fijaros hasta donde ha llegado. Nuestra propia experiencia nos ha de llevar a plantar semillas, no nos cansemos de plantar semillas. Aunque sean pequeñas, aunque parezca que no sirven para nada, aunque... ¡¡plantemos semillas!!

Conozco gente que ha cambiado de vida por una película, gente que ha cambiado de vida, sólo por entrar en un iglesia, gente que ha cambiado de vida por repetir, sin fe, una frase antes de ir a la cama, gente que ha cambiado de vida ante una pregunta sobre el sentido de su vida (“Si tanto amas a Dios: ¿por qué no cumples los mandamientos?). Son pequeñas semillas, que pueden crecer, y crecer.

En esta línea va también la parábola de la levadura, un poco de levadura, fermenta toda la pasta. Nosotros estamos llamados a ser levadura que fermenta, transforma, toda la pasta, la realidad que nos envuelve.

En la misa que se hace por los laicos, que a mí me gusta mucho hacer, y que hago con frecuencia, una de les oraciones dice: “los laicos llamados por el Bautismo, al apostolado infundan el espíritu de Cristo en el mundo, y sean el fermento de su santificación”. Somos fermento, levadura, que santifica, que transforma lo que nos envuelve, que produce santidad.

En las tres oraciones de esta misa abundan las expresiones que apuntan en una misma dirección: el laico, en medio del mundo, de la sociedad, de la vida diaria, y desde allá transformando el mundo. Algunas de estas expresiones: “Concede a cuantos has llamado a vivir en medio de los afanes temporales.... se entreguen de tal modo a su tarea en el mundo que con ella construyan y proclamen tu reino”, “fortalece Padre a tus hijos, a fin de que en cualquier trabajo que desempeñen en el mundo, vivan los principios evangélicos y hagan así que tu Iglesia esté presente y activa en los problemas actuales”.

Llamados a ser levadura que transforma. ¿Cómo? Siendo, siendo lo que somos, el testimonio de obra. Y plantando pequeñas semillas.

Y la tercera parábola, la del trigo y la cizaña, es una parábola de juicio. Sorprende la respuesta del amo del sembrado a los criados: “No, que al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo”. Nuestra tendencia natural es la contraria: separamos, juzgamos, clasificamos, este es malo, este es bueno. ¡Dictamos sentencia!

La paciencia de Dios, la prudencia de Dios, es lección para nosotros. Por esto, decía la primera lectura: “Obrando así, enseñaste a tu pueblo”. La obra de Dios, la manera de hacer de Dios, es enseñanza para nosotros. Si Dios tiene esta paciencia, si Dios tiene esta prudencia, ¿no la hemos de tener nosotros?

A esto nos invita esta parábola, a no querer clasificar, a no arrancar la cizaña, sino a ser misericordiosos, pacientes, benevolentes, clementes, bien pensantes, con los otros, como lo es Dios con nosotros. Quizás podremos así ver como misteriosamente la cizaña se transforma en trigo. Sólo el amor puede hacer este milagro. Que así sea...








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