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Festividad del Bautismo del Señor: Los cielos se abrieron y se oyó la voz del Padre: Ese es mi Hijo, el amado; escuchadle

Sun, 10 Jan 2010 07:02:00

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Isaías 42, 1-4.6-7
Salmo 28
Hechos de los Apóstoles 10, 34-38
Lucas 3, 15-16.21-22

Hace unos días contemplábamos Jesús como un niño nacido en un establo, anunciado por los ángeles, adorado por los pastores y por los magos de Oriente, y reconocido por Simeón y Ana como el Mesías. Y aquel niño ahora ya lo contemplamos como un adulto, poco antes de comenzar su vida pública.

El Evangelio de hoy, la escena de hoy, quiere hacer como un poco de bisagra entre los dos acontecimientos: nacimiento y vida pública. Y en esta escena se nos responde a dos preguntas principales: ¿Quién es Jesús? ¿Quién es éste que empezará a predicar y hacer milagros? Y la segunda ¿Cuál es la pretensión de Jesús?...

A partir del Evangelio, a la primera pregunta responderemos: Jesús es el Hijo amado del Padre. Y a la segunda: Jesús viene para comunicarnos el Espíritu Santo.

Seguramente que para todos nosotros el bautismo queda como un hecho del pasado. Un sacramento que recibimos siendo niños. Hoy el Espíritu Santo a través de la Iglesia y de la liturgia nos propone contemplar el Bautismo de Jesús para profundizar en nuestro propio bautismo. Como mejor entendamos el significado de nuestro Bautismo, mejor podremos vivir nuestra vida cristiana.

Para entender nuestro bautismo es necesario que contemplemos qué es lo que pasa en el bautismo de Jesucristo. Lo mismo que vemos que pasa en el bautismo de Jesucristo es lo que pasó el día de nuestro
bautismo.

• Juan Bautizaba sólo con agua. El decía “Yo os bautizo con agua, Él os bautizará con Espíritu Santo.” Juan bautizaba sólo con agua. Jesucristo bautizará con Espíritu Santo.
• Después hemos contemplado como Jesús es bautizado y como se abrió el cielo, bajó sobre él el Espíritu Santo en forma de paloma, y se oyó la voz del Padre que dice. “Tú eres mi Hijo, el amado, en quien me he complacido”.

En nuestro bautismo cuando el sacerdote nos tiró el agua sobre la cabeza y nos bautizó, aunque no se viera, el cielo se abrió, el Espíritu Santo descendió sobre nuestro y se quedó en nosotros, y el Padre del Cielo nos dijo: “tú eres mi hijo, el amado en quien me he complacido”.
El día de nuestro bautismo recibimos el mismo principio vital que tenía Jesucristo. Jesucristo actúa en todo movido plenamente por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo está llamado a ser también nuestro principio vital (motor de actos).

A partir de aquí nos podemos hacer algunas preguntas...

• Si tuviera la inteligencia de Einstein. ¿Podría ser un genio de la Física? Sí.
• Si tuviera la fuerza del Rambo ¿podría levantar cosas de gran peso? Sí.
• Si tuviera la técnica futbolística que tiene Messi, ¿podría jugar como él? Sí.
• Si tengo el principio vital de Jesucristo, si tengo el mismo espíritu que Jesucristo, ¿puedo vivir como Él? Sí.

Cristo no sólo nos dice cómo hemos de vivir, sino que nos da la fuerza para poder vivir como Él. JC es mucho más que un modelo de conducta, Él nos da el mismo Espíritu que lo movía a Él.

La salvación que nos lleva Cristo no es sólo una ética, unas normas de comportamiento. Es una fuerza interior. Su misma fuerza. Que nos posibilita vivir con facilidad como Él vivía.
Y en nuestro Bautismo recibimos por primera vez su Espíritu Santo. Y cuando participamos bien de la misa crece en nosotros la presencia del ES, y cuando rezamos..., y cuando meditamos la Palabra de Dios..., y cuando nos confesamos...

Nuestro problema es querer ser cristianos sin contar con el ES. Entonces, serlo se convierte en una cosa difícil, pesada e imposible. “Sin mí no podéis nada...”.

Son sinónimos de Bautismo: “creación nueva”, “revestidos de Cristo”, “engendrados de nuevo”. Son expresiones que nos indican un cambio substancial, un cambio ontológico, un cambio en la naturaleza de la persona. Hay un antes y un después. Si antes del Bautismo teníamos la naturaleza humana, después del bautismo, en nosotros tenemos la naturaleza divina.

Ejemplo del fuego/hierro: el hierro es duro y frío, pero cuando entra en contacto con el fuego sin dejar de ser hierro pierde las propiedades del hierro y coge las propiedades del fuego. Y pasa a ser: flexible, desprende calor, es luminoso. Lo mismo pasa con la naturaleza humana: instintivamente tiende al egoísmo, a buscarse a sí misma, pero cuando entra en contacto con la naturaleza divina sin dejar de ser hombre va perdiendo las propiedades de la naturaleza humana y va adquiriendo las propiedades de la naturaleza divina (Dios es amor), y llega a ser capaz de amar como Cristo nos amó.

Por el bautismo y con nuestra vida de piedad recibimos el ES que nos cambia interiormente y nos lleva a vivir la vida movidos por el Espíritu del Señor.


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