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Un rayo le atravesó el cuerpo pero no murió. Jesús le dijo: «Vas a tener tu segunda oportunidad»

 
Mon, 15 Sep 2014 16:02:00

Tras ser alcanzada por un rayo que atravesó su cuerpo, la doctora Gloria Polo ha vuelto a la vida. Pero antes, estuvo en las puertas del Cielo, del Infierno, y conoció el purgatorio, donde recibió la misión de contar todo lo que había visto y oído “mil veces mil”.

Un rayo le atraviesa el cuerpo
Cinco de mayo de 1995, son las 4´30 de la tarde y llueve a raudales. La odontóloga colombiana Gloria Polo camina por los jardines de la Universidad Nacional de Bogotá acompañada Por su marido y su sobrino. De repente, un rayo les alcanza a su sobrino y a ella. El joven muere en el acto, y ella entra en paro cardiaco.

El rayo atraviesa su cuerpo, quemando a su paso varios de sus miembros y órganos internos. Las experiencias místicas que Gloria vive a partir de ese momento son difíciles de digerir.

Hasta la fecha, había sido una mujer católica que apenas participaba de la misa dominical y vivía en el sincretismo religioso, ya que era adicta a la Nueva Era.

Además, defendía el aborto y llegó a financiar muchos de ellos. Tras regresar a la vida después de aquellas experiencias, la doctora no ha vuelto a ser la misma. Recorre el mundo contando lo que vivió e invitando a la conversión. "Quiero ir al Cielo, pero no sola, sino con todos vosotros", confiesa.

- ¿Qué recuerda que le pasara después de que la alcanzara el rayo?
- Me envolvió una luz muy blanca, llena de amor. Sentí una paz y una alegría maravillosas. No sé por qué nos han hablado de la muerte como si fuera un castigo. Estaba libre del tiempo y del espacio y, tan llena de amor, que sentía que se me desbordaba. Comencé a ascender en esta luz y me encontré con el corazón de Jesucristo, que estaba herido.

»Esta herida era la entrada a un jardín y un lago. Empecé a desear fervientemente entrar a aquel lugar. Pero no podía porque no estaba en gracia de Dios. Sentí el dolor de Jesús. Que toda mi vida me había buscado para que volviera a Él, enviándome sacerdotes y personas de oración. De repente, empecé a escuchar los gritos de mi marido, que me pedía que volviera, y el Señor me devolvió a la vida.

- ¿Qué ocurrió cuando volvió a la vida?
- Encontré mi cuerpo sin vida en una camilla. Fui operada por el doctor Mario Daniels, pero en una de las cirugías, mi corazón dejó de latirme encontré de nuevo fuera del cuerpo. Vi salir de la pared del quirófano un gran número de personas que tenían una mirada cargada de odio y maldad.

»Me di cuenta con horror de que eran todos los pecados que había cometido desde mi última confesión, cuando tenía 13 años -en ese momento contaba con 36-. Vi que los demonios venían a buscarme, porque había aceptado sus ofertas de pecado. Huí aterrorizada y me precipité al vacío. Empecé a bajar de la luz a la oscuridad y vi a mi alrededor pequeños nichos, como celdas.

- ¿Qué vivió entonces?
- No puedo describirlo exactamente porque supera mi capacidad. Lo que cuento es Io poco que he sido capaz de comprender. En las celdas superiores, había miles de personas vestidas del Cordero. Emanaba una luz tan radiante que no pude verles el rostro, pero se me concedió una inteligencia superior para comprender que su luz provenía de todas las eucaristías que habían recibido en la vida terrenal. Estaban felices en la oración y la glorificación de Dios.

»Vi a mi madre difunta que también estaba revestida del Cordero. Había sido una mujer humilde y sin estudios, pero eucarística y enamorada del Señor, hasta tal punto, que amaba por su causa a sus enemigos, el primero de los cuales era su marido: un borracho y mujeriego. Mi madre vivió sin rebelarse el trabajo de educar siete hijos que siguieron los pasos de su padre.

»Continué descendiendo y llegué a unos pantanos donde había almas que en vida habían entregado el cuerpo a los placeres, allí vi a mi padre que gritaba de vergüenza y dolor. "Papá, - le dije-, ¿qué haces aquí?". Él me contestó llorando: "Hija mía, el adulterio, el adulterio". Su mayor tormento era ver las consecuencias negativas que había tenido su mal ejemplo en sus hijos, que también eran adúlteros y bebedores. Sin embargo, le aliviaba la gratitud hacia mi madre: "Me salvé gracias a los 38 años de oración de la santa mujer que Dios me dio por esposa", le oí decir.

»De repente se abrió un torbellino que me absorbía, pero fui sujetada por los pies por san Miguel Arcángel, quien frenó mi caída. Entonces oí el rechinar de diente, llantos y gemidos de un gran número de ánimas. Cuando vi estas almas en un sufrimiento tan atroz que yo no creía merecer, reclamé mis derechos diciendo: “Por favor, yo nunca he robado ni matado, no he hecho daño a nadie. Es más, pagaba la compra de los pobres y les sacaba muelas gratis. Encontrarme aquí es el colmo. Tenía que haber ido directamente al Cielo".

»Entonces vi una escalinata que descendía de la cima, en cuya parte más baja estaba mi padre, poco iluminado, y cuatro escalones más arriba, mi madre. En plena luz. Grité: "¡Soy católica, por favor sáquenme de aquí!".

- ¿Fue escuchada?
- Sí. De repente se oyó una Voz tan dulce que colmó de paz y amor toda 1a vorágine en la que me encontraba. Las horribles criaturas que se me habían pegado, no pudiendo soportar esta dulzura, pidieron permiso para retirarse. La Voz me dijo: "Si de verdad eres católica, dime los mandamientos de la ley de Dios".

»Solo recordaba lo que decía mi madre sobre el amor a Dios y al prójimo, por lo que, para salir del paso, dije: "El primero: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo"´ Con infinito amor, esa Voz me dijo: "Tú no has amado a tu Señor sobre todas las cosas y mucho menos al prójimo como a ti misma. Has hecho de mí un Dios que acomodabas a tu vida y te acordabas de mí solo en la necesidad. Tu dios era el dinero". Entonces, se abrió el Libro de la vida, y tuve que permanecer en silencio.



- ¿Qué es eso del Libro de la vida?
- En él, ves toda tu vida con los ojos de Dios, en un instante y de manera perfecta. Desde la fecundación, vi Io que Dios esperaba de mí con los talentos que me dio, cuántas Personas se sentían abandonadas de la providencia de Dios porque yo estaba encerrada en mí misma. Vi todo el bien que Podría haber hecho si hubiera dejado a Dios actuar en mi corazón.

»Él es un caballero que respeta tu libertad, por eso, si rechazas su voluntad, con cada pecado que cometes llevas la Creación al caos. Cuando pasas por la Tierra, dejas una huella imborrable. Te das cuenta de que Dios es un enamorado que quiere tu salvación y, a pesar de que sabe que estás desfigurado por el pecado, te está llamando y está atento a tus necesidades.

- ¿Puede contar algo que tenía que haber hecho y no hizo?
- Los talentos son un pedazo de Dios dentro de nosotros. Uno de los que a mí me dio fue el de ser sensible al sufrimiento de los demás. Un día vi en las noticias a una campesina colombiana llorando encima del cadáver de su hijo y de su marido, y otros dos de sus hijos a su lado. Me conmovió ver esa escena y presté atención al nombre del pueblo en el que había ocurrido pero, cuando terminó la noticia, me olvidé de la campesina.

»El Señor me mostró que la guerrilla había asesinado a su marido para quitarle una tierra. Era un hombre muy creyente y, cuando fueron a matarlo, escondió a su mujer Y a sus hijos Y pidió a Dios que los protegiera. Dios me dijo que Él había puesto ese sentimiento de compasión en mi corazón, para que ayudara a aquella campesina y la acogiera en mi casa. Pero, como no lo hice, la mujer terminó metida en la prostitución para sobrevivir.

- ¿Cómo se entiende la misericordia de Dios con las almas del purgatorio?
- En el camino de la vida, ensuciamos y destruimos las vestiduras que el Señor nos ha puesto en el bautismo, desperdiciamos los dones que nos ha dado. La misericordia de Dios está en que cuando el alma le pide perdón, se lo concede y va al purgatorio en lugar de ir al infierno. La palabra de Dios es clara, dice que sin santidad, nadie verá el rostro de Dios. Por lo tanto, aunque Dios mandara entrar un alma sucia al Cielo, ella misma se negaría a entrar por vergüenza.

»Pero hay una cosa que es la reparación del bien que no hemos hecho o del mal que hemos cometido. Para ello, como el alma ya no puede hacer nada por sí misma en el purgatorio, es asistida por las oraciones del pueblo de Dios en la Tierra. Cada vez que el sacerdote eleva al Señor en la misa, y nombra a las almas del purgatorio, estas calman su tormento y son vestidas lentamente del Cordero de Dios. Por eso, más vale una misa vivida aquí en la Tierra, que mil allá, donde la purificación es muy lenta.

- ¿Quiere decir que cada Eucaristía en la que participamos en esta vida cuenta para nuestra salvación?
- Exacto. La verdadera persona eucarística es la que después de tomar el cuerpo de Cristo, y adorarlo a Él, vive la palabra de Dios viviendo no para sí, sino para amar y servir a los demás. Esa persona que se ha dejado transformar por Cristo en esta vida, cuando muere va mucho más arriba del purgatorio.

- ¿De qué le salvó la oración de su madre?
- En el Libro de la vida me mostraron cómo en mi adolescencia perdí mi identidad cristiana y me dejé influenciar por mis amigas. Me hundí en los vicios y cambié a Cristo por los astros y el ocultismo. Mis amigas cayeron en la promiscuidad sexual, empezaron a abortar y anestesiaban el trauma posaborto con las drogas. Pero, gracias a la oración de mi madre, cuando ellas me presionaban para que siguiera su camino, yo no lo hice.

- Usted explica que Dios tiene un gran aprecio a la familia cristiana, ¿por qué?
- Los padres imprimen en los hijos una huella que nadie puede borrar. Cuando el hijo muere, los padres darán cuentas a Dios del hogar y ejemplo de vida que le han dado. La Voz le dijo a mi padre delante de mí: "Te has preocupado de dar a tu hija la posibilidad de estudiar, a pesar de tu pobreza, y de infundirle el sentido de la responsabilidad en el trabajo. Has hecho muy bien. Sin embargo, mírala cuántos vicios tiene, educaste a tu hija sin la mirada a Dios".

- ¿Cómo recibió otra oportunidad?
- Cuando se cerró el Libro, vi con dolor el mal que había causado en mi paso por la Tierra. No había cumplido ni uno de los diez mandamientos; desconocía al Dios Amor y no había amado a mi prójimo como a mí misma.

Llorando, grité a mi madre: "Mamita, qué vergüenza. Me condené". No dije "Dios me ha condenado" porque Él siempre había querido mi salvación. Entonces mi madre alzó los ojos haciendo que yo elevara la vista y obtuvo una gracia para mí. De mis ojos saltaron unas costras: era la ceguera espiritual que había sufrido casi toda mi vida. Con un nuevo arrepentimiento, grité al Señor: “Jesucristo, perdóname, dame una segunda oportunidad". La Voz tomó cuerpo: era Jesús, que descendió hacia mí envuelto en luz y me dijo con amor y dulzura: "Vas a tener tu segunda oportunidad, gracias a la oración de las personas que han suplicado por ti".

»Y es que la noticia de mi accidente había salido publicada en los medios de mi país v miles de oraciones habían llegado al Cielo, especialmente la de un campesino muy pobre que, cuando vio mi foto en el periódico, se conmovió, llorando con el rostro en la tierra, suplicó al Señor: "Padre, ten piedad de mi hermanita. Si la salvas te prometo que iré al Santuario de Buga". No tenía para comer y, sin embargo, se ofrecía para atravesar todo el país por mí. Dios se conmovió, no se pudo resistir, y señalando al campesino, me dijo: "Esto es amor al prójimo". Terminada esta visión, el Señor me encomendó una misión diciéndome: "Esto que has visto y oído no lo repetirás mil veces, sino mil veces mil".

- ¿Cómo podemos prepararnos en esta vida para el encuentro con el Señor?
- Nadie tiene méritos para ir al Cielo, pero amor se paga con amor, por lo que debemos amar a Dios. Él nos invita a buscar su rostro en el enfermo, en el que sufre, defendiendo al bebé en el vientre de su madre. Además, cuando pequemos, no dudemos en salir corriendo a la confesión. A Jesús le duele que no le busquemos y no entendamos que nos ama aunque seamos pecadores.





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