CAMINEO.INFO -Davao/FILIPINAS- Hace casi un mes, los 7 hermanos que forman el 5° grupo de la Misión Ad Gentes llegaron a Davao, Filipinas, con el propósito de discernir la llamada a la vida misionera marista en el continente asiático. Según la nacionalidad, los hermanos se distribuyen así: 2 brasileños, 1 paraguayo, un guatemalteco, 2 mejicanos –uno de ellos se une al grupo después de más de veinte años pasados en Corea del Sur- y 1 nigeriano. Poco a poco fueron descubriendo las sorpresas que les esperaban: la acogida fraterna y festiva de los cohermanos maristas que coordinaban el proyecto de Misión Ad Gentes, de la familia marista, de las hermanas que cedieron la casa donde vivimos, e incluso del representante del barrio donde nos encontramos. Empezaron una nueva etapa en sus vidas asumiendo tareas, compartiendo el modo de ser, tomando conciencia de que aquí, el tiempo es precioso y, en cierto modo, pasa rápidamente. El objetivo en Davao es hacer un proceso de discernimiento a partir de la recepción y la aceptación de la carta del Superior general enviada a los hermanos del Instituto, en la que invitaba a comprometerse, ojalá que fuera para toda la vida, como misionero en el continente asiático.
El camino recorrido hasta aquí nos ha permitido estar abiertos, con sencillez y generosidad, para compartir la vida, ayudarnos mutuamente a mejorar nuestra comunicación en los quehaceres cotidianos, dado que aquí el idioma es el inglés, tanto en los trabajos como en la liturgia. Se han distribuido las tareas, y la vida comunitaria se va tejiendo poco a poco.
Aquí no nos dedicamos mucho al apostolado; con todo, cada uno ha elegido una obra o un proyecto, en colaboración con otros Institutos religiosos, haciéndose presente, los fines de semana, en lugares donde hay necesiada. Nuestra misión es estar con las personas los sábados por la mañana, compartiendo, escuchando, jugando, comiendo con ellas, y los domingos compartiendo la misa. Este contacto nos ayuda ciertamente a prepararnos para un futuro apostolado en esas tierras asiáticas.
Estamos empezando ese caminar y existen muy buenas disposiciones: las oraciones se preparan con cariño y creatividad; los momentos comunitarios están marcados por el compartir y la buena convivencia; se dan pasos asimismo en el proceso de acompañamiento personal en que cada hermanos puede expresar lo que significa ese proyecto misionero para él. Todos son conscientes de que recibieron la llamada, de que la vida religiosa y marista en dicho continente puede enriquecerse cada vez más con nuestra presencia. Por encima de todo sabemos que podemos contar siempre con la gracia y la bondad de Dios para asumir los retos que la Iglesia y el Instituto nos proponen.