CAMINEO.INFO / INFOMADRID.- Madrid/ESPAÑA.- La festividad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo fue el tema de la alocución del Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, el pasado domingo en el informativo diocesano de la Cadena COPE. En ella, comenzó diciendo que “Rey, reinar o reino son palabras que nos suenan familiares. Van unidas a experiencias y sentimientos muy significativos para nuestra vida en el mundo”, que “también nos recuerdan formas de expresar nuestras vivencias más entrañables respecto a las personas que amamos: la esposa, el esposo, el novio, la novia, los hijos más pequeños…; en suma, palabras que usamos con frecuencia cuando nos dirigimos a la persona más intensa y hondamente querida. De algún modo se trata de categorías y formas de pensar y de interpretar la realidad del hombre en lo más valioso de sí mismo”, y “que tienen que ver con el Amor”. “Descubren, incluso, una de sus facetas esenciales: la capacidad de entregarse y donarse a la persona amada en la vida sencilla y auténtica de todos los días, más allá de los grandes acontecimientos y escenarios entre los que discurre la vida de la sociedad. Aunque sirven también para captar y apreciar el gran valor de las instituciones y de las personas que las encarnan si se dejan inspirar por ellas en su conducta y en su vocación al servicio del bien común”.
En referencia a la festividad litúrgica de Cristo Rey del Universo, dijo que con ella la Iglesia “nos presenta el modelo por excelencia y la fórmula suprema de alguien que reina en virtud de un amor infinito, sin límites en su misericordia, y que, por eso mismo, espera correspondencia: la del amor humilde y arrepentido que quiere participar de la gracia definitiva de ese amor ¡de su triunfo! Triunfo en la eternidad, que se prepara y madura en el tiempo y en el espacio: ¡en la historia del hombre! Jesucristo reina desde su Cruz y en la Cruz”. Una cruz “victoriosa y gloriosa, eucarísticamente presente y operante en medio de su Iglesia para la salvación del mundo y que ha de ser abrazada con amor arrepentido y perseverante a lo largo de toda la existencia terrena”.
El Cardenal dice que en el examen de conciencia “personal y comunitario tan oportuno al hacer balance del año litúrgico y pastoral”, habría que preguntarse si reconocemos “verdaderamente la fuerza única y fascinante del pecado en una historia que no ha acabado aún, en la que se enfrenta con osadía pertinaz, dramáticamente, al poder misericordioso de la gracia y del amor del Espíritu Santo?. ¡Cuántos son, desgraciadamente, los acontecimientos más candentes de la actualidad nacional e internacional incluida la de la Ciudad y de la Comunidad de Madrid- que revelan a la mirada clarividente del corazón, sensible a las angustias y las esperanzas de nuestros contemporáneos, hasta donde pueda llegar el dinamismo destructor de almas y de cuerpos que desencadena el pecado. Las actitudes de los hombres que actúan contra Dios rehuyendo su Palabra y rechazando su Gracia o, lo que es lo mismo, oponiéndose al Reinado del verdadero y auténtico Amor, el Amor de Jesucristo Rey del Universo, están en el origen del egoísmo personal y colectivo que destroza familias, genera crisis económicas, cría ambientes de brutal violencia de la que son víctimas inermes las vidas de nuestros jóvenes”.
“Nos encontramos ante un ofuscamiento de las conciencias personales y de la sensibilidad moral y espiritual dominante en la sociedad instalada en la ignorancia de lo que será un hecho irreversible: ¡de que sí! ¡de que seremos juzgados del amor al final de la vida!”.
Por eso, invitó a pedir y suplicar a Jesucristo, “con plegaria agradecida, conmovida y compartida por todos los hijos e hijas de la Iglesia que reine en nuestra patria, España, en nuestro Madrid, en nuestras familias, en el corazón de nuestros niños y de nuestros jóvenes con la ayuda eficaz de su gracia”. Y “a confiarle el consuelo y el bien de los enfermos, de los ancianos, de los sin trabajo, de los inmigrantes…”, invitando a colocar “la Cruz o la imagen de su Sagrado Corazón en nuestras casas, residencias y hogares”.
Pidió a la Virgen de la Almudena que “nos enseñe a sacar de la herida de su costado el agua y la sangre del amor que se entrega”.