CAMINEO.INFO.- A lo largo del mes de mayo, cientos de niños y niñas de nuestra Diócesis celebrarán uno de los acontecimientos más importantes de su vida cristiana: la Primera Comunión.
Ellos saben que la verdadera fiesta de este día es la Eucaristía y que el único regalo necesario es recibir a Jesús. Para este encuentro les hemos preparado durante estos años en la catequesis, y todos sabéis bien el gran esfuerzo que hacemos los catequistas para que el centro de esta celebración sea su primera común-unión con Jesús.
Esta es la teoría, lo que tendría que ser. Pero la realidad de la presión social, el acoso del comercio, la fuerza del “yo más y mejor”, están poniendo a prueba la fe sencilla de los niños, aturdidos y manipulados por la fiesta infantil del consumo y el montaje ostentoso que se les avecina, tan contraproducente para poder vivir de verdad el sacramento de la Eucaristía. (Después vienen las quejas de nuestros fracasos y de nuestras frustraciones en la educación de los hijos).
Dialogando con muchos padres observo cómo se angustian cuando a sus hijos les falta lo que otros tienen, piensan que así son menos felices y acaban por ceder resignadamente a la presión consumista de la mayoría.
Por ello, admiro a los padres que con motivo de esta celebración educan a sus hijos con cordura y sobriedad, negándoles lo superfluo y enseñándoles el arte de vivir la fe sin ser “eurotizados”.
Lo bueno que les debe quedar el “día después” de la primera comunión es la alta valoración y estima por la Eucaristía vivida en familia cristiana, que es lo mismo que decir, experimentar la entrañable presencia de Jesús, de la vida y de la palabra del Hijo de Dios y Salvador de los hombres.
Esto es lo realmente importante y lo que hace bien a los niños; el resto es como un veneno que paraliza los músculos de su corazón inocente, que lo que verdaderamente necesita para vivir sano y feliz es entrar en comunión con Aquél que se nos ofrece como alimento que da la vida en abundancia.
También los adultos estamos necesitados de la vitalidad pastoral y del vigor espiritual de la Eucaristía. Sin ella, nos convertiríamos en cristianos desnutridos y en comunidad de fe empobrecida. El mejor servicio pastoral que podemos prestar a estos niños es que nos vean gozosos y regenerados en la comunión con el Señor, de domingo a domingo, nuestra Pascua semanal. Para lograrlo necesitamos la ayuda insustituible de los padres y - cómo no - de los jóvenes abuelos, dispuestos a cambiar la tendencia de dedicar el domingo a entretenerse o simplemente a la nada, para vivir en familia este encuentro salvador con Jesucristo. ¡Cuánto cambiarían las cosas y las casas!
A todas las familias que vais a celebrar la primera comunión de alguno de vuestros hijos os animo a que viváis el gozo de ser cristianos y a que no os dejéis llevar por la inercia de la apariencia. Son grandes los valores de la Eucaristía y ya ha llegado el momento de que vuestros hijos los descubran. No les defraudemos y dejemos que vivan en paz su primer encuentro con Jesucristo; sólo el Hijo de Dios basta.
Víctor Manuel Jiménez López de Murillas
Director de Secretariado Diocesano de Catequesis de la diócesis de Calahorra y la Calzada-Logroño