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CAMINEO.INFO.- Monseñor Juan José Omella Omella Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

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1 de mayo San Jose Obrero

28-04-2008

CAMINEO.INFO.- Uno de los hechos que están marcando nuestra vida cotidiana es la toma de conciencia, cada vez mayor, de que la situación económica se está agravando y que traerá consecuencias para la vida laboral y personal de tantos trabajadores y familias, que ven como su trabajo está en manos de los grandes movimientos mundiales de la economía y que apenas pueden reaccionar o cambiar esta tendencia tan compleja. De hecho, recientemente, organismos internacionales muy competentes advertían sobre las difíciles perspectivas económicas que tenía España para estos meses próximos, incluso con una incidencia mayor que en cualquier otro país europeo.

Pero, al mismo tiempo, podemos afirmar que es una realidad que las sociedades avanzadas en desarrollo económico y social se han planteado como conquistas de la vida social el derecho al trabajo y el derecho a unas condiciones dignas de trabajo. Ya a mediados del siglo XIX, tanto en Europa como en Norteamérica, en las emergentes factorías industriales, se exigía a los obreros trabajar doce y hasta catorce horas diarias, durante seis días a la semana, incluso a niños y mujeres, en faenas pesadas y en un ambiente insalubre o tóxico. Hubo una gran reacción contra esa situación y, desde aquel 1º de mayo de 1886 en el que estalló la huelga por la jornada laboral y en el que más de cinco mil fábricas fueron paralizadas y 340.000 obreros salieron a calles y plazas a manifestar su exigencia, concluyendo con la terrible masacre de la plaza Haymarket (4 de mayo) en Chicago, hasta nuestros días, las cosas han cambiado mucho, a Dios gracias. Pero como resultado de la nueva situación económica que vive el mundo de hoy, este mundo globalizado, se están dando importantes amenazas a estos dos derechos. Y no debe perderse de vista que “el trabajo es un derecho fundamental y un bien para el hombre: un bien útil, digno de él, porque es idóneo para expresar y acrecentar la dignidad humana… El trabajo es necesario para formar y mantener una familia, adquirir el derecho a la propiedad y contribuir al bien común de la familia humana”.

En esta época, quedan muchos puntos por resolver en el campo laboral y que para un cristiano, respetuoso de la Doctrina Social de la Iglesia, no pueden quedar en el olvido. ¿Es la persona humana, el trabajador, el centro de la actividad laboral o solamente el capital y el rendimiento? El Catecismo de la Iglesia Católica repite que el trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo. Y el Papa Juan Pablo II decía: los progresos científicos y tecnológicos y la mundialización de los mercados, de por sí fuente de desarrollo y de progreso, exponen a los trabajadores al riesgo de ser explotados por los engranajes de la economía y por la búsqueda desenfrenada de productividad. ¿Se toman todas las medidas adecuadas para evitar los accidentes laborales? ¿Qué decir de la precariedad laboral de muchos trabajadores con el consiguiente sufrimiento para las familias? ¿Se cuidan las nuevas formas de solidaridad entre los trabajadores? ¿Qué pensar del ansia desaforada de “tener” a toda costa y de todo aunque se hipotequen las familias en el aspecto material, psíquico y afectivo? Dice el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia: Cuanto más profundos son los cambios, tanto más firme debe ser el esfuerzo de la inteligencia y de la voluntad para tutelar la dignidad del trabajo, reforzando, en los distintos niveles, las instituciones interesadas.

El atenuar las consecuencias negativas de los procesos económicos que vivimos es tarea de los poderes públicos, responsabilidad también de los empresarios y de los sindicatos y una llamada a la solidaridad entre los trabajadores y con aquellos que no tienen trabajo.

Ojalá que esta fecha del primero de mayo, fiesta de san José Obrero, modelo de todo trabajador, nos ayude a tomar conciencia del valor del trabajo que nos hace partícipes de la obra creadora de Dios, y nos ayude también a conocer y respetar los deberes y derechos de trabajadores y empresarios. Solo desde la responsabilidad y el respeto mutuo podremos construir una sociedad próspera en paz y libertad.

Con mi afecto y bendición, especialmente a los trabajadores que pasan por momentos difíciles.

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

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