RODRIGO ANDRES AVILA- Si hablamos del Camino neocatecumenal lo podemos hacer de diversas formas y enfoques, es común hacerlo en alusión a las particularidades litúrgicas que siempre lo han caracterizado, en la Eucaristía, el bautismo, etc. También es común la alusión a una “nueva estética”, tema ligado al anterior.
La particular forma de vivir la fe, en comunidades homogéneas y de tipo festivo, como también su pretensión de ser una respuesta al llamado conciliar de restaurar el catecumenado (Sacrosanctum concilium, 64) son también lugares de tentativa para querer expresar alguna forma de entender el Camino neocatecumenal.
A pesar de que no dejan de ser interesantes puntos de vista de este grupo eclesial he preferido seguir otro camino no intentando explicar ¿qué es?, sino ¿cómo es?; en este sentido creo que es interesante un acercamiento a la forma de espiritualidad neocatecumenal, pero no para entenderlo solo en forma colectiva, sino en forma individual también tomando en cuenta su eclesiología y el culto que le acompaña. En todo esto es importante destacar una figura que ocupa un lugar no menor en la alabanza religiosa y que impregna su espiritualidad, en la dimensión de compañera, madre y modelo: Maria.
Adentrarse en la forma como el Camino neocatecumenal vive la fe es adentrarse en la espiritualidad y teología conciliar y posconciliar, yo lo haré específicamente a través de la mariología, cuyos temas y propuestas el neocatecumenado ha tenido a bien recoger y hacer propias, por eso podemos formular ya la pregunta ¿cómo es el Camino neocatecumenal?:
Podemos responder que cristocéntrico, eso si, en una perspectiva claramente mariana. No podemos olvidar que al Padre se llega a través de un único mediador: Jesucristo, y a el llegamos a través del manto intercesor de Maria.
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