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Portada:: Reflexión en libertad:: LOS ÍDOLOS. TEST DE VALORACIÓN.




Como identificar y valorar un ídolo.

LOS ÍDOLOS. TEST DE VALORACIÓN.

 
Antonio Javier Denis Persiva
Wed, 12 Oct 2016 09:38:00

                A raíz de mi último artículo publicado y de mi libro (EL ENCUENTRO relato de un camino a Santiago… y al corazón) un amigo me apuntó la cita de Cortázar “el artículo de hoy envolverá el bocadillo de mañana”, añadiendo a continuación de su cosecha “no idolatres ni por bueno ni por malo… a por el siguiente”. Si la cita de Cortázar me pareció inteligente y acertada, la de mi amigo me pareció aún más. La cuestión de mi amigo me dejó intrigado, inquieto: ¿Qué es un ídolo?, ¿Qué características tiene?, ¿Cuántos ídolos tengo?, ¿Cómo puedo identificarlos en mi vida?, ¿Cómo influyen en mi vida?, al intentar no idolatrar y actuar precipitadamente ¿no puedes caer en sus “garras” sin darte cuenta?

                Para la resolución de estas cuestiones no hay mejor fuente que la que inspiró su concepto: Las Sagradas Escrituras. Pero más que un estudio sobre los ídolos voy a escribir lo que me sugiere este concepto siempre bajo la luz de la Palabra. Para acabar voy a intentar dar varias claves, a modo de test, para su identificación, no sé si lo conseguiré, pero el intento ya vale la pena.

                Algunos me acusan de que abuso con el pasaje del paraíso, pero creo que es el mejor relato para definir al hombre y su forma de ser y de actuar. Cuando el hombre fue expulsado del paraíso perdió su conexión con Dios, ¿qué le quedaba?, está claro que el corazón del hombre necesita ocuparlo con algo más grande, y ese algo fueron los ídolos (Jos 24, 2b “Al otro lado del Río habitaban antaño vuestros padres, Téraj, padre de Abraham y de Najor, y servían a otros dioses”).

La historia de Israel está llena de encuentros y desencuentros, de intentos de entrar en el “estatus” del paraíso y de las rebeldías, de alianzas y de desengaños, y también de fidelidades y de traiciones a Dios, sobre todo de estas últimas, de las que el pueblo llegaba a ser consciente sintiendo la necesidad de invocar su misericordia para evitar la perdición (Ex34, 8-9b “Al instante, Moisés cayó en tierra de rodillas y se postró, diciendo: … aunque sea un pueblo de dura cerviz; perdona nuestra iniquidad…”). Y la respuesta de Dios es siempre positiva (Ba 2, 27 “Sin embargo has obrado con nosotros, Señor Dios nuestro, según toda tu indulgencia y tu gran misericordia”). La respuesta definitiva nos la dio en Jesucristo, muerto y resucitado, como respuesta a la inconstancia y continua traición del hombre. Aunque el panorama no ha cambiado mucho, la actitud del hombre sigue rechazando el amor de Dios, sigue rechazando la salvación de Jesús. Sin embargo, la respuesta de Dios ya está lanzada y su resultado ya ejecutado, solo hay que conectar con dicho resultado, con dicha realidad. Eso se consigue, por un lado, desde la humildad, desde la realidad de incapacidad y, por otro lado, desde la ausencia de ídolos.

O sea que la actitud del hombre es como la del pueblo de Israel, mediocre, inconstante, traidora. Y lo que le marca el camino, el buen camino, siempre es Dios, su repuesta positiva. El hombre por sus fuerzas no llega a ningún puerto seguro. Ya lo intuyó Einstein con su famosa frase: “Cada día sabemos más y entendemos menos”. No se trata de saber, no se trata de esfuerzo, se trata de conexión, de búsqueda, de amor. El que crea que, en vida, ya tiene la salvación garantizada o es ignorante o es santo, y santos, “haberlos haylos” pero siempre con el patrón del pueblo elegido. Siempre con un pie a punto de salir del paraíso, siempre a punto de romper la alianza, siempre en lucha y en búsqueda. Pero siempre con la certeza del amor de Dios en sus vidas, una certeza profunda pero etérea a la vez, una certidumbre segura pero incierta al mismo tiempo. Efímera, transitoria, fugaz y que se hace definitiva en el momento de la muerte y del encuentro con Dios.

Entonces, ¿qué es lo que ocupa el corazón del hombre el resto del tiempo?, los ídolos. Para el cristiano, solo en determinados momentos, puede saborear de esa conexión, de esa ausencia de ídolos. Son los tiempos privilegiados del cristiano, el llamado “kairós”, el tiempo de Dios. Para los santos estos “kairós” son casi constantes y para el resto de la plebe, puntuales y esporádicos.

                La fuerza de los ídolos es tan grande, que en el antiguo testamento, se marca con extremada insistencia, pero con acertado discernimiento, la incompatibilidad entre Dios y los ídolos. Algunos autores hablan, que más que teología, debería haber otra ciencia más fructífera: la “idología”. También algunos autores hablan de la aparición en los albores de la humanidad del “homo religiosus”, yo hablaría más bien del “homo idolosius[1]”.

Pero entremos en harina. ¿Cómo se aterriza esto en nuestras vidas?, ¿Cómo se pueden identificar los ídolos en nuestra existencia? voy a proponer unas pocas claves, sirviéndome de varias lecturas de las Sagradas Escrituras. Fruto de estas claves surgirán unas cuestiones puntuables, de forma que nos darán los primeros valores que nos determinarán la categoría del ídolo a estudiar.

No te asuste si sale que sí. Nadie se libra de ellos. Solo algunos lo hacen pero solo de forma temporal o parcial. Estableceremos una escala para valorar el ídolo, ya sea un bien material o una situación o estado.

 

1.       AUSENCIA DEL AMOR DE DIOS. La necesidad de llenar el corazón con algo, es tan intensa, que el pueblo elegido, al igual que le pasa a todo mortal, siempre tiende a llenar su corazón o bien con Dios, o bien con ídolos, y como el primero no se ve fácilmente y nos deja en nuestra libertad, se escoge por la segunda opción (Ex 32, 1a “Cuando el pueblo vio que Moisés tardaba en bajar del monte, se reunió el pueblo en torno a Aarón y le dijeron: Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros, ya que no sabemos qué ha sido de Moisés…”).

Entonces en función de la obsesión por el ídolo, es decir, del espacio de tiempo y de la intensidad que ocupa el ídolo en nuestra vida diaria y cotidiana, este será más o menos importante y significativo.

CUESTIÓN 1:      ¿Se está obsesionado con el ídolo prácticamente todo el día y en los momentos de relax viene a la mente de forma enérgica o insistente?

¿Si hay alguna posibilidad de pérdida o destrucción del ídolo se siente un gran vacío o preocupación?

Un sí rotundo en todas las preguntas 10 puntos (5 puntos para cada una).

Un sí parcial en las dos 5 puntos.

Un no rotundo en las dos 0 puntos.

 

2.       FRUTOS DE LOS ÍDOLOS. Cuando se produce una adversidad, una desgracia, el corazón del hombre reaccionará de forma violenta (Ef 4, 30-31“No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, … Toda acritud, ira, cólera, gritos, maledicencia y cualquier clase de maldad, desaparezca de entre vosotros.”). La existencia de ídolos, fuertemente arraigados en el corazón del hombre, impide actuar al Espíritu Santo (Ga 5, 22-23 “En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley.”).

En función del ídolo adorado y de su importancia en nuestras vidas marcará una serie de pautas en nuestras reacciones frente a la vida y sus avatares.

CUESTIÓN 2:      ¿Se reacciona de forma violenta, depresiva o maliciosa frente a un ataque a nuestro ídolo o cualquier otro acontecimiento de pérdida o perjuicio en nuestra vida?

                                ¿Hay ausencia casi total de los frutos del Espíritu en nuestra vida?

Un sí rotundo en todas las preguntas 10 puntos (5 puntos para cada una).

Un sí parcial en las dos 5 puntos.

Un no rotundo en las dos 0 puntos.

 

3.       REACCIÓN SECUNDARIA ANTE LA PÉRDIDA DE UN ÍDOLO. En situaciones similares a la anterior y una vez pasado el enfado y la “rabieta”, el corazón del hombre tiende a suplir la adversidad sufrida, retroalimentando lo que tiene en su corazón. Como Jonás que después de haber sido tragado por el gran pez, se acoge a su Dios, y al final, sale airoso de la situación. Aunque advierte de la actitud contraria que lleva al abandono de la gracia, del amor de Dios, del verdadero sentido que le da la auténtica vida al hombre (Jon 2, 2.8-9 “Jonás oró a su Dios desde el vientre del pez… Cuando mi alma en mí desfallecía me acordé de Dios, y mi oración llegó hasta ti… . Los que veneran vanos ídolos su amor abandonan.”). Si su corazón está lleno de ídolos cogerá uno y lo adorará, le ofrecerá sacrificios, incluso grandes sacrificios, como hacían en la antigüedad los vecinos de Israel que practicaban la inmolación humana (Dt 18, 10 “No ha de haber en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego”). Se volcará hacia él como su salvación pero responderá vacío (Is 44, 9 “¡Escultores de ídolos! Todos ellos son vacuidad; de nada sirven sus obras más estimadas; sus testigos nada ven y nada saben”).

CUESTIÓN 3:      ¿Después de un ataque hacia un ídolo o su pérdida, o después de una pérdida o perjuicio en nuestra vida y una vez pasadas las reacciones iniciales, tu corazón y tu consuelo son los ídolos caídos u otros nuevos?

¿Después de los momentos antes descritos, no ves en absoluto la gracia y el amor de Dios en tu vida?

Un sí rotundo en todas las preguntas 10 puntos (5 puntos para cada una).

Un sí parcial en las dos 5 puntos.

Un no rotundo en las dos 0 puntos.

 

4.       DINERO. El ídolo que ocupa el “hit parade” en la LISTA DE ÍDOLOS es el dinero (Mt 6, 24 “Nadie puede servir a dos señores; ... No podéis servir a Dios y al Dinero). En lo que gastemos gran parte de nuestro dinero nos dará una indicación de donde está nuestro corazón. También si no damos nada de limosna, cooperación, u otro tipo de donativo y no hacemos algo por “despreciarlo”, es un indicativo obvio de que no se está en la adoración correcta. Se adorará directamente al dinero o a otro ídolo. Está claro que si uno tiene poco dinero se lo gastará en lo básico, pero aún en esos casos hay lugar para la limosna, para despreciar al ídolo del dinero (Mc 12, 43b-44 “…esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.”).

En función de nuestra relación con el dinero y de nuestro desprendimiento tendremos más o menos ídolos. También, en función de esa relación, serán más o menos influyentes, y esclavizantes, en nuestra vida.

CUESTIÓN 4:      ¿Ves al dinero como un aspecto fundamental en tu vida y que SI puede, por si mismo, proporcionar la felicidad?

¿En momentos de debilidad, de pérdidas o de dudas, eres incapaz de darlo, como una ayuda a tu situación, en forma de limosna o donativo?

Un sí rotundo en todas las preguntas 10 puntos (5 puntos para cada una).

Un sí parcial en las dos 5 puntos.

Un no rotundo en las dos 0 puntos.

  

                AUSENCIA DE ÍDOLOS

El balance será el siguiente, la ausencia de ídolos conllevará estar continuamente satisfecho con el amor de Dios en nuestra vida, alimentándonos continuamente de su gracia, y buscándolo y encontrándolo a Él en todo acontecimiento (punto 1). Ante un ataque a nuestro ídolo o sucedáneo, o ante cualquier desgracia o revés en nuestra vida se estará tranquilo, haciendo lo que se pueda, pero esperando en Dios, y en todo momento, en todo, aparecerán los frutos del Espíritu Santo en nuestra vida (punto 2). Después de que pasen los primeros efectos de las situaciones anteriores, se verá la acción de Dios, y nuestro corazón se regocijará en su Amor hacia nosotros y hacia el de los demás. También estará ausente, la existencia de cualquier duda de su Amor hacia nosotros (punto 3). El dinero se dará, en forma de limosna o donativo, con determinación y ánimo, viéndolo como una ayuda para ver el Amor de Dios en nuestras vidas con mayor intensidad (punto 4).

Total, que se conseguirán fácilmente los 40 puntos. Muy bien, si te has conseguido acercar a esta cifra, dale gracias a Dios, porque ha sido Él, el que te ha regalado esa actitud.

 

EXISTENCIA DE ÍDOLOS

                El balance de la existencia de ídolos en nuestra vida será el siguiente. Se estará continuamente buscando nuevos ídolos o alimentado los existentes en nuestro corazón. El Amor de Dios no tendrá cabida en nosotros, y si se conoce, solo será de forma intelectual y superficial (punto 1). Ante un ataque a nuestro ídolo o cualquier tribulación se reaccionará de forma violenta, depresiva o maliciosa. El descontento, la irritación, la destemplanza, la ira, la violencia, la infamia y toda clase de maldad se hacen normales entre las actitudes de nuestra vida (punto 2). Tras los primeros momentos de ataque o agresión a nuestro ídolo, de nuestro corazón nacerá el volverlo a construir, ensalzar y adorar. Solo se tendrá una obsesión, la vuelta al ídolo perdido, o en su defecto a otros sustitutos (punto3). El dinero será el adorado o el que se utilice para adorar al ídolo principal. Será el tributo, el sacrificio reclamado por los otros ídolos. De esta manera el dinero se acaparará con avaricia y solo se gastará para aquello que nos beneficie directamente a nosotros o a nuestros ídolos. La limosna  y los donativos no existirán. Dios y su Amor, o no existirán en nuestro corazón o solo se conocerán de forma intelectual, fría, sin sentimiento.

                Al final de este balance, no se obtendrán muchos puntos en esta prueba. Si has tenido la valentía de hacer et test y de caer en este grupo, te doy la enhorabuena, por dos motivos. Primero, es porque has tenido la valentía de reconocerlos y de destaparlos. Y segundo, porque estás “dentro” de lo normal. Con eso y con todo, ten cuidado, los sacrificios que reclamen tus ídolos, si no pones remedio, puede que vayan a más y que te esclavicen aún más.

 

                BALANCE FINAL

Solo cabe una respuesta, volverse a Dios, abandonar los ídolos y esperar la gracia de Dios. Para volverse a Dios es recomendable llenar el corazón con Él. ¿Cómo?, las Escrituras nos dan la respuesta: “Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia” (Col 3, 12). Pero esto no deja de ser una declaración de buenas intenciones. Para hacer efectiva esa elección, esa conexión con Dios, hay que acercarse todo lo que se pueda a su palabra, a sus sacramentos, a las obras de misericordia, sin olvidarnos de nuestras limitaciones y pidiendo continuamente los frutos del Espíritu para que nos sean regalados. Es decir, Amando. Y por supuesto, despreciando al dinero. Cada uno verá de qué forma. Limosnas, donaciones, ayudas.

Cabe destacar que este combate, esta exploración, es mejor realizarla en comunidad, en compañía de otros hermanos también necesitados. Con la misericordia y la tolerancia como requisitos imprescindibles de convivencia y de relación (Col 3, 13 “soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros.”). Conociendo nuestras limitaciones y sospechando de nuestras presuntas victorias o santidades, atribuibles totalmente a lo alto. Denunciando con humildad cristiana (¿hasta la muerte en la cruz…?) las idolatrías de los hermanos y aceptando nuestras limitaciones y sus correcciones.

En definitiva, siempre en lucha, siempre buscando, siempre pidiendo. Desde nuestros límites pero con toda la dignidad de la que estamos hechos y de la que estamos separados por culpa de nuestro pecado original y de nuestro pecado cotidiano, cuya manifestación se consuma en nuestros ídolos. Por eso es importante identificarlos, destaparlos, combatirlos y sustituirlos por Dios y por su Amor.

Ánimo, la idolatría es un hecho de cotidianeidad casi permanente en la vida del cristiano. Es una oportunidad de mejora. Una circunstancia divina para volverse hacia Dios. ¡Ojalá tengas la oportunidad de verlos, de identificarlos, de destaparlos!, sin importar como los descubres, a través de la oración, de este artículo, de la denuncia o comentario de un hermano, de un acontecimiento traumático, de lo que sea. Y no te olvides, Dios te ama, profundamente, plenamente, completamente, pero los ídolos que anidan en tu corazón nos alejan de ello: ¡


[1] Término inventado por mí en este artículo.






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