Si medito acerca del progreso alcanzado por la humanidad a lo largo del tiempo puedo sentirme orgulloso. El hombre ha aumentado sus conocimientos acerca de la vida y del universo, hasta unos niveles formidables. Ha alcanzado metas inimaginables en los campos del saber y el conocimiento. Ha buscado la belleza y la ha plasmado en multitud de creaciones, que atraviesan el tiempo para seguir causando asombro a los que las contemplan.
Si contemplo la historia de los pueblos que han ido sucediéndose a lo largo del tiempo quedo sobrecogido por la cantidad de muerte, dolor y sufrimiento que nos hemos causado unos a otros. Imperios poderosos y grandes construcciones políticas, han ejercido su dominio sobre pueblos y territorios, para desaparecer a manos de otros, sustituyéndose entre guerras y muerte, victorias y derrotas, explotaciones y genocidios, sin llegar a alcanzar nunca el equilibrio de una paz perpetua y justa.
Podemos creer en algunos momentos que puede establecerse un sistema de paz, armada o desarmada, pero pronto comprobamos que se vuelven a producir enfrentamientos, que surgen guerras y las armas se activan para matar, aunque no dejemos de hablar de medidas de seguridad desde altos organismos, incapaces de organizar un gobierno mundial efectivo.
Cada persona que llega a la vida desea ser feliz, aunque no tenga ninguna idea clara de cómo lograrlo. Unos buscarán la felicidad en la posesión de cosas, en el consumo compulsivo de bienes y placeres. Otros serán felices haciendo felices a los demás porque habrán encontrado el amor. Algunos entenderán que la felicidad puede encontrarse en la verdad, la belleza y la bondad,