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CAMINEO.INFO.-

Domingo XXXI T.O.: El primero entre vosotros será vuestro servidor

 
Sat, 29 Oct 2011 22:52:00

CAMINEO.INFO.-

MALAQUÍAS 1, 14b-2, 2b. 8-10
SALMO 130
TESALONICENSES 2 7b-9. 13
MATEO 23, 1-12


Jesús con sus palabras hace una foto muy definida de los Fariseos:

“No hacen lo que dicen”, “todo lo que hacen es para que los vea la gente”, “les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas”, “que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros”.

En un lenguaje popular podríamos decir que los fariseos eran los “más chulos del pueblo”.

¿Cuál es el problema de los Fariseos? ¿Qué les pasa? Lo que les pasa es algo muy próximo a todos nosotros. Tienen un problema que también nosotros tenemos: en lenguaje bíblico su problema tiene un nombre y se llama: orgullo. Todo lo que Jesús les critica nace del orgullo.

Vamos a analizar dos de las críticas que Jesús hace a los fariseos y descubriremos este trasfondo.

La primera crítica que hace a los fariseos es: “no hacen lo que dicen”. Su comportamiento, su hacer, no es coherente con sus palabras. ¿Por qué “no hacen”?, porqué se creen buenos para cumplir unas normas y no quieren ir más allá. El orgulloso mira lo poco que ha hecho, el humilde todo lo que podría hacer...

Hace unos meses comía con un amigo no creyente y me decía: “No creo en Dios porqué no veo nada diferente en las personas que van a misa”. Yo le decía: “Es una crítica injusta, porqué sé de mucha gente que hace mucho por sus hermanos (...), pero he de reconocer que hay una parte de verdad”. También nosotros, a veces, “decimos y no hacemos”.

Aquí dentro de la iglesia hablamos de caridad, de amar a los enemigos, a los pobres, de perdonar siempre y en todo lugar, de construir el Reino de Dios, de ser luz y sal, de evangelizar, de ser servidores, de morir por los otros ... pero ... y fuera ... ¿lo vivimos?, o mejor dicho ¿lo intentamos vivir... ?. Porqué esto es la vida cristiana, intentar vivir cristianamente. Intentarlo cada día, sin desfallecer...

Quizá llevamos la etiqueta de cristianos (decimos que lo somos), pero no vivimos como cristianos (“no hacen lo que dicen”).

Quizá también a nosotros, a mí el primero, el orgullo nos hace ver lo que hacemos (que no es demasiado) y ya nos creemos buenos... Decía San Ignacio de Loyola: “Somos puro impedimento”. Dios quiere hacer maravillas en nosotros y nosotros se lo impedimos … Podríamos hacer tanto... abiertos verdaderamente a Dios.

La segunda crítica de Jesús a los fariseos es que buscan recibir honores, destacar, ocupar los primeros lugares, que la gente les salude y les llame maestro.

Es el orgullo lo que provoca este comportamiento. No actúan de cara a Dios si no para ser bien vistos de la gente. No buscan la gloria de Dios sino la propia.

Esto es muy, muy fácil, que también nos pase a nosotros: que lo que hacemos lo hacemos más pendientes de los otros, del qué dirán, del qué pensarán, de quedar bien delante de los otros, que no de hacerlo para agradar a Dios.

Esto nos exige mirar nuestras motivaciones, hacer una mirada a nuestro interior para descubrir la motivación para hacer las cosas... Nosotros podemos hacer una cosa buena, pero si lo hacemos porqué los demás nos vean, hablen bien de nosotros, entonces esta obra buena no nos hace bien, sino todo lo contrario.

Resumiendo: Lo que encontramos en los Fariseos es orgullo, y lo que encontramos a faltar es.... ¡la caridad! Caridad que les llevaría a “decir y hacer”, y a buscar el bien de los demás y no su propio bien.

Por esto, Jesús acaba esta escena apelando a una actitud radicalmente evangélica: ser servidor, y servidor humilde, que no se busca a sí mismo, sino el bien de los demás.

Decía el Papa Benedicto a los voluntarios de la Jornada Mundial de la Juventud: “En cierto sentido, habéis hecho realidad las palabras del Señor: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35). Tengo la certeza de que esta experiencia como voluntarios os ha enriquecido a todos en vuestra vida cristiana, que es fundamentalmente un servicio de amor. El Señor trasformará vuestro cansancio acumulado, las preocupaciones y el agobio de muchos momentos en frutos de virtudes cristianas: paciencia, mansedumbre, alegría en el darse a los demás, disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios. Amar es servir y el servicio acrecienta el amor.”

San Ignacio de Loyola decía: “Si no vivo para servir, no sirvo para vivir”.

Acabo ya, recuerdo una escena de una película de Jesús, “El hombre que hacia milagros”: los discípulos y Jesús han caminado mucho, está oscureciendo, se paran en un lugar para dormir, los discípulos comienzan a discutir quien será el primero en el Reino de Jesús, y en medio de estas discusiones llega Jesús todo sonriente, cargado de leña para hacer un fuego, a Jesús no le hace falta decir ni una palabra y los discípulos bajan la cabeza.

Lo importante es servir: para uno mismo y para los demás.

Que la comunión que viviremos con Jesús que no ha venido a hacerse servir sino servirnos a nosotros nos haga a nosotros personas servidoras. Y así ¡diremos y haremos!






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