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Domingo XVIII Tiempo Ordinario:

 
Sun, 05 Aug 2012 10:48:00

CAMINEO.INFO.-

Ex 16,2-4.12-15:

"Yo haré llover pan del cielo"
Sal 77: "El Señor les dio un trigo celeste"
Ef 4,17.20-24: "Vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios"
Jn 6,24-35: "El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed"

Hoy las lecturas, primera y evangelio, nos hablan de la comida, del alimento. Es el tema principal de las lecturas de hoy.

Cada día alimentamos nuestros cuerpos, y procuramos llevar una dieta equilibrada, procuramos que haya fruta, verdura, carne, pescado, pan, cereales, etc.... Nuestro espíritu también necesita una dieta equilibrada. Hemos de mirar cómo alimentamos nuestro espíritu.

El cuerpo si no lo alimentamos bien, en seguida nos avisa: el estómago hace ruido, o nos adelgazamos o nos engordamos, o no tenemos fuerzas. Con todo esto, el cuerpo nos avisa de una mala alimentación.

También el espíritu nos avisa de una mala alimentación: si hay tristeza, queja constante, todo se ve negativo, pocas ganas de hacer lo que se ha de hacer, falta de ilusión, de esperanza, cerrados en uno mismo, etc.... Todo esto nos avisa de que el espíritu no está bien alimentado, no llevamos una dieta equilibrada. Si experimentamos estos signos tendríamos que revisar nuestra dieta. Nos hemos de preguntar: ¿Cómo alimentamos nuestro espíritu?
Las personas que dan importancia a la alimentación tienen un dietista y siguen sus criterios. Las personas preocupadas por su alimentación espiritual pueden tener un director espiritual, o acompañante espiritual, alguien que les ayuda a descubrir como vivir una “dieta equilibrada”.

¿En q ué consistiría una dieta equilibrada? La respuesta nos la da el evangelio.

Empiezo explicando el contexto de la escena: los fariseos habían convertido la relación con Dios en un hacer cosas: el reposo del sábado, circuncidar los niños cuando nacían, hacer en el templo las ofrendas que manda la ley, pagar el diezmo, participar de las fiestas rituales, purificarse las manos antes de comer, y así hasta más de 250 prescripciones de lo que se tenía que hacer y de lo que no se tenía que hacer. Era una piedad muy externa, muy centrada en lo exterior y poco en una relación personal con Dios…

Por esto cuando sale un nuevo maestro, con una enseñanza diferente, que hace signos prodigiosos, que ha reunido a su alrededor unos discípulos, a este hombre, la gente del pueblo le hace una pregunta clave, central, determinante, para sus vidas: “¿qué debemos hacer para actuar como Dios quiere?”. Lo que le están diciendo es: en medio de tantas prescripciones que es preciso cumplir, que muchas de ellas no entendemos y no nos dan la vida, tú ¿qué dices que tenemos que hacer...?

La respuesta de Jesús trastorna los planteamientos de los interlocutores. Ellos esperaban que destacaría alguna de las prescripciones que la ley, que los fariseos, mandaban, y no les responde con ninguna acción a hacer, en ninguna práctica religiosa, les dice: “Lo que Dios espera de vosotros es que creáis en aquel que Él ha enviado”.

No se trata de hacer cosas, se trata de una adhesión personal a Él mismo, a Jesucristo. Se trata de creer que Jesucristo es realmente, como nos dice hoy, el enviado del Padre, que viene para dar vida al mundo, para que no pasemos hambre y no tengamos sed, lo cual quiere decir que nuestros deseos más profundos, nuestra realización como personas encuentre en Jesucristo su fuente. Y Él pueda actuar en nosotros.

Por tanto, ya tenemos el ingrediente esencial de nuestra dieta equilibrada: Jesucristo. Nuestra religión es cristocéntrica, está centrada en Cristo, por tanto todo lo que hacemos nos tendría que llevar a que Jesús pudiera actuar más en nosotros.

La respuesta de Jesús ha sido muy audaz. Le preguntan: “¿qué debemos hacer para actuar como Dios quiere?”. Y Él contesta refiriéndose a él mismo; creed en mí. ¡Es muy fuerte! Y entonces le vuelven a preguntar: “¿Y qué señal puedes ofrecernos para que al verla, te creamos?”. Y Él contesta refiriéndose al pan del cielo, a la eucaristía.

Esto es tremendamente significativo. Jesús, el creer en Él lo hace pivotar, lo fundamenta, en la eucaristía.

Las palabras de Jesús nos iluminan la importancia que debería tener la eucaristía en nuestras vidas. Como que los próximos domingos seguiremos con el capítulo VI de Juan, seguiremos hablando de la eucaristía.

Estas palabras de Jesús descolocan totalmente a aquellos que se declaran “creyentes no practicantes”, aquellos que dicen que creen en Jesucristo pero no van a misa. Escuchando hoy a Jesús, vemos que esto es inconcebible, porque para creer en él hace falta vivir la eucaristía.

Jesús mismo dice en el evangelio de hoy que este pan del cielo “da vida al mundo”. No podemos decidir nosotros la dieta, Jesús mismo nos la indica.

Resumiendo: hace falta alimentar nuestro espíritu, hace falta que nos preguntemos cómo alimentamos nuestro espíritu, hace falta llevar una dieta equilibrada, en la cual Jesucristo es el centro de esta dieta y la eucaristía el camino principal para encontrarse con Jesucristo.






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