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Portada:: Homilia:: Ciclo C:: Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»

     




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CAMINEO.INFO

Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»

Sun, 17 Oct 2010 06:55:00

CAMINEO.INFO.-

Éxodo 17, 8-13
Sal 120, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8
Timoteo 3, 14-4, 2
Lucas 18, 1-8


La primera lectura y el evangelio nos presentan una cosa que hacemos todos: la oración de petición. Hoy la palabra de Dios quiere enriquecer nuestro modo de hacer la oración de petición.

Para enriquecer nuestra manera de rezar vale la pena resaltar las palabras del evangelista Lucas: “En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin perder nunca la esperanza, les propuso esta parábola” Qué gran belleza y profundidad hay en estas palabras... “orar siempre, sin perder nunca la esperanza...”

La parábola que Jesús explica después, expone clarísimamente el fundamento de nuestra esperanza: parece que Jesús con esta parábola nos invita a darnos cuenta de a quien pedimos. Jesús parece que nos indique: “antes de hacer vuestras peticiones, debéis pensar, actualizar a quien vais a dirigir vuestra oración.” “Si el juez injusto ha sido capaz de atender la petición de la viuda, cuanto más vuestro Padre del cielo dará a sus hijos aquello que le soliciten”. El fundamento de nuestra esperanza es que nos dirigimos a Dios Padre que nos ama.
¡Nuestra esperanza tiene fundamento! Jesús quiere encaminarnos hacia una oración absolutamente confiada en el amor de nuestro Padre Celestial.

Dicho esto surge con toda su radicalidad la pregunta: Y si nuestro padre celestial es tan bueno ¿por qué a veces no responde a nuestras peticiones?....

Esta pregunta está mal formulada: Dios no deja nunca de atender, de responder, ninguna de nuestras peticiones. Repito: nuestro padre celestial no deja nunca de atender ninguna de nuestras peticiones… pero a veces nos responde de un modo que no esperamos.

Pongamos un ejemplo: el abuelo se pone enfermo, y en la familia nos ponemos todos a rezar intensamente por la salud del abuelo, pero el abuelo se muere. ¿Qué ha pasado? ¿Dios no nos ha escuchado? ¿Dios a veces no nos hace caso? No. Dios sí nos ha escuchado, Dios sí nos ha respondido, no como nosotros esperábamos, pero sí ha respondido dándonos fuerzas para que vivamos esa muerte con serenidad, con paz, de manera que nos una más a Jesucristo.


Pero a continuación surge otra pregunta: ¿Por qué Dios no nos da aquello que pedimos? Hay varios motivos:
• Porque pedimos cosas equivocadas, que no nos convienen. Pedimos que nos toque la lotería o que…

• Porque pedimos alguna cosa buena pero que no forma parte del plan de Dios. Dicen que nuestra vida terrenal es como un tapiz visto por detrás, que no ves bien el dibujo, que intuyes que es cada cosa pero que no lo acabas de ver claro, y que cuando llegamos al cielo entonces vemos el tapiz por delante y vemos la totalidad de nuestra vida y a la luz de Dios entendemos todo lo que nos ha ocurrido. Podemos estar pidiendo una cosa buena, pero que no forma parte del plan de Dios.

• Porque pedimos más pendientes de que se haga nuestra voluntad que de descubrir nosotros la voluntad de Dios. Sobre el cómo pedir, Jesucristo nos da también una lección clave para vivir adecuadamente la oración de petición: Jesucristo en el huerto de los olivos dirá: “Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz”. Es una oración de petición a su Padre, pero luego añade algo que nosotros deberíamos añadir siempre a nuestras peticiones “pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya Padre”.

• Quizá Dios no nos concede lo que pedimos, porque pedimos con poca fe. Un ejemplo: vuestros hijos, nietos, sobrinos o maridos no van a misa desde hace años. ¿Pedís a Dios que les dé el don de la fe o ya os habéis cansado de hacerlo? Recordemos las palabras del evangelista: “orar siempre, sin perder nunca la esperanza”. Santa Mónica estuvo años y años rezando por la conversión de su hijo: San Agustín. No perdamos la esperanza, no dejemos nunca de rezar para que las personas que amamos se enamoren de Jesucristo y vuelvan a la Iglesia. Y así tantas cosas por las que pedir.

Enigmáticas e inquietantes son las palabras con las que hoy Jesús acaba el evangelio: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?”. El evangelio de hoy a partir de un tema práctico como la plegaria de petición nos lleva a mirar nuestra fe… si “rezamos siempre, sin perder nunca la esperanza” entonces nuestra fe está sana y fuerte y si no es así nos hace falta decir, como los discípulos decían hace dos domingos: “Señor auméntanos la fe”.

Si uno presta atención descubrirá que la eucaristía es una inmensa oración de petición, hecha en el Espíritu Santo, por Jesucristo, al Padre celestial, vivámosla con mucha fe.


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