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Domingo XXXI T.O. Ciclo "C": "HOY VOY A HOSPEDARME EN TU CASA"

 
Sat, 02 Nov 2013 23:58:00

CAMINEO.INFO.-

Sb 11, 23-12,2
Salmo:
144
2Tes
1, 11-2,2
Lc
19, 1-10

Hay textos evangélicos tan ricos que se pueden comentar frase por frase, es lo que voy a hacer hoy con este relato de la conversión de Zaqueo.

“En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad”.

También Jesús pasa por nuestros pueblos y ciudades, también Jesús se acerca a nosotros y pasa a nuestro lado, y se hace encontradizo. Hemos de aprender a mirar para descubrirlo. Aprender a mirar parece una tontería, pero no lo es. Con los adolescentes y jóvenes hemos empezado un itinerario y el primer paso ha sido: aprender a orar con la vista. En la ficha se nos decía: “Se puede mirar de muchas maneras… Pero sólo una es la adecuada. ¡Aprender a mirar es un ejercicio imprescindible!” No podemos imaginar un Jesús distante e indiferente a nosotros. Se nos acerca y hemos de descubrirlo.

“Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico”. Zaqueo era un hombre concreto, con una historia concreta. Con sus virtudes y sus pecados. Con sus deseos de bien y sus incapacidades para llevarlos a cabo. Los cobradores de impuestos estaban muy mal vistos, pues colaboraban con los invasores romanos y abusaban de su situación, pues Zaqueo era jefe de los cobradores de impuestos == muy rico.

“trataba de distinguir quién era Jesús”.
Zaqueo “trataba de distinguir”, en él hay un interés, hay un deseo de conocer a Jesús. Sin este deseo no hay un cristianismo real y vivo. Es esencial desear ver/conocer a Jesús. ¿Tenemos nosotros esta actitud “le tratamos de ver”? ¿Le tratamos de conocer? Un signo de si tratamos o no de verle es nuestra actitud hacia el evangelio, donde Jesús se nos revela, se nos muestra, nos habla, nos ilumina. Ignorar el evangelio es ignorar a Cristo.

“pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura”.
En nuestra vida también hay obstáculos que nos impiden ver a Jesús... Las preocupaciones del mundo, el afán de poseer, la superficialidad, el no tener tiempo para Dios, el creer que las cosas del mundo nos darán la felicidad, el no vivir en gracia de Dios. Todo ello son obstáculos que nos impiden ver a Jesús, gozar de su presencia. ¿Qué me impide ver a Jesús? (a responder en el silencio de la oración).

“Corrió más adelante”
Se acercó “corriendo”. Correr es un verbo que denota una actitud vital, de fuerza, de entusiasmo, de motivación. ¿No estaremos un poco adormecidos en nuestra vida espiritual?

“y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí”.
¿Dónde me encaramo para ver a Jesús? ¿En qué me apoyo para verle, para conocerle? ¿Por donde pasa Jesús para que pueda verle? La Iglesia lleva dos mil años respondiendo estas preguntas: para verle, para conocerle, para encontrarle: evangelio, oración, sacramentos, pobres…


“Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: “Zaqueo baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”.
Jesús le llama personalmente, por su nombre, le distingue entre la multitud. Esta frase Jesús nos la dice hoy a cada uno de nosotros: “Francesc …” ¡Repítetela! Es una frase con gancho, que hace que nuestro corazón se abra. Buena manera de empezar la oración.

Jesús le dice: “baja en seguida”, “porque hoy tengo”. Jesús tiene prisa por entrar en vuestra casa, en vuestra vida, en vuestro corazón. Él llama a nuestra puerta, somos nosotros los que le debemos abrir con fe.

“Él bajó en seguida y lo recibió muy contento”.
Zaqueo se siente valorado por Jesús, también nosotros. Jesús le presta atención, Jesús tiene un signo de amistad hacia él, hacia nosotros, fuente de alegría.

Ayer nos decía el Papa: “Hoy, en esta fiesta, los santos nos dan un mensaje. Nos dicen: “¡Tengan confianza en el Señor, porque el Señor no desilusiona! No desilusiona nunca, es un buen amigo a nuestro lado.” ¡Jesús es vida! ¡Es verdad!, ¡Es luz! … ¿lo creemos? ¿Creemos que es mi vida, mi verdad, mi luz? ¿Vivo como si Jesús fuera mi vida…? No tengáis ninguna duda: lo mejor que nos ha pasado en nuestra vida es ser cristianos, pero para que sea lo mejor hay que vivirlo, hay que vivir en Cristo.

“Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”.
Nos van a criticar, no nos preocupemos ni un segundo. También a Jesús le pasó. ¡Qué escándalo, Jesús en casa de un pecador! Jesús puede entrar en la casa del pecador, pero no puede entrar en la casa del autosuficiente. Jesús sólo puede acercarse a los que se sienten pecadores, Jesús sólo puede ayudar a los que reconocen su culpa, su pequeñez, su necesidad de ser salvados.

“Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: “Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más”
Zaqueo se convierte y cambia de vida. La relación con Jesús conlleva un cambio de vida. Es una constante en los evangelios, el que se acerca a Jesús con las actitudes adecuadas cambia de vida. ¿Jesús me ha cambiado la vida? ¿Mucho, poco, moderadamente, totalmente? El que vive en Cristo es una criatura nueva.

“Jesús le contestó: "Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán”.
¿Nos sentimos salvados? ¿Hemos experimentado la salvación? La salvación no la situamos en el momento de morir: “ha sido un buen cristiano se ha salvado”. No. La situamos en nuestro presente. ¿Jesús me ha salvado?

“Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.
Qué expresión más bella y poética, “buscar y salvar...”nos busca y nos salva… y a nosotros nos corresponde dejarnos encontrar y dejarnos salvar. ¿Cómo? Lo decíamos antes: ¿Dónde me encaramo para ver a Jesús? ¿En qué me apoyo para verle, conocerle? La Iglesia lleva dos mil años respondiendo estas preguntas: para verle, para conocerle, para encontrarle: evangelio, oración, sacramentos, pobres.






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