La crisis actual ha sacado a flote mucho de nuestra naturaleza humana y para bien o para mal: muchos se ven aquejados por la crisis, y por ello se sienten frustrados, sienten que el dinero no les rinde y deben ingeniárselas para hacerlo rendir. Algunos han sido víctimas del hampa, muchas veces enlutando sus hogares y la ilusión de vivir esta fecha a plenitud. Otros han optado por evadir la realidad y refugiarse en muchas actividades y compras, utilizando esta fecha para evadirse un poco con la ruptura de la rutina.
Se ha visto que se sigue disparando el consumo, en una especie de “comamos y bebamos que mañana moriremos”, las ventas de todo lo que sirve para evadir la realidad se ha incrementado: Cable; alcohol; antidepresivos; somníferos; cachivaches de toda clase; loterías y juegos de azar; viagra; aparatos electrónicos de última generación, etc.
El filósofo ateo Nietzsche dijo una vez “aquél que tiene un por qué en su vida, sabe reponerse a cualquier cómo”. Quizá en estas palabras nos ayuden a encontrar la respuesta: Como cristianos hemos perdido la brújula en cuanto a lo que le da sentido a la navidad, queramos admitirlo o no, y como dice el escritor Antoine de Saint-Exupery “Lo esencial es invisible a los ojos”.
El sentido verdadero de la Navidad está en Jesús, nuestro Señor y Redentor. Aquél que dio su vida por nosotros, el Dios-hombre, recordar esto es lo que ha de configurar el por qué y el para qué de nuestra navidad, y lo más importante. nos ayudará a encontrarle sentido al cómo la celebremos.
Hemos de nutrir nuestra navidad de la belleza el Evangelio, para redescubrirla en cada momento, para encontrar un nuevo “cómo” a la celebración, un cómo que vaya más allá de lo material, y que nos ayude a redescubrir los valores que nos hacen ser hermanos en Cristo y por lo tanto una gran familia universal.
Nuestro Papa, Benedicto XVI, nos recuerda que: La Sagrada Escritura mani