Zaragoza/ESPAÑA.- Siempre es triste que se cierre una casa religiosa, pero todavía más, si es el único monasterio masculino de vida contemplativa en una extensa provincia eclesiástica como la de Zaragoza. Ante esta realidad, la marcha de los cartujos de Aula Dei, los distintos grupos de la Parroquia de Nuestra Señora del Coro de los Ángeles de Peñaflor de Gallego (Zaragoza) han escrito la carta que reproducimos a continuación. En ella se muestra la deuda histórica contraída por este pueblo y toda la Archidiócesis a la Orden Cartujana. Una deuda espiritual que supera con creces a una deuda material que sin duda no se puede satisfacer. Vaya nuestro agradecimiento a Dios por la presencia de los cartujos en tierras zaragozanas y nuestra oración para que en ellas florezcan nuevos cenobios.
“Fue el día 29 del mes de febrero del año bisiesto de 1564, momento en el que, el entonces Arzobispo de Zaragoza, D. Hernando de Aragón, nieto del Rey Católico, colocó la primera piedra del Monasterio de la Real Cartuja de Santa María de Aula Dei.
Cuando han transcurrido casi 460 años de su fundación, en el presente año 2012, también en el mes de febrero y siendo asimismo año bisiesto, se ha producido el abandono del Monasterio de Aula Dei por los cartujos que la habitaban y regían bajo la regla constituida por San Bruno. No queremos entrar en los motivos de tal acontecimiento, pero si decir que lo sentimos en lo más profundo de nuestro ser.
Solamente hubo un pequeño periodo de tiempo durante el cual la Cartuja de Aula Dei no estuvo ocupada por los monjes cartujos, el que va desde la exclaustración y desamortización de Mendizabal (1835-1836) hasta la restauración de la Cartuja en el año 1903.
Para los habitantes de Peñaflor, la Cartuja de Aula Dei, como tal, no solo ha sido importante por haber llegado a tener fama internacional, como consecuencia de encontrarse en ella, y en buen estado, siete de los once óleos que el genial pintor Francisco de Goya plasmó en su juventud (1774) sobre las paredes de su iglesia, o, también, por haber sido declarada, mediante Real Decreto del 16-2-83, Monumento Histórico Artístico de carácter Nacional; la verdad es que lo importante ha sido la cercanía de los cartujos que los vecinos de Peñaflor hemos sentido constantemente durante esos más de cuatrocientos años: Recordamos sus paseos por las tardes, una vez a la semana, cuando se acercaban a Peñaflor o lo cruzaban, recorriendo sus distintos caminos; su sonriente saludo transmitía e irradiaba felicidad. Los agricultores (Peñaflor, hasta hace pocos años, fue una localidad eminentemente agrícola) tuvieron contactos permanentes y fluidos con los cartujos. Y estos, en momentos precisos, llegaron a involucrarse con los problemas o proyectos de Peñaflor. A título de ejemplo, y entre otros muchos casos, se pueden mencionar dos hechos concretos que, por su trascendencia social, lo demuestran: El primero, la inauguración, el 3 de noviembre de 1911, de la escuela de niños y niñas en la torre El Ventorrillo, que atendió hasta fechas muy recientes la instrucción y educación primaria de los pequeños núcleos de población próximos a la Cartuja, bajo su importante aportación patrimonial y pecuniaria. El segundo, la restauración en 1912, de la antigua ermita de San Cristóbal, patrono de Peñaflor, lugar emblemático del mismo.
A través de su silencio, hemos experimentado su presencia; y su oración y sentido de la vida nos han dejado una profunda huella. Ciertamente, muchos de nosotros los vamos a echar de menos.
Los Cartujos de Aula Dei ya no velaran de cerca nuestros sueños; sin embargo, sabemos que nos tendrán siempre presentes y rogaran por nosotros ante el Dios que da vida. Siempre ha sido así desde que la Orden Cartujana fuera fundada por San Bruno. Nos queda el consuelo de pensar que para los cartujos todo va a seguir igual, pues estamos seguros que el lema de la Cartuja seguirá siendo su norte y su guía: Stat Crux dum volvitur orbis, cuya traducción podría ser: “La cruz sigue estable mientras el mundo gira (o cambia)”.
Adiós, pues; pero sabiendo que su marcha no nos debe afectar en demasía, ya que toda la esencia espiritual de su estancia entre nosotros permanecerá inmutable a través de los tiempos. Así lo deseamos”.