No es baladí el “pollo” que han montado las feministas y alguien más, al calificar Ana Mato de “violencia en el entorno familiar” el último asesinato de una mujer a manos de su “pareja”.
A mi parecer, lo de la “violencia de género”, acuñado en 1995 en la convención de la Onu, y recogido en nuestra legislación por el anterior Gobierno, no es más que la persecución hasta su muerte del concepto de “familia”.
A lo largo de las dos legislaturas de ZP se ha estado torpedeando la institución básica de la sociedad: recordemos lo de “progenitor A y progenitor B” en lugar de “padre y madre”; el cambio del orden de los apellidos, con intervención decisiva del funcionario de turno, en caso de discrepancia de los padres; anular la autoridad de éstos sobre la educación de sus hijos, e incluso en la gravísima decisión de una menor que decide abortar; la desaparición en fin del libro de familia, sustituyéndolo por unas fichas informáticas.
Todo ello forma parte de un proceso que marcha hacia lo que podríamos llamar “fragmentación nuclear del concepto de familia”. Deseo y espero que el Gobierno actual recupere la forma y el fondo de los valores naturales en los que multisecularmente se asentó nuestra sociedad.