Portada
Vaticano
Realidades Eclesiales
Iglesia en España
Iglesia en América
Iglesia resto del mundo
Cultura
Sociedad

·Homilia Dominical
·Hablan los Obispos
·Fe y Razón
·Reflexion en libertad
·Colaboraciones



 
 

 

 

 

 
Apr 2026
MoTuWeThFrSaSu
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30      

   


www
Portada:: Colaboraciones:: Sede vacante y cónclave





Sede vacante y cónclave

Sat, 02 Mar 2013 07:02:00
 
P. Javier Muñoz-Pellín

Así anunciaba Benedicto XVI su renuncia a la Sede de San Pedro:
(…) he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio “petrino”.

(…) en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. (…) Por esto, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Esta decisión se ha recibido como insólita pero muy sabia, por todo el mundo. Algunas voces, dentro de la Iglesia, han clamado diciendo que el Papa debía permanecer hasta su muerte al frente de la barca de Pedro, pero se podría pensar que estas personas no están a la altura de la humildad e inteligencia de Benedicto XVI.

Se conoce como periodo de sede vacante el que se da entre el momento en que se produce la vacante en la sede romana y la elección del siguiente sucesor de San Pedro. La vacante de la sede romana se puede producir por fallecimiento del Romano Pontífice o por renuncia. Toda esta materia se rige por la Constitución Apostólica “Universi Dominici Gregis”, firmada por Juan Pablo II el 22.II.1996. Sólo ha sufrido breves modificaciones por parte de su sucesor.

Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, como es el caso de Benedicto XVI, se requiere para su validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie. Por eso más que una renuncia, se puede hablar de dimisión irrevocable.

Desde el momento de producirse la vacante se aplica el principio de “nihil innovetur”, o que no se innove nada. Al quedar vacante la sede romana, nada se ha de innovar en el régimen de la Iglesia universal.

Durante el periodo de sede vacante el gobierno de la Iglesia se confía al Colegio de los Cardenales. Por regla general, cesan en el ejercicio de sus cargos quienes ocupen funciones en la Curia Romana. Se exceptúa el Camarlengo de la Santa Iglesia que desarrolla amplias funciones en el periodo de sede vacante y en el Cónclave. El término camarlengo es un título italiano de origen medieval; significa “oficial de la Cámara”. Durante algunos años fue Camarlengo el Cardenal español Eduardo Martínez Somalo; en la actualidad es el italiano, Cardenal Tarsicio Bertone.

Durante la Sede vacante tendrán lugar unas Congregaciones generales que preceden al comienzo de la elección, llamadas por eso «preparatorias», deben celebrarse a diario, a partir del día establecido por el Camarlengo de la Santa Iglesia Romana.

Durante esos días, los Cardenales electores se alojan en los locales de la “Domus Sanctae Marthae”. Al mismo tiempo se prepara convenientemente la Capilla Sixtina, a fin de que las operaciones relativas a la elección puedan desarrollarse de manera ágil, ordenada y con la máxima reserva. También se cuida de que sean anulados el Anillo del Pescador y el Sello de plomo, con los cuales son enviadas las Cartas Apostólicas.

Elegir al Romano Pontífice corresponde únicamente a los Cardenales de la Santa Iglesia Romana, con excepción de aquellos que, antes del día en el cual la Sede Apostólica quede vacante, hayan cumplido 80 años de edad.

También se excluye a los cardenales cuya renuncia haya sido aceptada por el Papa antes del periodo de Sede Vacante (es el reciente caso del Cardenal Primado de Escocia, cuya dimisión ha aceptado el Papa el 25 de febrero de 2013). El número máximo de Cardenales electores no debe superar los ciento veinte. En la actualidad es de 115 el número de cardenales electores.

El Cónclave se convoca entre los 15 y 20 días desde la sede vacante. Sin embargo, Benedicto XVI, con fecha 22 de febrero de 2013, ha publicado una Carta Apostólica en forma de “Motu Proprio” que autoriza al Colegio Cardenalicio a anticipar la fecha de inicio del Cónclave si todos los cardenales electores se encuentran en Roma. El documento también precisa que el nuevo Pontífice tendrá que obtener al menos dos tercios de los votos contados sobre la base de los electores presentes y «votantes».

El “motu proprio” permite a los 115 cardenales electores, que conforman el cónclave para elegir al nuevo jefe de la iglesia católica, reunirse el próximo 1 de marzo para decidir una fecha de inicio del proceso de elección del nuevo Papa.

Desde el momento en que la Sede Apostólica esté legítimamente vacante, el Cónclave para la elección del Sumo Pontífice se desarrollará dentro del territorio de la Ciudad del Vaticano. Desde la Capilla Paulina del Palacio Apostólico, donde se habrán reunido en una hora conveniente de la tarde, los Cardenales electores en hábito coral irán en solemne procesión,

invocando con el canto del “Veni Creator” la asistencia del Espíritu Santo, a la Capilla Sixtina del Palacio Apostólico, lugar y sede del desarrollo de la elección.

De modo especial se deben hacer precisos y severos controles, incluso con la ayuda de personas de plena confianza y probada capacidad técnica, para que en dichos locales no sean instalados dolosamente medios audiovisuales de grabación y transmisión al exterior.

Llegados los Cardenales electores a la Capilla Sixtina, emitirán el preceptivo juramento. Después de esto, el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias pronunciará el “extra omnes” y todos los ajenos al Cónclave deberán salir de la Capilla Sixtina.

Los Cardenales electores deberán abstenerse de recibir o enviar cualquier tipo de mensajes fuera de la Ciudad del Vaticano. De forma específica se prohíbe a los Cardenales electores, mientras dure el proceso de la elección, recibir prensa diaria y periódica de cualquier tipo, así como escuchar programas radiofónicos o ver transmisiones televisivas.

Quienes, de algún modo, directa o indirectamente pudieran violar el secreto -ya se trate de palabras, escritos, señales, o cualquier otro medio- deben evitarlo absolutamente, porque de otro modo incurrirían en la pena de excomunión “latae sententiae” reservada a la Sede Apostólica.

La forma de elección del Romano Pontífice será únicamente “per scrutinium”. Para la elección válida del Romano Pontífice se requieren los dos tercios de los votos, calculados sobre la totalidad de los electores presentes. Si eso sucede ya en la tarde del primer día, se tendrá un solo escrutinio. En los días sucesivos si la elección no ha tenido lugar en el primer escrutinio, se deben realizar dos votaciones tanto en la mañana como en la tarde.

La fase, llamada escrutinio verdadero y propio, comprende: 1) la introducción de las papeletas en la urna apropiada; 2) la mezcla y el recuento de las mismas; 3) el escrutinio de los votos. Llegado al altar de la Capilla Sixtina, el Cardenal elector pronuncia en voz alta la siguiente fórmula de juramento: “Pongo por testigo a Cristo Señor, el cual me juzgará, de que doy mi voto a quien, en presencia de Dios, creo que debe ser elegido”. A continuación deposita la papeleta en el plato y con éste la introduce en la urna. Hecho esto, se inclina ante el altar y vuelve a su sitio.

Una vez que todos los Cardenales electores hayan introducido su papeleta en la urna, el primer Escrutador la mueve varias veces para mezclar las papeletas e, inmediatamente después, el último Escrutador procede a contarlas, extrayéndolas de manera visible una a una de la urna y colocándolas en otro recipiente vacío, ya preparado para ello. Si el número de las papeletas no corresponde al número de los electores, hay que quemarlas todas y proceder inmediatamente a una segunda votación; si, por el contrario, corresponde al número de electores, se continúa el recuento.

Concluido el escrutinio de las papeletas, los Escrutadores suman los votos obtenidos por los varios nombres y los anotan en una hoja aparte. Sigue después la tercera y última fase, llamada también post-escrutinio, que comprende: 1) el recuento de los votos; 2) su control; 3) la quema de las papeletas.

Los Escrutadores hacen la suma de todos los votos que cada uno ha obtenido, y si ninguno ha alcanzado los dos tercios de los votos en aquella votación, el Papa no ha sido elegido; en cambio, si resulta que alguno ha obtenido los dos tercios, se tiene por canónicamente válida la elección del Romano Pontífice. Inmediatamente después de una votación en la cual no haya tenido lugar la elección, los Cardenales electores proceden inmediatamente a una segunda en la que darán de nuevo su voto.

En el caso de que los Cardenales electores encontrasen dificultades para ponerse de acuerdo sobre la persona a elegir, entonces, se establece unas pausas de oración y de libre coloquio entre los votantes. A continuación, se reanudan las votaciones según la misma forma y después de siete

escrutinios, si no ha tenido lugar la elección, se hace otra pausa de oración y de coloquio. Se procede luego a otra eventual serie de siete escrutinios, seguida, si todavía no se ha llegado a un resultado positivo, de una nueva pausa. Después, según la misma forma, siguen las votaciones, las cuales, si no tiene lugar la elección, serán siete.

Después de cada elección se queman las papeletas. La tradición indica que los cardenales provoquen con paja seca o húmeda que el humo sea negro si no se ha elegido papa, o blanco si la votación ha dado como resultado la elección del nuevo pontífice: es la conocida "fumata negra o fumata blanca".

En 2007 Benedicto XVI modificó las reglas para la elección de su sucesor, en lo referente a las mayorías que establecía el texto de Juan Pablo II que admitía, la mayoría absoluta si llegados al 33 ó 34 escrutinios no se producían resultados positivos para la elección de Papa. Tras la normativa de Benedicto XVI, para elegir a su sucesor, será necesario obtener la mayoría de los dos tercios de los votos de los cardenales electores en todos los escrutinios.

Asimismo, la nueva normativa del Papa Ratzinger establece que cuando llegue el turno de voto de los dos cardenales más votados, éstos no podrán participar en la votación.

Realizada la elección canónicamente el Cardenal Decano, en nombre de todo el Colegio de los electores, pide el consentimiento del elegido con las siguientes palabras: “¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice?” Y, una vez recibido el consentimiento, le pregunta: “¿Cómo quieres ser llamado?”

Una vez que el elegido "acepta su elección canónica" como Sumo Pontífice, el primero de los diáconos -cardenal Protodiácono- anuncia desde el balcón de la Basílica vaticana la elección del nuevo Papa con la tradicional fórmula: "Nuntio vobis gaudium mágnum: Habemus Papam!" y este último imparte la bendición "Urbi et Orbi".

Durante estas semanas que preceden a la elección del nuevo Papa, todos los hijos de la Iglesia elevamos fervientes súplicas a Dios, por mediación de quien es “Mater Ecclesiae”, agradeciendo el ministerio apostólico del Buen Pastor Benedicto XVI. Asimismo imploramos la asistencia del Espíritu Santo sobre el Colegio de Cardenales y sobre el nuevo Pontífice a quien prestamos desde este momento nuestro cariño y nuestra obediencia filiales.







Nombre:
Email:
Titulo:
Comentario:




SI QUIERES COLABORAR CON CAMINEO.INFO PULSA DONAR

Preview Chanel Preview Chanel
Camineo.info 2004-2015

PHPCow news publishing script, content management system Review www.camineo.info on alexa.com