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II Domingo tiempo de Adviento

Sun, 04 Dec 2022 10:45:00
 

Queridos hermanos y hermanas,

 

Tan tranquilos que estábamos nosotros, más pendientes del Mundial de Fútbol, de nuestras cosas, cuando de repente aparece el profeta Juan Bautista con sus palabras ardientes y viscerales:

“Convertíos”

“Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”

“¡Camada de víboras!”

“Dad el fruto que pide la conversión”

“No os hagáis ilusiones”

“Ya toca el hacha la base de los árboles”

“El árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego”

“Quemará la paja en una hoguera que no se apaga”.

 

Resumiendo: nos llama a la conversión. “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. “Dad el fruto que pide la conversión”.

 

Ante estas palabras se pueden dar diversas reacciones:

          Pueden molestar. ¡¡Con lo bien que estábamos!!... ¿y ahora nos hemos de convertir...? pero si esto es muy difícil...

          Pueden sorprender, no es Cuaresma, ¿qué dice ahora éste de conversión…?

          Pueden generar indiferencia, total, es un profeta que nos lo dice... si no me convierto cuando me lo dice Jesús, imagínate cuando me lo dice el profeta èste, “que llevaba un vestido de piel de camello”. Qué pinta debía hacer, ¿no?

          Pero, las palabras del profeta pueden generar esperanza en nuestros corazones.

 

Esperanza por dos motivos:

1. Porque refleja un optimismo antropológico. Me explico: ¡¡cuando nos llama a la conversión, lo hace porque cree que es posible cambiar!! ¡¡Está en nuestras manos!!

 

Podemos cambiar. La conversión es posible. Cuando Dios, a través del profeta, nos llama a la conversión, el mensaje que recibimos es: ¡¡Es posible cambiar!! Motivémonos hacia el cambio...

 

2. El segundo motivo de esperanza es porque la Palabra de Dios es una promesa de gracias. Cuando el profeta nos exhorta a la conversión, al mismo tiempo nos está diciendo que Dios nos dará las gracias para poder cambiar. La conversión no es una obra nuestra, es una obra de Dios en nosotros. Nosotros hemos de dejar que Dios la haga...

El tiempo de Adviento nos dice que nos hace falta la conversión para poder vivir la Navidad de una manera diferente. Para vivir la Navidad que Dios ha pensado para nosotros, ahora nos toca ponernos en “modo conversión”.

 

Si no nos convertimos, viviremos lo de siempre, como siempre, sin novedades. Y éste no es el dinamismo que Dios quiere. Para descubrir nuevas luces, para vivir una experiencia transformante durante el tiempo de Navidad, ahora nos es necesaria la conversión...

 

¿Y ¿cómo nos convertiremos?, porque esto es un poco abstracto... dos caminos.

 

1.         “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Facilitemos un poco más que Dios pueda entrar en  nuestros corazones. Revisemos qué podríamos hacer... Cada uno se lo sabe... Tres sugerencias...

 

1.1. Quizás una cosa tan sencilla como repetir a lo largo del día la expresión tan bonita del Adviento: Venid, Señor, Jesús”. Repitámosla mucho, mucho, mucho, hasta que venga...

 

1.2. Otra cosa tan sencilla como recibir el sacramento de la reconciliación, sábado 17. Nos hace tanto  bien, recibir el perdón de Dios a través del sacramento, ¡¡tiene tanta fuerza!!

1.3. Acercarnos a la Palabra de Dios. Hoy San Pablo en  su carta, proclama el valor, la importancia de “las escrituras”: todo lo que dicen “es para enseñanza nuestra”, nos dan “fuerza y consuelo” y nos ayudan a “mantener nuestra esperanza”.

 

¿Nos dejamos instruir por las Escrituras?, ¿Encontramos fuerza y consuelo?, ¿nos ayudan a mantener nuestra esperanza? Acerquémonos a la Palabra.

 

Segundo camino de conversión. Esto que hemos dicho hasta ahora, era de cara a llenarnos de Dios. El segundo camino es hacer buenas obras. Tres elementos apuntan para aquí:

 

2.1 La oración colecta de la semana pasada decía: “Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompañados por las buenas obras...”

 

2.2 Hoy San Pablo nos dice: “Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios”. ¡¡Uuuaaauuuhhh!!

2.3 El profeta nos ha dicho “Dad el fruto que pide la conversión”.

 

El tiempo de espera, nunca es una espera quieta, ¡¡sin hacer nada!!, sino una búsqueda dinámica de la conversión de corazón.

 

Sino corremos el riesgo de apagar el fuego del Espíritu Santo, y convertirlo en una vela aromática... y no es lo mismo... , ni calienta, ni transforma nada...

 

Hagamos silencio y preguntemos a Jesús ¿cómo me convertiré?









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