CAMINEO.INFO.- El día de Navidad leíamos el relato del nacimiento de Jesús (no encontraron
lugar, los ángeles, los pastores, el nacimiento). Hoy leemos la interpretación
de aquellos hechos. ¡¡Hoy leemos lo que estaba pasando realmente!! “Y la
Palabra se hizo carne”. Es muy bonito ver como la liturgia quiere que
vayamos profundizando este gran misterio que estamos celebrando.
Parece que la liturgia quiere que nos paremos y nos dice: ¡os habéis dado
cuenta de lo que habéis celebrado! Tenemos que tener hambre, sed, de entender
mejor lo que estamos viviendo estos días...
Dios es como la luz del sol, una
luz potentísima, tan fuerte que nos ciega. No podemos ver el sol directamente.
Con la encarnación, al hacerse Dios hombre, uno de nosotros, Dios brilla con
una tonalidad agradable a nuestros ojos, con un resplandor que ilumina nuestros
rostros.
En Cristo, Dios habla al hombre
con un lenguaje humano. Con la encarnación desaparece la invisibilidad de Dios
y podemos pasar, ver y tocar el misterio de Dios.
El prólogo
no comienza en Belén, sino “En el principio”. Esta expresión es una invitación
a levantar nuestra mirada, a no quedarnos sólo en las cosas visibles, y entrar
en el misterio de Dios. Se nos convida a entrar en el misterio de Dios. Éste
“En el principio”, no es un momento del tiempo, sino es Dios mismo. El Verbo no
comienza a existir: es eterno, “está con Dios” y “es Dios”.
El prólogo
de San Juan contiene el núcleo, el corazón, de la fe cristiana: “Y la
Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”. Dios no envía una idea, ni
una ley, ni un mensajero cualquiera: viene él mismo. Se hace carne, con todo lo
que significa: fragilidad, cansancio, sufrimiento, … ¡¡contemplamos un acto de
amor tan increíble, tan impensable!! Dios se hace vulnerable. Dios entra en
nuestra noche para hacer luz. Dios entra en
nuestra historia para que nadie pueda pensar que está solo. Dios entra
en nuestros corazones para hacer nuevas todas las cosas.
Y si nos
fijamos bien, veremos que el prólogo es una invitación a una relación, a un
encuentro.
“Por medio de la Palabra se hizo todo”, también tu existes por
el Verbo de Dios, por Jesucristo.
Convida a una relación... San Juan Pablo II: “Por Él y ante Él, el hombre es
único e irrepetible; alguien eternamente ideado, eternamente elegido, eternamente
amado; alguien llamado por su propio nombre”. Invitados a un encuentro…rezar
más, ¡qué gran propósito!
“En la
Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres”. Él es tu luz... convida a
una relación … para que llegue a ser verdaderamente luz para ti. Rezar más,
¡qué gran propósito!
“Pero a
cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su
nombre”.
Convida a una relación … para llegar a ser, para ser verdaderamente hijos… la
fe genera filiación. San León el Magno decía: “Reconoce, cristiano, tu
dignidad”. Dios nos engendra como hijos suyos. Nos introduce en su propia
intimidad. Y lo hacemos participando realmente de la vida del Hijo.
Ser hijos de
Dios, no es un título honorífico, ni una recompensa por ser buenos. ¡Es una
nueva identidad que recibimos! Ser hijos no es una idea piadosa, ha de ser una
experiencia que de sentido a todo. Ha de ser una convicción que nos lleve a la
paz.
Ser hijos de
Dios, la filiación divina, es lo más real. Más real que tus pecados, más real
que tus estados de ánimo. Ésta es nuestra realidad, y tenemos que vivir
conforme a ella.
Uno de los
dramas más grandes es vivir como huérfanos cuando tenemos un Padre. El
cristiano no es un hombre que hace cosas religiosas, sino un hijo que vive de
su Padre.
“Les da
poder para ser hijos de Dios”. Es Dios quien nos hace hijos, por tanto, es Dios
quien nos capacita para vivir desde esta relación. Es un regalo que nos ha
hecho nuestro Padre, es un don, una
gracia inmerecida.
Me decía un
sacerdote que el gran enemigo de la vida cristiana no es el pecado, sino la
autosuficiencia. Porque estamos diseñados para que nuestro Padre nos vaya
bendiciendo, construyendo, y el autosuficiente quiere hacerlo él mismo. No ha
entendido qué quiere decir ser hijo de
Dios. Si quieres ser autosuficiente no puedes vivir como hijo de Dios.
Jesús no ha
venido a traernos cosas de Dios, viene a traernos al Padre.
Después de estos días intensos espiritualmente, días donde el Señor nos
quería comunicar intensamente sus
gracias, quiero acabar como San Pablo acaba hoy
su carta a los cristianos de
Éfeso.
“Yo rezo por vosotros para que nuestro Padre del cielo os conceda
. el don espiritual de
una comprensión profunda,
. el don de su
revelación, para que conozcáis de verdad quien es Cristo,
. le pido también que
ilumine la mirada interior de vuestro corazón, para que conozcáis a qué
esperanza os ha llamado, qué riquezas de gloria os tiene reservadas”.
Que el Señor a lo largo de este año que comienza os conceda todos estos
dones.