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Homilia domingo XIII Tiempo Ordinario

Sun, 28 Jun 2026 10:14:00
 

CAMINEO.INFO.-

Esta homilía se podría titular “Una exigencia o un don, de ti depende”.

 

Cuando escuchamos estas palabras de Jesús: “El que ama al padre o a la madre más que a mi, no es digno de mi; y el que ama  al hijo o a la hija más que a mi, no es digno de mi; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mi, no es digno de mi. El que halla su vida, la perderá”.

 

¿Qué nos viene a la cabeza ... qué pensamos ...? Podemos pensar: “palabras exigentes ...  esto es muy difícil...no entiendo tanta radicalidad ...Jesús a veces se pasa un poco”.

 

Estos pensamientos no serían del todo correctos. Lo que tenemos que pensar es que detrás de estas palabras hay un don ..., una gracia que tenemos que pedir y esperar: “Jesús dame la gracia de poder vivir eso que propones”.

 

La propuesta de Jesús es inalcanzable con nuestras fuerzas naturales. Y esto Jesús lo sabe. Por tanto, detrás de que cada exhortación tenemos que ver una promesa de gracias.

Cuando Jesús nos dice cosas como las de hoy, al mismo tiempo nos está diciendo: “Con mi gracia lo conseguirás”. Que nos recuerda aquella frase suya: “Sin mi no podéis hacer nada”.

 

Es preciso pedir la gracia, el don, de vivir sus palabras.

 

Hay una pequeña historia que lo explica muy bien.

Un padre llevó su hijo de cinco años a subir una montaña. Al cabo de un rato, el niño, agotado, le dijo:

—Padre, no puedo más.

El padre no le contestó: "Tienes que ser más fuerte. Esfuérzate." Lo que hizo fue agacharse, ponérselo en las espaldas y decirle:

—Ahora continúa subiendo conmigo.

El niño llegó hasta la cima. Pero no llegó porque fuera bastante fuerte. Llegó porque pidió ayuda y su padre lo llevó.

Así es la vida cristiana. Jesús no nos dice: "Espabila, ya te lo harás." Nos dice: "Ven conmigo. Déjate llevar. Pídeme mi gracia." Sus exigencias siempre van acompañadas de su fuerza.

 

Y esta idea es esencial para entender el cristianismo: vivirlo como un cúmulo de exigencias o como un don a recibir. “Una exigencia o un don, de ti depende”.

Otro motivo por el cual Jesús se expresa así es que  su mensaje brota de un convencimiento profundo: “sólo en la medida que, realmente, la persona me siga, encontrará la vida, la luz, la verdad, la felicidad.” Este convencimiento le lleva a manifestarse de aquella manera tan radical y sorprendente.

 

Sólo Dios puede hablar así. Un hombre no puede hablar de esta manera. Lo que Jesús hace es concretar en  su persona el mandamiento de amar Dios sobre todas las cosas.

 

Es una manifestación más, un signo más, que revela la identidad divina de Jesús. Es bonito ir buscando estos signos, y ver que hay muchos en el evangelio.

 

Hoy, el Evangelio nos coloca ante una verdad decisiva: Cristo no quiere ocupar un lugar en nuestra vida; quiere ser el centro de nuestra vida. Por eso dice: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí» (Mateo 10,37). Jesús no vino para convertirse en un interés más entre muchos otros, ni para ser una presencia ocasional en determinados momentos de la existencia. No vino para esto. Vino para tener un lugar central en nuestras vidas.

 

Ayer hablaba con un adolescente, …bulling en el pasado, y eso deja heridas. Yo le decía: “vale yo te voy a acompañar, vamos a hacer un camino, pero tu tienes que empezar a rezar. Porque yo tengo el convencimiento de que es Cristo quien puede sanar tus  heridas. Si no hay oración seria lo dejamos ya.” Es esto, que Cristo tenga un lugar central en nuestra vida. Entonces y sólo entonces puede actuar portentosamente.

 

Las palabras de Jesús, hemos de decir, que son de una lógica aplastante. Si Él es el fundamento de nuestra vida, si Él es quien le da sentido, si Él es nuestro destino último. Él debe tener un lugar central en nuestras vidas. Él no puede ser un complemento. Jesús no puede ser una cosa más entre muchas cosas. Él debe ser el eje entorno el que gira nuestra existencia.

 

Por esto, en esta Eucaristía, pidamos una sola gracia: "Señor, ocupa el centro de  mi vida. Hazme quererte por encima de todo, porque sólo así podré amar de verdad todas las otras cosas."

Cuando Cristo ocupa el primer lugar, todo el resto acaba encontrando también su lugar. Ésta es la promesa del Evangelio. Y ésta es la experiencia de todos los santos.










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