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Portada:: Reflexión en libertad:: Desiderio Parrilla Martinez:: Aristóteles contra la ideología de género

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Aristóteles contra la ideología de género

Sat, 10 Feb 2024 20:42:00
 
Desiderio Parrilla Martinez

CAMINEO.INFO.- En la segunda década del siglo XX se desarrolló el "Freudomarxismo". En la actualidad la ideología de género supone, más bien, un "Freudocapitalismo". Esta ideología es una síntesis entre el capitalismo (que reduce el dinero a bien supremo) y el hedonismo (que reduce la sexualidad al bien sumo). El estado ha abandonado el ideal político grecorromano que fundaba la sociedad civil en los bienes honestos. Ha sustituido éstos por los bienes útiles (el dinero) y los bienes placenteros (el sexo). Y no admite más bienes públicos que estos: placer sexual y acumulación económica.

La recuperación de Aristóteles en el siglo XIII por parte de santo Tomás de Aquino supuso uno de los grandes hitos de la humanidad. Del mismo modo nos corresponde a nosotros los católicos la recuperación del legado grecolatino frente a los actuales enemigos de la civilización, como entonces hizo el Doctor de la Humanidad.

La ideología de género abarca cientos de autores, aspectos y teorías, pero podemos definir su esencia con la siguiente contraposición:

Para Aristóteles el sexo biológico es propio del individuo. Para la ideología de género el sexo biológico se subsume en el género.

Sigmund Freud es la causa de esta transformación. Freud identifica el sexo biológico con el "ello", la líbido, o impulso psicosexual. Es decir, Freud separa los genitales de la sexualidad. El sexo no se identifica con el sexo biológico. De esta forma Freud saca la sexualidad de la zoología. Convierte la sexualidad es una cuestión específicamente antropológica. Con Freud la sexualidad del hombre pasa a ser un tema psicológico, no biológico, de modo que la sexualidad no se especifica por el dimorfismo sexual sino por la líbido psicológica. Esto es más grave de lo que parece a simple vista. Porque supone aislar el sexo, y la sexología, del resto de ciencias biológicas: genética, biología molecular, endocrinología, coevolución intersexual, etc. Lo cual supone un paso atrás en la racionalidad, al negar verdades alcanzadas mediante estas ciencias que se instituyen después de Freud.

Para Freud la líbido se catatetiza en diversas etapas: etapa anal (donde la líbido sexual se identifica con el placer anal), etapa oral (donde la líbido sexual se identifica con el placer bucal) y la etapa genital (donde sólo entonces la líbido sexual se identifica con los genitales). Pero la sexualidad existe con independencia de los genitales puesto que se reduce a ser una realidad psicoafectiva indeterminada. Esto supone que la sexualidad se da también al margen del ADN, los cariotipos XX o XY, o las hormonas, puesto que la dimensión zoológica queda preterida. El propio nombre que Freud asigna a la líbido, el "Ello", apunta a esta indeterminación genérica, o género neutro, que queda sin especificar por ninguna determinación, ajeno a todo lo que no sea el autógeno impulso psicosexual. El "Ello" no queda definido ni por la zoología ni por la endocrinología ni por la genética sino por la antropología que funda su psicoanálisis. Por esta razón, la sexualidad infantil en el psicoanálisis puede describirse como un "perverso polimorfo" en la medida en que la líbido, al ser pura potencia sin ninguna determinación, puede adquirir cualquier formalidad, al margen del cuerpo zoológico, los genitales o las zonas erógenas.

Esta tesis de Freud permite identificar la sexualidad con el género, lo cual es inadmisible para Aristóteles, el cual identifica el sexo con el cuerpo de cada animal. Para el Estagirita el sexo se identifica con el cuerpo zoológico individual. Por tanto, la sexualidad es una cuestión principalmente biológica (simultáneamente zoológica, genética, endocrinológica), y sólo secundariamente será una cuestión psicológica (referida a algunas tendencias y emociones). Más concretamente el sexo para Aristóteles es un accidente necesario del cuerpo individual, y en esta medida es una cuestión antropológica o ética. Cada cuerpo animal poseerá accidentalmente un sexo, y esto será necesariamente así, pero el sexo no entra en la definición de ese individuo. El sexo no es parte de la esencia del individuo.

El sexo, aunque sea una propiedad necesaria de cada especie, es sólo un accidente en cada individuo. Por eso, un individuo puede ser macho o hembra, pero que sea lo uno o lo otro es contingente. Aunque le corresponda necesariamente ser lo uno o lo otro en cuanto miembro de esa especie. Por eso, puede haber también excepciones en las especies. Puede haber especies animales sin genitales (que se reproducen por generación espontánea) o especies animales hermafroditas. Incluso entre los animales superiores, caracterizados necesariamente por el dimorfismo sexual, pueden darse a veces casos de intersexualidad o agenesia sexual. Todas estas posibilidades obedecen al hecho de que el sexo es una propiedad biológica accidental de cada individuo, pero necesaria de las especies de animales completos (que poseen todos los sentidos y no se reproducen por generación equívoca).

Para la ideología de género la sexualidad corresponde al género, que abarca todas las especies animales, porque la líbido es omniabarcante y máximanente universal, englobando a todas las especies. La líbido es una pulsión de vivificación que lo mismo se da en la ameba, que en la medusa, la mosca, el tiburón, la hiena, la mantis o el hombre. La líbido es la pulsión brutal de apareamiento y fertilización. La brutalidad de este atavismo se representa a la perfección en la escena de la película Prometeus donde el kraken gigante que libera Elizabeth Shaw fecunda al ingeniero. La teoría freudiana de la líbido no es sino una forma de hilozoísmo sexual. La líbido abarca a todos los seres vivientes en un sólo género generalísimo, que encapsula todas las especies animales, y no deja ningún género fuera de sí.

La ideología de género, por tanto, presupone la teoría del "árbol de Porfirio" que a su vez presupone la teoría de los géneros y las especies de Aristóteles (los predicables de la identidad). Un género es una colección de cosas que tienen relación entre sí y hacen referencia a una cierta unidad. Unos géneros se subordinan a otros, como especies subordinadas, y las especies superiores son géneros supremos respecto de las especies inferiores. Esta cadena de géneros y especies se cierra con dos extremos, más allá de los cuales no se puede encontrar nada específico. Por un extremo, un género generalísimo que abarca todos las especies inferiores, y no puede ser incluido en un género superior.  Por el otro extremo, una especie especialísima, que no es género de ninguna especie posterior, y bajo la cual no cabe distinguir más que individuos. Acerca del individuo no hay ciencia y más allá del género generalísimo nada puede ser definido.

Podemos explicar coloquialmente el árbol de Porfirio con el uso cotidiano de esta teoría. Si vamos a comprar a un carnicero y le preguntamos: ¿qué género vende usted? Nos dirá: tengo una ternera muy buena hoy. O un pollo muy fresco. O unos solomillos bien tiernos. Si vamos a un pescadero y le pregundamos por el género que vende nos hablará de sardinas, lenguados, atunes, incluso calamares. En caso de pararnos en el puesto del verdulero, éste nos ofrecerá su género: mandarinas, naranjas, melones o peras. Pero si le pedimos al carnicero que nos venda una sandía, al verdulero que nos ponga media lubina o al pescadero que nos dé un cuarto de pollo, éstos nos dirán extrañados que no hemos entendido el género que ellos venden.   

Pues bien, para Aristóteles la sexualidad estaría precisamente en los individuos, como propiedad necesaria suya. Mientras que para la ideología de género la sexualidad estaría en el género generalísimo, o supremo, que abarca todos los géneros. No cabe una oposión lógica mayor. Ambas posturas son incompatibles, enemigos irreconciliables. La diferencia es que Aristóteles sigue siendo compatible con la ciencia categorial, mientras que Freud y la ideología queer se construyen al margen o incluso en contra de las evidencias de la ciencia experimental. La razón es que la filosofía de Aristóteles es un objetivismo que parte de las ideas generadas por la ciencia mientras que la filosofía de Freud es un subjetivismo degenerado cuyas ideas se construyen al margen de las categorías científicas. Mientras Aristóteles reconoce que sólo hace filosofía sistemática, Freud pretende ser una ciencia. Pero el resultado del sistema filosófico freudinano es una pseudociencia, incompatible con las ciencias categoriales.

Este pansexualismo freudiano es la base de la ideología de género, que ya no pretende ser ciencia, pero que origina una ideología absolutamente incompatible con la racionalidad científica y filosófica. La ideología de género ha degenerado en una mitología en su aspecto teórico y un folclore en su aplicación práctica. Para la ideología de género la sexualidad, al ser impulso sexual, es la misma para las amebas, termitas, gusanos, pulpos, hombres o vacas, pues comprende todas las especies animales, en un solo género totalizador. Para Aristóteles la sexualidad se da sólo en cada individuo particular, como un propio, o accidente necesario suyo (el quinto predicable de la identidad).

La antropología de Aristóteles es mucho más respetuosa con el hecho sexual que la ideología de género. Y también es más respetuosa con los individuos y las minorías sexuales. Es más respetuoso decir con Aristóteles que un homosexual es un macho humano con tendencias homosexuales, que decir con la ideología de género que un homosexual es una pulsión sexual indeterminada (que se comparte con amebas, mantis religiosas, sapos o hienas) y que posteriormente ese individuo identifica con su cuerpo (parafilias, transexualidad) o con otra especie animal (zoofilia, especismo), modelando una determinada organización libidinal.      

Para Aristóteles la homosexualidad (masculina o femenina), la bisexualidad o la asexualidad, serían variantes minoritarias que responden a la naturaleza accidental del sexo biológico. Serían variantes minoritarias como ser zurdo, por ejemplo, o ambidiestro. Para Aristóteles no es ningún problema la existencia de los intersexuales, los homosexuales o los asexuales (o cualquier otra variante psicobiológica).

La razón de estas variantes se explica por el hecho de que el sexo biológico es un accidente. Para la especie resulta necesario que haya individuos machos o hembras, porque el dimorfismo sexual es necesario en las especies biológicas superiores. Por eso, los individuos son siempre, o la mayoría de las veces, machos o hembras. Pero en ocasiones, por accidente, se engendran individuos que no cumplen este dimorfismo sexual, aunque sea propio de su especie. Pero estos individuos no son casi nunca, ni la mayoría de las veces. Son variantes minoritarias, y no hay ningún problema en que estadísticamente sea así. No hay que fingir que son muchos, o postular que todos somos perversos polimorfos, para entender su normalidad. Son excepciones que confirman la regla, no que la transgreden. Estas variantes minoritarias responden al azar biológico, que Aristóteles no tenía especificado, pero que las ciencias (que Freud también desconocía) explican en la inmanencia de su campo (recombinaciones genéticas, mutaciones azarosas, clonaciones, etc.).

Estas variantes accidentales y minoritarias pueden afectar en mayor o menor grado a la finalidad reproductiva del dimorfismo sexual. Estas variantes interfieren en la capacidad reproductiva de los individuos, según afecte a sus genitales (hermafroditismo, afalia, agenesia vaginal, etc.) o a sus tendencias psicoafectivas (homosexualismo, asexualidad, bisexualidad, etc.). Según sea la variación, ésta podrá perturbar en mayor o menor grado la finalidad reproductiva de la especie. Así, la anorgasmia o la bisexualidad apenas resultan disruptivos, mientras que la homosexualidad o la asexualidad pueden impedir totalmente la finalidad reproductiva del individuo. Para Aristóteles estas variantes no definen la sexualidad, la cual se define en una escala zoológica. Así, una mujer lesbiana sería una hembra que experimenta atracción erógena por otras mujeres. Un hombre homosexual sería un macho que experimenta esa misma atracción sólo hacia varones. Un hombre asexual sería un macho inapetente, y lo mismo una mujer. Y así especificaríamos el resto de casos posibles.

El hecho de que la sexualidad sea un accidente propio del individuo permite a Aristóteles pasar de la etología a la ética, como una responsabilidad moral del hombre concreto, capaz de practicar la virtud y la moderación, en función de los bienes honestos.

El hecho de que la ideología de género circunscriba la sexualidad al género, propicia un peligroso colectivismo, que promueve la irresponsabilidad moral de los individuos, donde los bienes honestos se subordinan a los bienes placenteros y el único compromiso moral es la pertenencia a colectividades (lgtbi+: la "familia que se elige") donde el individuo queda anulado, bajo dinamismos pasionales tan peligrosos como el orgullo, el furor, el gregarismo o el odio. 









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