CAMINEO.INFO.- Madrid/ESPAÑA.- En una entrevista en el Informativo Diocesano de COPE, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, habló ayer de la Campaña contra el Paro que se celebraba con el lema “Son personas”. Se trata, dijo, de “una iniciativa pastoral, que llama la atención a la comunidad y a todos los cristianos de Madrid sobre el problema del paro”, que nació en una época de crisis laboral grande, y que “en estas circunstancias de un paro tan extendido, que afecta a tantas familias, adquiere una actualidad extraordinaria”.
A su juicio, “necesitamos ayudar a muchas familias, a padres y madres de familias -en las que nadie trabaja- a salir adelante, con un respeto a las necesidades más elementales, de alimentos, vestidos, vivienda, resolución de problemas que tienen que ver con el impago de alquileres y recibos… Ahí tenemos una tarea extraordinaria, que Cáritas aborda desde la red parroquial, que es la suya, la más esencial, con todos sus recursos e instrumentos de respuesta a las necesidades más extendidas de nuestros hermanos pobres”. Ahora, apuntó, “el fenómeno ha adquirido una gravedad, con la salud física, espiritual y humana de la familia. Familias que fácilmente se rompen por causas como éstas y que pasan por momentos dramáticos”.
Recordó que el siervo de Dios Juan Pablo II “abordó en los años 80 la gran primera crisis del paro en Europa con la Laborem exercens. Llama la atención que el problema del paro no se resuelve solo, se necesita trabajar para poder alimentarse a uno mismo y, sobre todo, a la familia, y poder por esa vía resolver necesidades que tienen que ver con el bien común de todos. El trabajo es necesario, en función de la dignidad de la persona humana, porque uno necesita trabajar para poder llegar al desarrollo personal, social… Se ha convertido en un derecho, tal y como han recogido muchos contextos constitucionales, no caprichosamente, sino fundándose en la específica relación que hay entre dignidad de la persona humana y el derecho y la posibilidad de desarrollarse personalmente, de forma que uno pueda cumplir y desarrollar su vida con plenitud”.
Ante este problema tan complejo, y “que afecta a los aspectos más fundamentales de la persona”, el Cardenal invitó a los fieles “a la ayuda económica, material, para que los servicios de Cáritas hayan cumplido con su función. De hecho, estamos mediando en procurar empleo a muchas personas. No somos naturalmente el INEM, pero son decenas de miles de personas las que a través de los servicios de Cáritas parroquiales han encontrado trabajo estos meses y estos años. Y lo siguen encontrando de una forma muy sencilla pero muy eficaz, muy real y muy viva”. “Y necesitamos también reforzar los fondos de Cáritas para atender a las situaciones de necesidad en la que se encuentran tantos parados”, afirmó.
“Tenemos que pedir al Señor que nos de fuerza, luz y una conciencia más limpia, generosa y más comprometida con el hombre, el amor a la persona, la instauración de un orden social justo, que nazca de esa actitud de desprendimiento a favor de los demás”, señaló.
Otro de los temas a los que hizo referencia en su entrevista fue la próxima celebración de la Semana Santa, llamando la atención “sobre la relación interna e intrínseca entre el problema del paro, que es una manifestación de la superficie de la vida de las personas, que afecta a lo más hondo de sí mismas, y para cuya solución la palabra desprendimiento, sacrificio, entrega, oblación, caridad llevada a esos extremos tan sublimes y bellos a los que nos llevó el Señor en la Pasión”. Así, “la celebración de la Semana Santa de este año, y de la Resurrección de Cristo y del triunfo Pascual de este año, parece una oportunidad que Él nos ofrece para tomar en serio estos problemas de la caridad fraterna, que son problemas de caridad entendida como la manifestación a través de la cual el hombre se desarrolla como un ser nacido para amar, creado y redimido para poder amar de verdad”. La Cuaresma, apuntó, “un tiempo de abnegación, de desprendimiento, de penitencia, que nos ayudará a purificar la conciencia, a renovarnos por dentro, de manera que podamos comprometernos más con los problemas tan graves por los que atraviesan tantos hermanos nuestros”.
“La Semana Santa, con el Domingo de Ramos –domingo juvenil por excelencia desde 1986, que se inician las Jornadas Mundiales de la Juventud- nos recuerda que estamos en plena preparación de la JMJ, en los aspectos más técnicos, organizativos y humanos, pero también desde el punto de vista de la preparación interior. No basta sólo que nuestros jóvenes, nuestras parroquias, realidades eclesiales y movimientos estén dispuestos -como lo están- a ayudar a voluntarios y poner a disposición lugares y puntos de acogida, a abrir el corazón a todos los que vienen e, incluso, ayudando a los que más lo necesitan, como los de los países de la América hermana, a través de la Cuota de Solidaridad, sino también a ser ellos participantes activos de esa experiencia de comunión eclesial, de realizarse en Cristo, edificarse sobre Cristo y conseguir firmeza en la fe. Esto vale mucho para los jóvenes. Los jóvenes de Madrid también tienen que entrar a fondo en el interior de la JMJ”.